15 de octubre 2015 - 00:24

El día después que organiza el Gobierno

Actividad hasta el último día. Es la orden que bajó el kirchnerismo y que, por ahora, va dando indicios que será cumplida. La madrugada del 25 de octubre dirá si se consagra un presidente electo o si habrá que esperar al balotaje para saberlo. En el medio, el Gobierno tiene agenda propia alejada de la campaña y más cerca del color que pretende darle a la transición que terminará el 10 de diciembre.

En esa agenda hay algunas fechas que ya fueron pactadas. La primera es la votación del Presupuesto Nacional, sólo tres días después de las elecciones. La Presidente resolvió también que el próximo mandatario siga gozando de los superpoderes de la Emergencia y le garantizó otro regalo: que las provincias no pueden presionarlo por dos años para sacarle a la Nación la parte que les corresponde del impuesto al cheque.

Cristina de Kirchner quiere irse del poder utilizando hasta el último minuto cada herramienta disponible. No existe norma alguna -quizás otro defecto más para poner en la lista de críticas a la Constitución de 1994- en la organización del Estado que indique protocolo alguno para la transición, sobre todo en materia económico-financiera. No lo dice la Ley de Administración Financiera del Estado, aunque sí existen normas prácticas sobre la rendición de cajas en cada área cuando se pasa de una administración a otra.

Un caso típico de ese problema es el Presupuesto Nacional, ley que ha ido cayendo en la categoría de abstracta en cuanto a su aplicación real, pero que sirve como esqueleto mínimo de ordenamiento de las columnas de gastos y recursos para que, sobre ellas, el presidente y su jefe de Gabinete emitan decretos de necesidad y urgencia y resoluciones a destajo modificando el destino de partidas o, en el caso más grave, aumentando el nivel de gasto total sin pedir autorización alguna al Congreso. Unos son los hijos de los otros: si existen los DNU es porque existe un Presupuesto inútil que justifica la violación. Así es el juego desde hace más de una década y lo seguirá siendo.

Cristina de Kirchner dio la orden hace tiempo de avanzar con el Presupuesto 2016 con la redacción que armó Axel Kicillof. Con eso confirmó que no se privaría de votar su último Presupuesto, aunque ni uno sólo de sus artículos tuviera incidencia alguna en la que resta de su Gobierno y sí en el que viene. Obligó así al próximo presidente a un ejercicio inevitable: si quiere su propio Presupuesto 2016 tendrá que hacérselo por decreto.

El pedido de la oposición en Diputados para que el debate del proyecto se demorara hasta conocer al nuevo presidente sonó siempre más como una ironía que un pedido real.

La señal estaba dada desde hacer tiempo, aunque la velocidad de la votación realmente sorprendió. Tras el voto en Diputados hubo dictamen en el Senado y habrá votación, por pedido y decisión de Miguel Pichetto, el 28 de octubre. Es el primer acto concreto convocado después de las elecciones.

Si el resultado del 25-0 da balotaje, el recinto del Senado ese miércoles será una batalla campal en medio de una campaña hacia el 22 de noviembre que será feroz. Si hay presidente electo, todo indica que la oposición entrará de cabeza gacha acatando lo que sea. En cualquiera de los dos escenarios el Gobierno actual tendrá lo que pidió.

Hay otros casilleros en esa agenda del kirchnerismo post 25-0. Cristina de Kirchner tiene que viajar a la Cumbre del G-20 en Antalya, Turquía, donde Recep Erdogan prepara una puesta en escena cinematográfica que lo ayude también a lavar sus presiones internas.

El tramo de presidentes en el G-20 será entre el 15 y el 16 de noviembre. Si finalmente hay balotaje, Cristina de Kirchner puede suspender esa visita y enviar una delegación presidida por Héctor Timerman. De lo contrario participará y será ése el primer test, a 25 días del traspaso del mando presidencial, sobre cómo marcha el minué de la transición. Ese viaje será, además, el preámbulo internacional de la despedida que La Cámpora organiza en Buenos Aires la última semana de noviembre y la última vez que el Tango 01 vuele cielos extranjeros llevando a la Presidente.