4 de septiembre 2013 - 00:00

El 28% de los sirios ya son refugiados

El flujo  de familias sirias que abandonan su país en dirección de Turquía no deja de crecer conforme recrudece la guerra civil y se aproxima un posible bombardeo de Estados Unidos y sus aliados.
El flujo de familias sirias que abandonan su país en dirección de Turquía no deja de crecer conforme recrudece la guerra civil y se aproxima un posible bombardeo de Estados Unidos y sus aliados.
Damasco - Son los nuevos "turistas" de Damasco, decenas de familias de desplazados que viven en hoteles destartalados, algunos desde hace más de un año, apiñados en habitaciones de 15 metros cuadrados donde cocinan en el baño y comparten lavarropas.

Desde el inicio del conflicto hace dos años y medio, el número de sirios desplazados dentro de su país ha alcanzado la cifra de 4,25 millones. Se suman a los más de dos millones de refugiados en el exterior, según anunció el martes el Alto Comisionado para los refugiados que habla de una "calamidad humanitaria (...) sin equivalente en la historia reciente". En total, se trata de más del 28% de los 22 millones de habitantes del país.

En uno de los hoteles de baja gama del barrio popular de Marjé, en Damasco, Hana recuerda su gran mansión tradicional de piedra basáltica en la ciudad vieja de Homs, tercera ciudad de Siria, devastada por la guerra.

Nostalgia

"Tenía un patio lindo, muchas ventanas daban a la calle. Me dijeron que quedó totalmente destruida", dice esta viuda treintañera, que por momentos se detiene para no llorar, rodeada de sus tres hijos.

En dos años, cambió tres veces de hotel y vive desde hace siete meses en una habitación en la que cuatro camas están pegadas a un televisor. En un rincón, una valija, la única que pudo llevar con ella al huir de Homs. "Estamos todo el día viendo teleseries o cocinando", dice.

"Miren mi 'cocina'", lanza, designando un hornillo oxidado cerca del baño. En otras habitaciones del hotel, la humedad levantó el papel de las paredes.

En este hotel que solía recibir a peregrinos iraníes de camino a Sayeda Zeinab, lugar santo chiita cerca de Damasco, desplazados de Homs conviven con los de la provincia de Damasco y ocupan la mitad de las 40 habitaciones, según empleados del hotel.

"A veces utilizo el lavarropas de mis vecinos, que son desplazados de Harasta", una ciudad cerca de Damasco donde se enfrentan el ejército y los rebeldes, indica Hana, quien perdió a su marido, secuestrado y asesinado por desconocidos al inicio del conflicto.

"Mi esposo era taxista en Homs y se ganaba bien la vida, yo no necesitaba nada", suspira, mientras se ajusta el velo multicolor.

Una benefactora la ayudaba hasta hace poco, antes de irse al extranjero, y Hana se encuentra ahora sin nada. "Debo tres meses al hotel", confiesa.

Su hijo mayor, de 16 años, prepara la brasa para el narguile en un café cercano: "A veces le dan una propina de 500 libras sirias (unos dos dólares) por día, eso es lo que nos ayuda a sobrevivir".

Muchos de estos desplazados internos sufren sobre todo por un sentimiento de decadencia.

"Tenía un negocio de teléfonos móviles, me sentía importante. Hoy, cuando vamos a pedir ayuda a una asociación caritativa, nos sentimos como mendigos", confiesa Abu Amer, instalado en este mismo hotel desde hace un año y siete meses, oriundo de Jaldiyé, barrio de Homs retomado por el ejército a finales de julio.

Iglesias

"¿Sabe quién nos ayuda más? Son las iglesias en Bab Tuma"
, en el Viejo Damasco, asegura.

El vestíbulo y las escaleras del hotel se han convertido en un espacio de juego para los niños de desplazados que se divierten deslinzándose por la baranda de las escaleras o charlando sentados en el suelo. En el comedor, desertado por el servicio, las mesas están ocupadas por Abu Amer y sus amigos desplazados de Homs, reunidos cada día para una partida de cartas.

La mayoría de estos hoteles, abandonados por los turistas a excepción de unos empresarios árabes, han disminuido su precio, algunos afirman incluso que han acogido a desplazados gratuitamente. Pero también tienen gastos que cubrir.

"Pagábamos 25.000 libras sirias por mes (unos 125 dólares), hoy el hotel nos reclama 30.000 libras porque el precio del combustible aumenta", indica Abu Amer.

La mayoría de estos desplazados en la capital prefieren, pese a todo, esta vida a la de un refugiado. "Al menos, estamos en nuestro país", dice Hana.

Agencia AFP

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