20 de septiembre 2016 - 00:00

El arte “matérico” de Gustavo Dalinha

Matérico. Un arte que metamorfosea el material empleado.
Matérico. Un arte que metamorfosea el material empleado.
La pintura matérica surgió entre fines de los años 40 y principios de los 50 en Francia,con Fautrier y Dubuffet. En Italia, un ejemplo es Alberto Burri y en España, Manolo Millares y Antoni Tapies, uno de sus cultores más prominentes. Entre sus características estaba el uso del pigmento en forma tal que excedía lo normal de una pintura al óleo; entre los elementos se usaba polvo de mármol, arena, tierra, cemento y también se le agregaban objetos encontrados. Esta pintura provoca una respuesta tanto táctil como visual y despierta la curiosidad acerca del proceso y la azarosa metamorfosis del material empleado. Esta breve introducción es válida para la muestra que el artista brasileño Gustavo Dalinha presenta en el Paseo de las Artes Duhau con el patrocinio de Rubbers Internacional.

Nacido en 1961 en la frontera entre Santana do Livramento (Brasil) y Rivera (Uruguay), cursó estudios en su ciudad natal y en Porto Alegre en 1989 se mudó a Berlín donde abrió su primer taller en 1989. En 1966 participa de un Seminario de Formación en la Catedral de Chartres (Francia) y desde 2000 trabaja como docente para niños y adultos socialmente marginados tanto en Brasil como en Alemania. En 2012 abrió su taller en Buenos Aires donde vive y trabaja alternando con Berlín.

En un viaje a Madagascar descubre el papel Antaimoro, al que según el artista, se le atribuyen propiedades mágicas y su estructura fibrosa le permite dejar grietas, rugosidades, establece una lucha física contra la resistencia que le ofrece mezclando arena, pigmentos, grafito, óxido de hierro, elementos con los que Dalinha convierte su obra en atemporal.

Están las pinturas negras, negrísimas, también hay color, limitado, sin estridencias, en sus collages y en su serie "Penduricalhos", tiras de papel de diferentes tamaños y colores que cuelgan a la manera de un cuerpo en una cruz. Obra de fuerte presencia, resultado de la investigación y la experimentación con los materiales. También, confiesa el artista, que es parte de la búsqueda constante de sus raíces sentir que la vida es una lucha permanente consigo mismo. El conocimiento y su afinidad con grandes tradiciones de corrientes espirituales y filosóficas están impresas en estas obras con las que el espectador puede dialogar en silencio. Clausura el 3 de octubre (Av. Alvear 1595).

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