5 de enero 2018 - 00:00

“El ardor” se suma a la temporada marplatense

La obra, de Alfredo Staffolani, arranca como la habitual comedia de verano pero, según su director, su clima de familia disfuncional se va espesando cada vez más hasta llegar a su desenlace intenso.

El Ardor. Luciano Cáceres con la coprotagonista, Valentina Bassi.
El Ardor. Luciano Cáceres con la coprotagonista, Valentina Bassi.
La comedia dramática "El ardor" es desde hoy uno de los principales estrenos teatrales de la temporada marplatense. Luciano Cáceres, además de protagonizar la obra, será su director. Cáceres dijo a la prensa en Mar del Plata que esta obra, escrita por Alfredo Staffolani y coprotagonizada por Valentina Bassi, Joaquín Berthold y Santiago Magariños, es la historia de "un matrimonio estancado, dentro de una familia que ya está detonada". "El ardor" se presentará los viernes a las 21 y sábados y domingos a las 21.30 en la sala Astor Piazzolla del Teatro Auditorium, y es producida por el Ministerio de Gestión Cultural de la Provincia de Buenos Aires.

Periodista: ¿Qué significa estrenar en temporada en Mar del Plata?

Luciano Cáceres: Tiene el bonus track de meterse en eso que crearon nuestros antecesores, nuestros colegas. Es como recibirse en el teatro: después de haber actuado en el Cervantes, en el San Martín, con más 30 años en el off, la temporada en Mar del Plata es algo que hay que hacer, como actor, y en este caso como director también.

P.: ¿Hay muchas diferencias entre aquellas temporadas que hicieron época y las actuales?

L.C.: Sí, puede ser, y creo que esta obra se acerca además a lo que suelo hacer, más allá de que estrene en verano. Es una comedia dramática que tiene lo que hay que tener desde el entretenimiento, pero además es inteligente. No termina en el aplauso sino que hay algo que el espectador completa. A mí me gusta hacer obras que no sean digeridas inmediatamente, sino que haya algo que el espectador tenga que terminar de definir, de elegir. Molière ponía los temas más agudos, como la crítica a la política, a la medicina, a la monarquía, dentro de la comedia, con un personaje como Sganarelle. Él decía que la carcajada expande la lengua.

T.: ¿Cómo procede esta obra?

L.C.: Empieza como una comedia costumbrista y después se pone más profunda. Arranca como una comedia, luego es una comedia dramática y después viene la trompada. Es un matrimonio estancado, dentro de una familia que ya está detonada, con un adolescente en pleno despertar sexual. Beben para pasar el calor y para que pase el día y empiece otro, para sostener la rutina, y si el pibe molesta le dan vino y que se duerma. Hasta que llega un primo del interior y todo eso que no se hablaba empieza a salir. Todo ese deseo adormecido empieza a brotar y pone en jaque el vínculo entre ellos, la definición del pibe, todo lo que había suspendido la madre de la familia. Y tiene una definición intensa.

P.: ¿Cómo se lleva con la dirección y actuación simultáneas?

L.C.: Lo había hecho una sola vez hace mucho y dije "nunca más". Pero acá estoy. Es intenso, divertido y un poco esquizoide, sobre todo en los primeros ensayos en los que uno está tan preocupado por las cuestiones técnicas. Es una obra que tiene mucho audiovisual: Hay video, efectos de agua, mucho trabajo de utilería, música y una puesta de luces muy grande.

P.: ¿Cómo encuentra la escena artística en general?

L.C.: Hay un panorama incierto todavía. Esperamos muchas definiciones con respecto al Incaa, sobre cómo se van a gestionar las películas, sobre todo las que no cuentan con una gran estructura. Y a la espera también de ficciones en la televisión. Hay muchas cosas por hacerse, pero más allá de lo que es Pol-Ka y Underground, hay otras que están todavía definiéndose. Por un lado parece que va a haber una apertura en lo que tiene que ver con Netflix, HBO y todos los canales que van a empezar a anclar sus realizaciones en estas plataformas. Hay que ver qué sucede y cómo impacta lo económico.

P: ¿Hasta que punto las nuevas plataformas están modificando las formas de producir y consumir?

L.C.: Si en las nuevas plataformas se puede hacer ficción es bueno porque hay trabajo, pero estamos en plena transición. Y hay que pensar no sólo en contenidos para lo nacional sino para poder competir en el exterior, como antes hacíamos en la televisión, con nuestras novelas y nuestro cine, que se veían en todos lados.

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