Una vez más el mercado financiero nos mostró lo poco que le interesan las novedades de eso que alguien definió como la economía real y de la mano de las últimas declaraciones del presidente de la Fed respecto de su intención de seguir emitiendo dinero para salir de la actual crisis y no caer en una recesión, se las arregló para remontar lo que en la primera media hora de operaciones alcanzó a ser un retroceso del 0,48%, haciendo que el Dow terminara la jornada cediendo un más acotado 0,16% al cerrar en 11.555,03 puntos (el NASDAQ y el S&P 500 finalizaron el 0,06% del lado ganador) y al borde de marcar la mayor suba para diciembre desde 1991. A pesar de la terrible tormenta que estuvo asolando toda la costa este y que obligó a muchísimos operadores e inversionistas a practicar el home office (lo que no alcanza a explicar por qué apenas se negociaron ínfimas 467 millones de acciones), el sorpresivo -pero no inesperado- anuncio chino de elevar las tasas en un 0,25% al 5,81% anual (y los depósitos al 2,75% anual) para tratar de contener la escalada inflacionaria que ya comienza a generar algunos problemas sociales entre los más pobres (se lanzaron planes de incremento en la producción de alimentos y fuertes campañas de fijación de precios y contra los acaparadores y especuladores), no hizo más que sembrar dudas sobre la eficacia del Gobierno comunista para frenar la huida de capital hacia las inversiones más riesgosas. Si bien no acaparó los titulares, es difícil olvidar el fracaso de la licitación de letras a tres meses que intentó colocar el banco de China durante el día de la Nochebuena (el segundo fracaso en menos de un mes). No debiera sorprender demasiado si decimos entonces que el precio del petróleo retrocedió a u$s 91 por barril y que el del oro trepó al 0,17% a u$s 1.382,4 por onza, afectando a las cotizantes vinculadas. Por una cuestión de prudencia preferimos no adelantarnos y pensar que recién mañana el mercado volvería a su carril normal.
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