8 de abril 2014 - 00:00

El arte contemporáneo gana un espacio a su medida

La propuesta de Alejandra Aguado y Solana Molina Viamonte es ambiciosa: se trata de elegir, con ojos bien entrenados, artistas capaces de crear una obra “clave” y significativa para su carrera. Para ellas, el paso por Móvil debe ser un hito.
La propuesta de Alejandra Aguado y Solana Molina Viamonte es ambiciosa: se trata de elegir, con ojos bien entrenados, artistas capaces de crear una obra “clave” y significativa para su carrera. Para ellas, el paso por Móvil debe ser un hito.
Con el vernissage de la muestra "Termo" de Irina Kirchuk en CheLA, un inmenso edificio industrial de Parque Patricios, las operadoras culturales Alejandra Aguado y Solana Molina Viamonte presentaron Móvil, un proyecto institucional afín a los cambios que impone el arte contemporáneo. El emprendimiento, más allá de la excelencia del arte de Kirchuk, inaugura una modalidad de gestión que todavía no se conoce en la Argentina. Aguado y Molina Viamonte aclaran que persiguen objetivos de largo plazo. Móvil fue creado sin afán lucrativo, sencillamente porque su acción y sus propósitos no están dirigidos al mercado. El proyecto apunta a erigirse en sostén de la producción y exhibición del arte contemporáneo en su fase experimental, a acercar la práctica de los artistas emergentes a los públicos más diversos con programas educativos de primer nivel. La propuesta es ambiciosa. Se trata de elegir, con ojos bien entrenados artistas capaces de crear una obra "clave" y significativa para su carrera. El paso por Móvil debe ser un hito.

Consultadas Aguado y Molina Viamonte sobre el modelo de institución que las inspira, responden que buscaron "un espacio de mediana escala para presentar exhibiciones individuales de artistas emergentes o que se encuentren en la mitad de sus carreras". Esta plataforma de exhibición, frecuente en Europa, EE.UU. y algunos países de América latina como Chile, Colombia, Brasil y México, faltaba en la Argentina.

Acerca de la financiación del programa, las creadoras señalan: "La coleccionista Erica Roberts fue la primera que confió en el proyecto, su colaboración posibilitó la puesta en marcha de Móvil con una forma muy cercana a la que soñamos. Luego fueron sumándose los esfuerzos y la generosidad de otras personas que nos ayudaron con su oficio, su tiempo o su dinero y, sobre todo, con el espacio de cheLA [Fabián Wagmister y Dara Gelof, dos argentinos radicados en el extranjero]. Ahora vamos a armar un gran colectivo que aporte fondos mixtos, públicos y privados, grandes y pequeños, temporales y permanentes, amigos/patronos con distintas categorías de participación. La filosofía del proyecto es que sea inclusivo y genere espíritu de pertenencia".

Aguado y Molina Viamonte esperan que en un futuro -acaso no muy lejano- puedan remunerar su tarea. Entretanto, Móvil ha reunido gente que comparte con ellas la convicción de que los artistas son capaces de producir obras visionarias, capaces de modificar el modo de percibirse a sí mismo y de percibir el mundo. El concepto de que el arte tiene mucho por decir, se acerca a aquella que formula Arthur Danto, cuando cita a Brenson, un crítico de arte de "The New York Times", quien observa: "Una gran pintura (desde luego, el término puede y debe entenderse de un modo amplio, aplicable a otros géneros) es una extraordinaria concentración y orquestación de impulsos e informaciones artísticas, filosóficas, religiosas, psicológicas, sociales y políticas. Cuando más grande el artista, más convierte cada color, línea y gesto en una corriente y en un río de pensamiento y sentimiento. La grandes pinturas condensan momentos, reconcilian polaridades, sostienen la fe en el inagotable potenciar del acto creativo. Como resultado se vuelven emblemas, inevitablemente, de la posibilidad y del poder. [...] El espíritu está encarnado en la materia [...] No sólo hace que parezca existir un mundo espiritual invisible, sino que parezca accesible, dentro del alcance de cualquiera que pueda reconocer a la vida del espíritu en la materia. La pintura apunta hacia la promesa de la curación".

Vale la pena recordar que, si bien durante siglos el monopolio de la distinción que otorga el buen gusto y, la posibilidad de ver el mundo y la humanidad con la mirada educada por el arte, fueron bienes reservados para unos pocos, en la actualidad, como bien lo expresa Arthur Danto, el arte se ha convertido en el objeto de deseo de "las multitudes sedientas", que van en busca de lo inefable. Desde luego, no todo se puede medir con la misma vara. La visión de Danto es la excepción: sus "multitudes" son todavía ciegas y la especulación, el oportunismo y la estrechez en la mirada, son la moneda corriente. Pero desde una fábrica abandonada de Parque Patricios nos recuerdan que existe algo más.

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