• EL FONDO ESTADOUNIDENSE ES EL TENEDOR CASI EXCLUSIVO DE LOS BONOS
Administrador estrella. Lo es Michael Hasenstab, del grupo de fondos Templeton. En 2016 comenzó a comprar papeles argentinos.
Los últimos años no fueron buenos para Michael Hasenstab, administrador estrella dentro del grupo de fondos Templeton, con u$s38.000 millones bajo cartera en el Global Bond Fund a principios de este año (doce meses antes disponía de u$s42.000 millones entre bonos y efectivo -un 10%- y a fin de 2014 u$s70.000 millones). El problema es que 2018 viene siendo aún peor -anotando su arranque más deficiente de año desde 2005-, golpeado por las caídas de los bonos mexicanos, brasileños, y los que más preocupa: los argentinos.
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Tras mantenerse al margen en los primeros meses de la administración Macri, luego de una reunión con el Presidente (el 9 de septiembre de 2016 visitó la Quinta de Olivos junto a Gabriel Martino, Pedro Lacoste y Horacio Ryser) Hasenstab comenzó a comprar papeles argentinos hasta alcanzar, a fin de marzo último u$4.200 millones en deuda vernácula.
El 8 de mayo, luego de una semana de rumores y la disparada del dólar (6,88% el día 3; 2,73% esa jornada) Mauricio Macri anunció que recurriría al FMI. Contra lo esperado, esto -y aún menos la aprobación de la reforma a la ley del Mercado de Capitales el día 11- no sirvió para calmar la corrida que cuatro ruedas más tarde sumaba otro 11%, donde la clave pasó por la "curiosa" jornada del 14 que dejó la impresión de haber sido "fogoneada" desde el mismo Gobierno impulsando el billete verde 7,27%. Al día siguiente, el "FMI del sector privado" como lo definió Robert Wigglesworth, editor del Financial Times, salía al rescate de nuestro país y tras dar a conocer su apoyo, el dólar retrocedía 3,49%, se renovaba el 100% de los $615.877 millones que vencían en Lebac, y se sumaban $5.000 millones adicionales en nuevas letras. Hasenstab había adquirido unos u$s2.250 millones, el 75%, de los cerca de u$s3.000 millones (el resto fue para los de Black Rock) que licitó ese día el Ministerio de Finanzas en bonos Bonos del Tesoro en pesos (BOTE), según los más aventurados, instigado por la Reserva Federal y hasta Donad Trump que salía en auxilio de su amigo Mauricio Macri.
Si bien desde el oficialismo -Gobierno y operadores- se intentó vender la operación como una colocación ordinaria, muestra de la confianza externa en el país, a "soto voce" existe el convencimiento en el mercado que se trató de un "reverse enquire". Lo real es que con apenas sesenta minutos de preaviso el Ministerio de Finanzas abrió ese día una ventana de solo cuatro horas (de las 13 a las 17) para la venta de $73.249 millones en BOTE 2022 y 2026. Curiosamente, el mayor tenedor de BOTE hasta entones era la gente de Templeton que detentaba el 45,89% de la emisión 2021, el 44,78% de la 2023 y el 57,32% de la 2026.
Aunque la definición es amplia, el "reverse enquire" es la práctica por la cual el inversor "pregunta" al emisor sobre la oferta de un instrumento con características específicas, lo que permite al emisor diseñar -tailor made- la operación en función de un demandante puntual, usualmente incorporando algún "buffer contra perdidas" (la práctica es cuestionada por los reguladores en el sector privado).
Según la "vox in foro", la figura clave en toda esta operación habría sido Gustavo Cañonero, asociado a Templeton en su vertiente local y muy cercano a Luis Caputo, tanto que ahora son presidente y vice del BCRA.
A principios de mayo, en una entrevista en Bloomberg TV y poco antes del primer colapso del peso, Hasenstab había definido a la Argentina como una "compra de largo plazo", lo que explica su decisión de pasar a ser ahora el principal acreedor del país con unos u$s6.450 millones en papeles argentinos, dejando atrás los u$s5.200 millones de PIMCO -que por alguna razón no participó de la operación; en rigor desde febrero están reduciendo su exposición al país-. Claro que en esto también entran sus pobres resultados de los últimos años (de fin de 2013 al viernes pasado ganó 3,94%, debajo del 5,5% del JP Morgan Global GBI Unhedgeded -uno de los parámetros más apropiados de comparación- y del 12,2% que dejaron los Treasuries a 10 años) y su costumbre de apuestas fuertes, que en el paso le rindieron buenos resultados (compra de bonos en moneda local de Hungría -u$s3.000 millones- e Irlanda -u$s2.500 millones- en 2012 y Ucrania -u$s6.500 millones- en 2013).
De todas formas, como los fondos -los grandes administradores internacionales de carteras- no hacen favores, la decisión de colocar dinero al 19%/20% anual a mediano plazo (en BOTE) y no al 40% a corto plazo (en Lebac) no dejó de sorprender a más de uno. Si Templeton y Black Rock lo hicieron es porque sabían/esperaban que así ganarían más dinero. En casos como el argentino, esto solo resulta posible teniendo alguna garantía/promesa que durante la vida de la inversión el dólar estará debajo del nivel en que se cambió inicialmente la divisa por pesos o que el billete se mantendrá dentro de una franja que torne positivo -en dólares- el retorno a percibir. En castellano "vender billete caro" -¿al mejor precio de aquel día 15 y luego de la suba "anormal" del 14?- comprando BOTE, con la seguridad a partir de ahí de "atraso cambiario". En este sentido, el viernes 8 en una reunión que mantuvo con banqueros el entonces ministro de Finanzas, Luis Caputo, habría dado por sentado que tras el acuerdo con el FMI el dólar bajaría a los $23 y les advirtió: "Los que compren a $25 van a perder mucha plata".
Promesas o no promesas, con el dólar arriba de $28 el que por ahora parece haber perdido mucha plata es Hasenstab que con la compra de los BOTE estaba el viernes u$s211 millones abajo, esto sin contar los u$s6 millones que podría haber ganado con Treasuries y el 1,36% que pierde su Global Fund desde entonces. Sin dudas que Cañonero -factótum de la operación- hace bien en dejar su trabajo en el sector privado...
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