14 de noviembre 2013 - 00:00

El coraje y las miserias afloran en la tragedia

Cebú, Filipinas - El joven británico que arriesgó su vida para salvar a otros o el asalto a un helicóptero con ayuda son algunas de las historias de heroísmo y pillaje ocurridas estos días desde que el tifón Haiyan asoló Filipinas el pasado viernes.

El día que el tifón ingresó en la región central del archipiélago con vientos de hasta 315 kilómetros por hora, el coronel Fermín Carangan se encontraba en una oficina de la Fuerza Aérea cerca del aeropuerto de Tacloban, en la isla de Leyte.

Carangan y sus compañeros estaban en alerta roja, pero no previeron que una crecida del mar arrancaría el habitáculo donde se encontraban y lo succionaría hacia el mar, donde quedaron a la deriva.

"Las olas nos golpeaban; olas muy grandes desde todas direcciones. También nos empujaban remolinos de viento", relató al portal de noticias Rappler.

Carangan observó cómo sus compañeros eran arrastrados por la corriente del mar y él, sin nada a qué aferrarse, flotó a la deriva durante seis horas hasta que vio a Miguel, un niño de 7 años agarrado de una rama.

El militar contó que ambos consiguieron asirse a un madero y confesó que, mientras daba ánimos al niño para que aguantara y no se durmiera, consiguió él mismo conservar la esperanza: "Ya me encontraba cansado. Y también Miguel. Sólo tenía 7 años. Demasiado pequeño para morir, pensé.

Pasadas unas horas, lograron salvarse al ser rescatados frente a las costas de Samar, a varios kilómetros de Tacloban.

En medio de la furia del tifón, Jonathan Fitzpatrick, un ingeniero británico, salió de su refugio en un hotel en Ormoc (Leyte) y arriesgó su vida para ayudar a otras víctimas.

"No fue un héroe, sólo hizo caso a su instinto. En su opinión, él no hizo nada heroico, sino algo normal. Los verdaderos héroes son esas personas que afrontan el desastre, buscando atención, comida y agua", dijo su madre a la TV inglesa.

Bea Joy ("Alegría") Sagalis tuvo un nacimiento "milagroso" después de la catástrofe en la isla de Leyte, donde el instinto de supervivencia hizo que su madre Emily resistiera los embates del tifón, que se llevó a once miembros de su familia, incluidas dos hijas.

La desesperación de muchos recibió la solidaridad de personas como el fraile Edgar Abusejo, quien se subió a su motocicleta y ahora recorre la provincia de Samar, una de las más afectadas, recogiendo ayuda para los damnificados.

En la vecina isla de Cebú, la familia Roska se movilizó a las pocas horas del desastre e inició una campaña en Facebook con la que recaudó dinero y artículos de primera necesidad equivalentes a 1.700 euros en cuatro días. Sin siquiera dormir, repartieron la ayuda entre los afectados por el tifón y esperan poder entregar más ayuda en los próximos días.

Por otra parte, la desolación también provocó el pillaje de tiendas por parte de víctimas desesperadas por alimentos o agua y también de grupos criminales que aprovechan el caos que reina en la región.

No se trata sólo de casos protagonizados por los desesperados. También rebeldes comunistas del Nueve Ejército Popular (NEP) murieron el martes cuando, junto con un grupo fuertemente armado, atacaron en la isla de Luzón un helicóptero con ayuda humanitaria para los afectados por el tifón.

Las estaciones de servicio de la región, otro de los bienes escasos y necesarios para organizar el reparto de la ayuda, son custodiadas por militares y policías armados, que, aun así, tienen problemas para contener a la población.

Agencia EFE

Dejá tu comentario