2 de junio 2010 - 00:00

El descanso no atemperó el disgusto

El descanso no atemperó el disgusto
Hay veces en que uno no puede sino maravillarse por la falta de oportunidad de algunos. Encarar cualquier acción armada que ponga en juego la poca cohesión que les queda a los líderes del mundo sólo merece el peor de los escarnios de cualquier persona de bien. Nadie puede acusarnos de haber sido demasiado optimistas sobre la apertura de la rueda de ayer, lo que encontró más justificativos con el anuncio del BCE que las entidades bajo su control incrementaron sus desaguisados en u$s 240.000 millones, datos poco auspiciosos sobre el crecimiento chino y el sorpresivo incremento de las tasas canadienses. Esto no significa que no apreciáramos el 0,81% que ganaba el Promedio Industrial hacia las dos de la tarde ayudando a neutralizar lo que había sido una baja de casi un 2% en las Bolsas europeas y el desplome del euro a u$s 1,211 (los movimientos exagerados del mercado rara vez son buenos). Sin embargo, cuarenta minutos antes del cierre, las blue chips volvieron a entrar en terreno perdedor y cuando sonaba la campana de cierre, el Industrial retrocedía un 1,11% a 10.024,02 puntos. Revisando el resto del espinel, vemos que los commodities retrocedieron un 1% (con excepción del oro, que trepó un 1,04%), el dólar se apreció un 0,3% frente a las principales monedas y que la tasa a 10 años descendió al 3,296%. La combinación de estos datos nos permite decir que no hubo nada parecido al pánico, pero es claro que tampoco tuvimos nada parecido al optimismo. Podríamos achacar el mal cierre a los disparos del Líbano a aviones de guerra israelíes que sobrevolaron su territorio, pero esto -que tiene que ver más con el desprecio humano que con el mercado- pasó también la otra semana. Si tuvimos una baja fue porque se sigue desconfiando.

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