El atacante

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Massimo Tartaglia, el agresor de Silvio Berlusconi, tiene 42 años, trabaja como gráfico en la empresa de su padre y, aunque no tiene antecedentes penales, perdió su registro de conductor hace pocos meses. Lo más llamativo, sin embargo, es que recibió terapia durante diez años por problemas mentales en un hospital de Milán. El atacante fue inculpado oficialmente por haber provocado lesiones de modo premeditado al primer ministro italiano.

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