27 de septiembre 2016 - 00:34

El amor en los tiempos de la extrema cólera

• DIÁLOGO CON AUGUSTO FERNANDES SOBRE "1938. UN ASUNTO CRIMINAL", QUE ESCRIBIÓ, DIRIGE E INTERPRETA
Director y maestro de varias generaciones de actores, Fernandes le ha tomado el gusto a la actuación. En esta obra de su autoría, ambientada en tiempos de la Segunda Guerra y que luego de una gira nacional presenta en el Teatro Cervantes, comparte cartel con Hugo Arana y Beatriz Spelzini.

FERNANDES. “La cuestión de los vínculos marcó toda mi vida y me salta siempre a los ojos cuando escribo”. Foto: Mariano Fuchila
FERNANDES. “La cuestión de los vínculos marcó toda mi vida y me salta siempre a los ojos cuando escribo”. Foto: Mariano Fuchila
En "1938. Un asunto criminal", Augusto Fernandes reunió dos grandes temas que lo obsesionan: el vínculo -siempre complejo- entre hombres y mujeres, y la Segunda Guerra Mundial con su legado de violencia y nihilismo. En ese marco histórico ubicó una historia de amor y de pugnas ideológicas, interpretada por Hugo Arana, Beatriz Spelzini y él mismo. Con esta obra de su autoría, el prestigioso director y maestro de actores reafirmó su regreso a la actuación (en 2014 había reemplazado a Federico Luppi en algunas funciones de "Ojo x ojo", su libre adaptación de la obra de Strindberg "Acreedores").

Tras una gira nacional, "1938. Un asunto criminal" se exhibe en la Sala Orestes Caviglia del Teatro Nacional Cervantes, de jueves a sábados a las 21.30 y los domingos a las 21. Dialogamos con Fernandes:

Periodista: Los tres personajes son argentinos hijos de inmigrantes y se reúnen en Bariloche.

Augusto Fernandes: Así es. Las familias respectivas proceden del País Vasco, Italia y Alemania. Conozco bien ese cruce de nacionalidades. Yo nací en Portugal y al año me trajeron a la Argentina. Mi padre tenía un restorán en el Centro Patria Portuguesa, y en mi casa hablaban un "portuñol" bastante horrible. Era la época en la que el barrio tenía al tanito, al portugués, al rusito. Cuando las madres salían a llamarnos, lo que se escuchaba era un cocoliche. Por otro lado, siempre me impresionó mucho la Segunda Guerra Mundial y el ascenso del nazismo. Creo que sé un montón sobre eso, producto de haber vivido 20 años en Alemania. Yo me enteré del Holocausto de muy chiquito. Fue a través del noticiero cinematográfico Sucesos Argentinos. Era la gran noticia del momento y cuando vi los cadáveres en la pantalla me descompuse y fui al baño a vomitar.

P.: ¿Cuál es el conflicto de la obra?

A.F.: Hay un triángulo otra vez, como en "Ojo x ojo", donde la lucha de sexos era un juego de caníbales. El tema me siguió rondando y, mientras buscaba material para volver a la actuación, escribí esta obra. La cuestión de los vínculos marcó toda mi vida y siempre me salta a los ojos porque trabajo con gente desde hace mucho. He visto pasar muchas generaciones y cambian mucho de una a otra. En Alemania viví la emancipación de la mujer en el ojo del huracán. Allí las cosas no se dan de a poco, empiezan con todo. Para mí fue un cambio tremendo, con experiencias muy raras.

P.: ¿Por ejemplo?

A.F.:
De la noche a la mañana eran las mujeres las que abordaban a los hombres. No nos dejaban pagarles el café ni la bebida, ni abrirles la puerta del auto. De golpe asumieron el papel de los hombres. Y tanto para mí como para un amigo argentino que vivía allá, era una situación muy difícil y ridícula, porque las lindas no venían a abordarnos... Y si las que venían no nos gustaban teníamos que buscar excusas, porque el argentino de aquellos años no tenía costumbre de decir que no a los requerimientos de una mujer. Después vino el retruque de los hombres, la rebelión de los mansos, y así empezó un juego de relaciones peligrosas, muy francés, cuando aquí todavía no había amanecido.

P.: ¿Y qué observó a su regreso al país?

A.F.:
Hubo un momento en que los chicos se sintieron asediados por las chicas y se retrajeron. Entonces ellas empezaron a quejarse de los "histéricos". Ahora, son todos retraídos. Nadie se anima a nada, sólo hay "histeriqueo", como ellos dicen. El miedo a los vínculos hace que concreten por Twitter o WhatSapp, ya que por otro medio no se atreven. A mí me interesó ver cómo había empezado esta crisis; por eso me fui a 1938 y tomé de base un hecho real que ya trató, de otra manera, el juez y dramaturgo italiano Ugo Betti. Ubiqué la acción en Bariloche, en un momento de gran crisis de pensamiento, en el que el nazismo surge como una alternativa muy fuerte. La protagonista femenina está afiliada al partido nazi.

P.: ¿Qué papel juega el nazismo dentro de esta historia?

A.F.:
El tema es que el 10 de abril de 1938 se realizó en el Luna Park el festejo nazi más grande fuera de Alemania. Se celebraba la invasión y anexión de Austria. Asistieron 18 mil personas. Si entra en Youtube, se va a encontrar con nombres muy conocidos. No quiero contar más porque arruinaría parte del suspenso.

P.: ¿Cómo fue recibida la obra durante la gira?

A.F.:
Hemos tenido mucho éxito. En el teatro Real de Córdoba nos aplaudieron de pie, a sala llena. La obra impresiona a la gente y la aparición de la bandera con la esvástica tiene mucho efecto. Cuando llegamos a Esperanza, Santa Fe, temíamos la reacción del público, porque es un asentamiento judío. No queríamos herir susceptibilidades, pero la obra les interesó muchísimo y entendieron bien lo que plantea.

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