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El Colón abre la ventana a la ópera del siglo XX
La alemana Evelyn Herlitzius tendrá a su cargo el papel único de «Erwartung», de Arnold Schönberg. Baldur Brönnimann la concertará, al igual que el estreno de «Hagit», de Karol Szymanowski.
Periodista: ¿Cómo se fue perfilando su interés por la música del siglo XX?
Baldur Brönnimann: Nunca lo consideré algo especial, pero me parecía ridículo que fuera del repertorio antiguo no se tocara la música del propio tiempo. El contacto con los creadores actuales hace que uno sepa qué piensan, qué les interesa más, lo flexibles o inflexibles que son, entonces en el momento de dirigir Mozart o Beethoven uno piensa en lo mismo, es un lado creativo que a mi entender es importante cultivar.
P.: ¿Esa vocación ya estaba marcada desde sus comienzos?
B.B.: Me gustaban cosas raras, siempre estaba buscando abrir la ventana un poquito más. Me llegaron proyectos muy interesantes, y se dio poco a poco. De todas maneras hay un límite de cosas desconocidas que puedo hacer, por el tiempo de estudio y preparación que demandan. Cuando termine este proyecto voy a dirigir un concierto con obras que ya conozco desde hace tiempo, por eso necesito mezclar.
P.: ¿Qué problemas específicos plantea la realización musical de estas óperas?
B.B.: «Hagit» tenía el ingrediente de que se canta en polaco, así que hay que familiarizarse con el idioma. Es una música muy bonita, aunque la orquestación es densa, entonces probamos distintas cosas, como modificar la disposición habitual en el foso para que se mezclen un poco más las voces. También al no estar editada hay dinámicas que se cambiaron y uno no sabe si lo escribió un director o el mismo Szymanowski, hay que tener cuidado. Las líneas de los cantantes tienen pocas indicaciones, comparadas por ejemplo con Puccini. «Erwartung» es música distinta pero no tanto, porque el lenguaje viene de Wagner, Strauss, etcétera, en el fondo es música romántica, eso ayuda a que no sea tan abstracta para la orquesta.
P.: Para usted es un reencuentro con este papel.
Evelyn Herlitzius: Lo había cantado pero sólo en concierto, nunca en escena, de manera que es un debut. Cuando me hice de la partitura aquella vez me fui ocupando no sólo de las notas sino del entorno, de la psicología del papel, de la época en que se escribió, de las orientaciones artísticas, plásticas, para formarme una imagen completa de esta persona. Es un personaje que tengo que inventar, en el texto no se explica nada, pienso que lo dejó deliberadamente en la nebulosa. García Caffi y yo hablábamos el otro día de un texto mucho más extenso de la libretista, Marie Pappenheim, que se perdió, y no se sabe qué fue lo que eliminó Schönberg. Me imagino que eran indicios interesantes sobre el carácter de esta mujer, de manera que ambos nos vimos obligados a inventar su vida interior.
P.: ¿Es habitual para usted realizar ese trabajo de investigación cada vez que asume un papel?
E.H.: Sí, porque creo que la interpretación surge en primera instancia del conocimiento; de lo contrario le vierto encima sólo «mi salsa», y resulta que tiene que ver más con mis ideas que lo que en realidad dice el papel. Es una de las partes más interesantes de esta profesión.
P.: ¿Dónde se focaliza la atención en el momento de dirigir?
B.B.: Intento olvidar lo que se ha ensayado y expresar la obra en sí. Muchas veces obras difíciles de dirigir se ensayan muy de a poco para que la gente se dé cuenta de qué hace cada tornillo en la máquina, y a medida que se acercan las funciones se van dejando de lado los detalles y uno se aproxima más a la obra como una totalidad.
P.: Para un cantante debe significar una prueba sostener en soledad una ópera entera.
E.H.: Se logra con concentración y conocimiento, la clave está en ponerse en ese lugar en ese momento, y con la energía y el espacio interior que me formé con mis pensamientos previos y en los ensayos, para conservar este espacio y estas ideas en el momento de la función.
P.: ¿Qué se puede adelantar de la puesta en escena?
E.H.: Es una escenografía inspiradora, una abstracción de lo que dice en las instrucciones de la régie, donde queda espacio libre para la fantasía tanto para el espectador como para mí. En la partitura dice que es un bosque oscuro, y ella tiene miedo, todo parece como monstruos, o fantasmas, y con esa escenografía se liberan asociaciones: puede ser un laberinto, o la abstracción de un bosque, un espacio en que uno se pierde, interno y externo, y eso le pasa a la Mujer: se pierde en sus espacios interiores.
P.: ¿Cuál es su balance de la experiencia del «Gran macabro» del año pasado?
B.B.: Fue una situación especial, y una obra particular. Finalmente fue muy bueno que viniera al teatro mucha gente que nunca había venido, por el hecho de ser gratis, y eso me gustó. Yo aquí hablo con gente que dice «Me gustaría ir algún día al Colón». Me interesa que el Teatro sea accesible, porque hay mucho dinero público en esta institución y debería ser accesible para una gran parte de la población. La experiencia fue buena, pero muy estresante. La programación aquí es bastante buena: «Edipo», «Rinaldo», «Hagit» no se da nunca. ni siquiera es común ver esas obras si uno vive en París.
P.: Hay gente que afirma que todavía no le resulta accesible música como la de Schönberg ¿Qué reflexión le despierta?
B.B.: Es accesible pero no fácilmente, por eso pedí hacer charlas previas a las funciones. La gente tiene la sensación de que hay que haber leído un libro para entender la música clásica, pero después van a museos o al teatro y ven cosas que son más radicales. Me gusta recuperar el sentido vivo de la cultura, como en este caso en que se hace una obra de casi 100 años pero como un estreno. Me gusta que la gente que viene a ver ópera se meta en el sentido del espectáculo. Y «Erwartung» lo facilita, porque no tiene prácticamente acción. Eso es la ópera: como en el final de «Tristan», son momentos que se extienden eternamente porque así se percibe la realidad, y en la ópera se ve muy claro.
Entrevista de Margarita Pollini


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