18 de septiembre 2015 - 00:00

El Capitolio, el epicentro de la gira más política

En pocas horas más el papa Francisco estará sobrevolando el Atlántico para encarar el undécimo viaje apostólico fuera de Italia de su pontificado y el cuarto de este año luego de haber visitado Sri Lanka y Filipinas, Bosnia-Herzegovina, y Ecuador, Bolivia y Paraguay a mediados de julio. Sin lugar a dudas, este viaje tendrá definiciones de alto contenido político que el Sumo Pontífice pensó con precisión jesuítica hace dos meses aprovechando el receso vaticano.

Durante 11 días pronunciará 24 discursos que personalmente escribió y releyó una y otra vez con la meticulosidad que lo caracteriza. Para evitar malos entendidos en las traducciones o en el momento de pronunciarlos, Jorge Mario Bergoglio eligió leerlos principalmente en castellano, causando cierto malestar en sectores conservadores estadounidenses.

"¿Por qué no habla en inglés o italiano?", se preguntan quienes lo ven como una amenaza a la tradición católica por no pronunciarse claramente en temas como matrimonio entre personas del mismo sexo, la comunión a los divorciados o el aborto, sin mencionar el revuelo causado por los conceptos vertidos en su encíclica ecologista Laudato Si.

Su primera visita a Cuba y Estados Unidos sería el anverso y reverso de una misma moneda: mientras se da por descontado que en la isla los cubanos lo recibirán con los brazos abiertos, especialmente por el papel desempeñado en el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Washington, el pueblo estadounidense mira con recelo y escepticismo la llegada del Papa, que cuenta con la aprobación de casi el 90% de los católicos y la simpatía del 60% de aquellos que están fuera de la Iglesia. A estos últimos les hablará el líder de los católicos.

Sin lugar a dudas, la expectativa está centrada en lo que diga en el Capitolio, donde por primera vez hablará un pontífice.

A su cerrada defensa del medio ambiente y críticas a la explotación sin medida de las grandes empresas multinacionales, seguramente pedirá una mayor responsabilidad de quienes gobiernan para que el hombre vuelva a estar en el centro en un mundo que pregona la "cultura del descarte" y la exclusión sin importar los costos, y a favor de una economía con "rostro humano". Un discurso considerado marxista o comunista para más de uno de los congresistas que estarán escuchándolo.

El gran desafío de Francisco será mostrar que su perfil aperturista, que despierta la atracción de creyentes y no creyentes, es compatible con las bases doctrinales de la Iglesia Católica para así conciliar y tender puentes que acerquen posiciones desencontradas en el seno del poderoso catolicismo estadounidense.

Dejá tu comentario