21 de junio 2013 - 00:00

El bellísimo Valle Fértil espera ser descubierto

La naturaleza realizó esculturas en la roca, que se lucen en Ischigualasto.
La naturaleza realizó esculturas en la roca, que se lucen en Ischigualasto.
A 300 kilómetros de la ciudad de San Juan hacia el este, sobre la Ruta Provincial 510 que pasa por su mismo centro, está el departamento más importante de la región: San Agustín del Valle Fértil. Parada obligada para quienes quieren seguir paso hacia la visita de rigor a los gigantes dinosaurios del Parque Provincial Ischigualasto, la ciudad se presenta hospitalaria y generosa. Y es la puerta de entrada a las tres sierras de Valle Fértil, a los olivos históricos de la mesada y a las ruinas jesuíticas de las Tumanas. Su ambiente de tranquilidad y aire puro invitan a pasear por su plaza o a caminar, bien entrada la noche, por alguna de sus callecitas silenciosas bajo un manto de estrellas que apabulla y enamora. Llegar a la ciudad es fácil. Sólo hay que salir de San Juan rumbo a Caucete.

El primer atractivo, sobre la izquierda, es el parque temático de la Difunta Correa, que en 2012 incorporó la Senda del Peregrino, exclusiva para peatones y ciclistas, que permitió ordenar el intenso tránsito que llega al santuario masivamente en abril y luego, en menor escala, el resto del año.

El folclore local le atribuye a Deolinda Correa una serie de milagros e intercesiones. Cuenta la leyenda que esa mujer salió detrás de su marido -que había sido reclutado durante las guerras entre unitarios y federales-, caminando desde La Rioja hacia San Juan, con su hijo lactante en brazos. Caminó sin descanso y sin ningún tipo de provisión hasta caer deshidratada y exhausta sobre el desierto sanjuanino. Estrechó a su pequeño hijo junto a su pecho y se cobijó debajo de la sombra de un algarrobo, donde murió. Poco después, unos arrieros que pasaban por la zona encontraron su cadáver, pero se sorprendieron al descubrir que su bebé seguía vivo amamantándose de sus pechos, de los cuales aún fluía leche. A partir de entonces, su figura es venerada por miles de fieles año tras año.

Apenas unos kilómetros más adelante del santuario donde fue enterrada esa santa pagana, se accede a uno de los paisajes más bellos de la precordillera. Una ruta que serpentea y sube y baja por los cerros sanjuaninos desafiando al conductor más mentado. Aunque, a decir verdad, lo mejor es tomarse con calma recodos y rectas para llegar seguros por una calzada que está en perfectas condiciones, pero que cada 200 metros se convierte en infinidad de badenes preparados para recibir los cauces del deshielo de primavera o las lluvias de principios del verano. Hay que tener en cuenta, además, que la señal de celular se pierde entre los llanos desérticos, jarillas y riscos que cada tanto despeñan varias toneladas de piedras.

Valle Fértil está en el curso de la Ruta 510 que pasa por su centro y, tras pocas cuadras, sigue hacia Ischigualasto, que está a 70 kilómetros.

Su ubicación lo convierte en parada obligada antes de una extensa y cansadora jornada de visita al imponente Parque Triásico de Ischigualasto. Esta "tierra de dinosaurios", declarada Patrimonio de la Humanidad, constituye, sin duda, el principal emblema del turismo sanjuanino. Hasta aquí llegan año tras año millones de visitantes de todo el mundo, ávidos por recorrer el serpenteante circuito de 40 kilómetros (en auto o bicicleta), que incluye cinco estaciones donde se encuentran impactantes formaciones arqueológicas como el Valle Pintado, la Cancha de Bochas o El Hongo.

placer y relax

Lo más recomendable es pasar la noche en Valle Fértil. La hostería del ACA, recostada sobre el imponente Dique Embalse San Agustín, o el apart Valle Pintado son buenos lugares para descansar. Poseen todos los servicios necesarios y, además, si queda tiempo y el clima acompaña, sus piletas ofrecen un tiempo de relax y placer tanto antes de ir hacia los dinosaurios como al volver.

Pero como toda visita no está completa si no incluye una buena comida, es imprescindible parar un rato en La Gran Picada, donde Darío y Liliana lo atenderán de maravillas. Estos porteños que dejaron todo para viajar a este verdadero valle encantado abrieron un coqueto restorán con platos abundantes y de gran calidad. El ambiente es sumamente acogedor. Un enorme televisor de plasma suele proyectar algún blu-ray con conciertos de bandas como Simply Red o Pink Floyd, mientras la degustación de las picadas y las cervezas (variedades nacionales e importadas) otorgan ese plus que cada viaje turístico debe tener. Si tiene ganas, pídale a Darío que le prepare un gin tonic, un Martini o el aperitivo que se le ocurra. La ambientación hará el resto: libros, discos, platillos de batería, pósters de películas.

Todo preparado como para alejarse de la gran ciudad, sin dejar cosas fundamentales como un buen plato, una buena bebida y un lugar donde relajarse. La otra parada imperdible es el Parque Natural Valle Fértil, con categoría de Reserva de Uso Múltiple, que preserva dos tipos de ambientes: montes y cardonales de la prepuna en 640.000 hectáreas, y pastizales y bosques serranos en 160.000 hectáreas. También resulta interesante hacer una escala en la cercana localidad de Usno. Allí, el Museo de Piedras del Mundo ofrece una muy buena síntesis de piezas arqueológicas y geológicas de la región y de otras partes del universo. Además exhibe una colección de insectos de Valle Fértil. Es la síntesis perfecta de este rincón sanjuanino, que a pesar de su inconmensurable valor turístico, todavía espera ser descubierto.

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