23 de enero 2017 - 23:33

El coloso del hielo, abatido por el fuego, en agónica reparación

El coloso del hielo, abatido por el fuego, en agónica reparación
Junto con la Fragata Libertad, el rompehielos Almirante Irízar es uno de los buques insignia de la Argentina.

Ambos padecieron un sufrimiento reciente, injusto y desproporcionado en relación con el símbolo que representan: la presencia de Estado de la Argentina en el mar. El buque escuela y embajador nacional estuvo 77 días embargado en Ghana, víctima ilógica de un conflicto que el país mantenía con los fondos buitre. En tanto, el rompehielos, indispensable en las campañas de aprovisionamiento de las bases antárticas argentinas y en el relevamiento científico del océano, sufrió un terrible incendio hace casi 10 años, en abril de 2007. El siniestro afectó su sistema eléctrico, del que dependía el equipamiento de lucha contra incendios.

Cuando la gestión de Cambiemos arregló con los holdouts, el presidente Macri saludó a la Fragata Libertad en ocasión de una nueva campaña: "Pueden zarpar tranquilos". No se avistaban nuevos embargos.

Muy distinto es el presente del coloso del hielo, y faltará bastante para que el presidente pueda celebrar su zarpada. La gestión actual de Tandanor el astillero perteneciente al Complejo Industrial Naval Argentino (Cinar), dependiente del Ministerio de Defensa manifestó recientemente que, ahora sí, la reparación del Irízar sería un hecho y que en cuestión de meses podría realizar las pruebas de navegación (en agosto), con la ilusión de participar en la próxima campaña antártica.

El buque está amarrado, alistándose. Y las demoras señaladas acusan la falta del dragado necesario para que pueda partir a probarse. Eso señala el astillero.

El Irízar depende de la Armada, y es allí donde el convencimiento del final de obra no sería tan rotundo como el que manifiestan desde la dirección de Tandanor.

Según pudo saber TRADE, persistirían los inconvenientes eléctricos que abonan el temor, justamente, de que un recalentamiento provoque otro incendio. Fuentes que siguieron las reparaciones dudan de cómo se dirigieron los trabajos: argumentaron que la bandeja portacable se cayó por el peso luego de ser soldada, que había problemas en la sección de cables y que no se clasificaron los insumos colocados (lo que pondría en riesgo el éxito de una inspección de clasificación).

El problema no es de la actual gestión. Las reparaciones arrancaron en el gobierno de Cristina Kirchner. Lo que cualquier obrero naval sabe es que "reparar una reparación" es más complicado que arrancar de cero.

Sudáfrica encargó recientemente el rompehielos Agulhas II a Finlandia (país que construyó el Irízar en 1977) para su campaña antártica y pagó casi 100 millones de dólares. Con lo gastado en reparar el buque argentino se podrían haber comprado dos nuevos.

En el sector señalan que fue correcta la decisión de terminarlo (la otra opción era el desguace). De lo que dudan es de la pericia en la gestión actual del astillero.

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