El desempleo está entre nosotros

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Es hora de comenzar a preocuparse por el empleo. En poco tiempo el «efecto jazz» se extenderá desde la producción a la ocupación, puesto que -aunque algunos lo ignoren- la demanda de trabajo se deriva de la demanda de productos y servicios. Cuando la actividad cae, el mercado laboral reacciona en forma rezagada sobre precios y cantidades, tanto demandados (por las empresas) como ofrecidos (por los individuos y familias). Se podrá ignorar y eventualmente ocultar el hecho por un tiempo, pero no sus consecuencias. Las autoridades parecen haber decidido ocultar el problema, manipulando información de empleo y desempleo. Es bueno sin embargo que no ignoren su existencia, dado que la recuperación futura dependerá en buena medida de las señales de política que se den durante la recesión. Naturalmente que las políticas públicas dependen de la percepción de las propias autoridades de la profundidad y duración de la recesión, de su capacidad en materia de instrumentos de política, y del horizonte temporal sobre el cual estén adoptando decisiones. Limitada capacidad, impotencia instrumental y debilidad política pueden combinarse para transformar una recesión en algo más profundo y duradero.
Veamos en primer lugar los datos, que indican que enfrentamos un problema inminente en empleo. La relación directa y sin rezago entre cambios en el nivel de actividad y cambios en la ocupación, o lo que podría ser la inversa de la elasticidad, mostraba hasta el tercer trimestre del año una tendencia inequívoca. Cada punto de aumento del PBI se asociaba cada vez con menor empleo adicional, tanto en la encuesta de hogares como en los otros indicadores disponibles (construcción e industria). Con una elasticidad ya en torno de 0.2 a mediados de 2008, un crecimiento menor al 5% daba lugar a una creación neta de empleo inferior al crecimiento habitual de la población activa, y por lo tanto aumentaba el desempleo.
¿Qué indican los datos al cuarto trimestre? En primer lugar la información sectorial es consistente con una caída del empleo privado en todos los sectores líderes, en particular construcción, industria, agro y probablemente sector financiero. De modo tal que el empleo total podría haber crecido muy poco, con caída en el empleo formal. Eso implica una elasticidad de empleo ligeramente positiva, con aumento de la participación del empleo informal. Las manipulaciones de la EPH evitan mostrar la caída agregada del empleo, pero indican un aumento de la tasa de actividad y del empleo informal. ¿Qué deberíamos esperar en el comienzo de una recesión?
Durante las recesiones en general la elasticidad de empleo se vuelve nula o ligeramente negativa: el producto cae, pero el empleo informal eventualmente crece y -si los salarios reales caen- el empleo formal se puede sostener algún tiempo, sobre todo si la recesión es corta. Hay excepciones a este comportamiento. Durante el tequila (1995) el empleo cayó junto con el PBI (elasticidad positiva), probablemente por la dificultad legal para ajustar a la baja salarios nominales en una economía dolarizada. También durante 2002 la elasticidad fue positiva, en este caso con una caída del PBI de tal magnitud que arrastró también toda forma de empleo, formal o informal. ¿Qué pasaba en el cuarto trimestre de 2008, y qué deberíamos estar esperando en términos de elasticidad-PBI del empleo? Con salarios reales que todavía crecían -aunque débilmente- en el sector privado formal, y fuertemente en el informal, la elasticidad empleo debería ser baja, cercana a cero, pero difícilmente negativa. Con el PBI creciendo en términos interanuales alrededor del 2% (el 4,9% oficial está groseramente sobreestimado), el aumento del empleo total fue seguramente muy débil, más allá de compararse contra un cuarto trimestre del año anterior también muy débil.
Para entender qué ocurre con el desempleo vamos a detenernos un minuto ahora en el lado de la oferta laboral. En este caso no tenemos aún fuentes alternativas a la EPH para evaluar lo que ocurre. Los datos de la EPH, si no fueron manipulados, indican un brusco aumento de la tasa de actividad. Esto es lo que podría esperarse de un escenario en el cual las expectativas de los agentes económicos son de una caída futura del empleo e ingresos familiares (efecto ingreso, en parte observado en caída de horas extras y suspensiones), combinado con un aumento transitorio en los salarios reales. El cóctel es potente y capaz de generar un aumento de la oferta, o sea incorporar más población al mercado laboral. Debemos entender que este aumento de la oferta no es un fenómeno exógeno: es un signo de estrés de las familias, que reaccionan para proteger sus ingresos, a costa de sacrificar tiempo a otras actividades (estudiar, tiempo fuera del mercado).
¿Qué esperar entonces a partir de 2009 en materia de oferta laboral? Aunque el comportamiento de la oferta es volátil, es probable que una economía en la que aumenta el desempleo y los salarios reales ajustan débilmente, tenga una presión mayor de oferta, y por lo tanto muestre mayor desempleo para cada nivel de la tasa de empleo.
¿Qué decir de la demanda de empleo, neto de lo que ocurra con los planes sociales y el empleo público? Una política salarial neutra o que permita una caída débil de los salarios reales (lo que está por verse), podría tornar negativa la elasticidad empleo. Con los márgenes habituales, eso no impide una caída del empleo en 2009. En efecto, la elasticidad negativa de mayor valor absoluto (-0,69) se registró en 1988 y en 1999, el primer episodio con un desplome de los salarios reales, el segundo con la expectativa de una rápida salida de la recesión. En 2009 no enfrentamos estos escenarios. Con una caída modesta esperada de los salarios reales, y sin recuperación a la vuelta de la esquina, la elasticidad difícilmente se volverá negativa, y aun en este caso el mínimo (dada la experiencia argentina) no superaría el -0,10; es decir que con una caída del PBI, el empleo total debería caer, o en el mejor de los casos crecer débilmente, básicamente por aumentos del empleo informal y público. Naturalmente con una caída del PBI mayor al 3% que se prolongue en el tiempo, no hay alternativa a caídas pronunciadas tanto en los salarios reales como en el empleo.

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