9 de noviembre 2017 - 00:00

El default, una carta para ganar la presidencial

Dejar de pagar intereses podría permitirle al Gobierno de Venezuela aliviar la escasez de dólares y productos importados el año próximo. Pero el futuro quedaría más hipotecado.

Caracas - Asfixiado por la debacle económica, el Gobierno de Nicolás Maduro podría tomar oxígeno de cara a las elecciones presidenciales de 2018 si deja de pagar la abultada deuda externa venezolana, aunque a largo plazo las consecuencias serían desastrosas.

Venezuela debe pagar mañana 81 millones de dólares del bono de la petrolera PDVSA 2027, primer monto a cumplir desde que Maduro anunció hace una semana que buscará refinanciar y reestructurar la deuda, de unos 150.000 millones de dólares.

Las agencias Fitch, Standard and Poor's y Moody's rebajaron la calificación de la deuda venezolana ante una posible cesación de pagos en el corto plazo.

La incertidumbre reina. Capital Economics opina que eso podría ocurrir este fin de semana; otros analistas creen que el Gobierno cumplirá al menos hasta el lunes, para cuando citó a sus acreedores en Caracas y debe pagar 200 millones más de intereses.

En lo que resta de 2017, el país con las mayores reservas de crudo deberá cancelar entre 1.470 y 1.700 millones de dólares en intereses, según las consultoras Aristimuño Herera & Asociados y Eurasia Group.

Con reservas internacionales de solo 9.700 millones de dólares, Venezuela encara obligaciones para 2018 de unos 8.000 millones, la mayor parte en el segundo semestre. Juan Carlos Rodado, del banco Natixis, ve para entonces más probable el default.

Los expertos coinciden en que las presidenciales de fines de 2018 y las sanciones económicas de EE.UU. tienen un peso preponderante en el anuncio de Maduro.

Con el desplome de los precios del petróleo, fuente de 96% de divisas del país, el Gobierno recortó drásticamente las importaciones para evitar el default, provocando una severa escasez de alimentos y medicinas.

"Un default liberaría recursos para financiar importaciones, dando a Maduro, en el corto plazo, el impulso político que espera para asegurar la reelección", según Risa Grais-Targow, analista para Venezuela de Eurasia Group.

En la misma línea, Asdrúbal Oliveros, director de Ecoanalítica, cree que Maduro, cuyo mandato termina en enero de 2019, podría adelantar los comicios para mejorar sus chances de reelección.

Pero en el mediano plazo, un default profundizaría "la recesión" en una economía que se contrajo 36% en los últimos cuatro años y a las puertas de la hiperinflación. El país enfrentaría litigios internacionales y el embargo de activos de PDVSA en el exterior, como CITGO, filial de la petrolera en Estados Unidos, o de cuentas por cobrar, advirtió Alejandro Grisanti, de Ecoanalítica.

Mientras, el futuro inmediato del país depende en parte de sus dos principales acreedores, Rusia pero sobre todo China, cuyo respaldo a renegociar su deuda es de momento una incógnita, señalan los economistas.

Antón Siluánov, el ministro ruso de Finanzas, anunció ayer que "tenemos un pacto para reestructurar la deuda de Venezuela" antes del 15 de noviembre, con condiciones de pago muy ventajosas.

El 13 de noviembre se llevará a cabo en Caracas una reunión con los acreedores del país, invitados por el Gobierno a renegociar la deuda externa, estimada en unos 150.000 millones de dólares. De ese monto, 28.100 millones de dólares los habría prestado China, y 9.100 millones Rusia, o el gigante semipúblico ruso Rosneft, según los cálculos de Mark Walker y Richard Cooper, dos especialistas de deudas soberanas. Algunas fuentes estiman no obstante que la deuda de Venezuela con China podría ser más importante.

Agencias AFP y EFE

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