19 de mayo 2011 - 02:48

El economista del mes: "El Gobierno no teme que inflación se espiralice"

En la tradicional entrega de El Economista del Mes, en esta oportunidad el análisis de la coyuntura estuvo a cargo de Federico Thomsen. Este exdirectivo del ING Bank hoy dirige la consultora E.F. Thomsen y opina que la política económica necesita ajustes, pero no una gran devaluación ni cambios espectaculares para que la economía del próximo Gobierno llegue bien a 2015.

El economista Federico Thomsen advierte que el BCRA se guía por teorías de los 60 y los 70 que no dieron resultado y terminaron en hiperinflación.
El economista Federico Thomsen advierte que el BCRA se guía por teorías de los 60 y los 70 que no dieron resultado y terminaron en hiperinflación.
1 ¿Tenemos que estar preocupados por la situación fiscal?

Aunque la Argentina todavía muestra una foto mejor que la de muchos países, en los últimos años se consumió el superávit fiscal por el fuerte crecimiento del gasto público. Gracias a la estatización de las AFJP y a una ayuda creciente del Banco Central se ha podido mantener cierto equilibrio. Hay que interrumpir esta tendencia negativa. Para esto no hace falta un «ajuste» dramático, sino limitar el crecimiento del gasto a una tasa menor que el crecimiento de los recursos. Hay que liberar al Banco Central del rol de financista del Gobierno, porque esto siempre es peligroso para la estabilidad monetaria. Siempre se dice que hay que empezar por recortar los subsidios a la energía que benefician a los «ricos». Si fuese así, seguramente el Gobierno los habría recortado hace rato. La verdad es que un gran beneficiario de estos subsidios son las clases medias, que no sólo pesan por su voto, sino, casi más importante, porque son las que determinan la agenda de discusión en los medios. Desarmar este esquema de subsidios requiere un plan inteligente y una «muñeca» política que todavía no estuvieron en evidencia. Pero habrá que hacerlo tarde o temprano. Seguramente no ocurrirá antes de las elecciones. Por supuesto, también habría que evaluar la eficiencia y la justificación de todo el gasto público argentino, incluyendo el gran crecimiento del empleo público en estos años. Creo que ahí hay muchísima tela para cortar. Pero ésta es una tarea ardua y antipática que dudo que el mundo político quiera encarar sin una crisis fiscal en el horizonte.

Un aspecto favorable es el desendeudamiento público de estos años, en buena medida producto del rechazo kirchnerista a someterse a las auditorías (y sermones) del FMI o de Wall Street y a pagar tasas de interés altas. La deuda pública a acreedores privados es de alrededor del 20% del PBI, un número que pocos países pueden mostrar. Esto da un margen de maniobra interesante si en algún futuro se quisiese recurrir al mercado internacional de capitales.

2 ¿Hasta cuándo aguanta este tipo de cambio?

No sólo el peso se aprecia en términos reales contra el dólar y, en menor medida, contra el euro. A muchas monedas de países emergentes les pasa lo mismo, debido a las políticas monetarias del mundo desarrollado y los precios de los commodities. Es más, Brasil, que siempre recibe tantos elogios, está experimentando una apreciación de su moneda aún más fuerte que la Argentina. Los gobiernos no pueden hacer mucho para contrarrestar esta tendencia. Eso sí, pueden elegir si la apreciación ocurrirá a través de una variación del tipo de cambio o a través de inflación o, por supuesto, una mezcla de ambos. En Brasil, por ejemplo, en los últimos doce meses, el real pasó de 1,8 a 1,6 por dólar, con una inflación, preocupante para ellos, del 6,5%. La Argentina, con una similar presión hacia la apreciación, no sólo no permitió que el peso se revalúe nominalmente, sino que hizo que se devalúe. Por lo tanto, todo el «trabajo» apreciador queda a cargo de la inflación. Y así es que tenemos una inflación del 22%, según las provincias de Santa Fe y San Luis.

No veo que la solución a este problema pase por algo tan simple como una devaluación tradicional. Se devalúa cuando el mercado está presionando hacia una depreciación de la moneda y el Gobierno cede ante esta presión. Pero esto no es lo que está pasando ahora. Los Gobiernos tanto de Brasil como de la Argentina están tratando de evitar una apreciación, no una depreciación, de sus monedas. Si dejaran de intervenir, lejos de devaluarse, sus monedas se revaluarían.

Sospecho que el peso continuará apreciado contra el dólar, y que incluso se apreciará más, con las consiguientes dificultades para los exportadores y para los que enfrentan la competencia de productos importados. Más allá de alivios limitados y temporales que les pueda dar el Gobierno, no tendrán más alternativa que aumentar al máximo su productividad para sobrevivir.

3 ¿Por qué todos ajustan y suben la tasa de interés menos la Argentina?

Evidentemente, las autoridades no le tienen miedo a una espiralización de la inflación y le ven más beneficio que costo. Las encuestas muestran que la mayoría todavía no está preocupada por el alza de los precios. La inflación aumenta la recaudación (al no haber indexación de balances ni de exenciones) y licua la deuda pública en pesos. Además, permite manejar en forma «simpática» el gasto público, aumentándolo más o menos que la inflación, sin tener que reducirlo nominalmente. Pero, por otro lado, desde la crisis 2001/02 en la Argentina hay una gran desvalorización de la ciencia económica etiquetada como «ortodoxa». Así reaparecieron acá teorías sobre la inflación que estuvieron en boga en los años 60 y 70. Según estas teorías, que hoy rigen la acción del BCRA, la inflación se debe a «cuellos de botella» en la economía. Para removerlos con mayor inversión, la autoridad monetaria expande el crédito y mantiene tasas de interés muy bajas. Por seguir una teoría así, la Argentina, con una de las tasas de inflación más altas del mundo, está «echando nafta al fuego» con agregados monetarios creciendo a casi el 40% anual. Aunque en el mundo hay fuertes debates entre economistas «monetaristas» y «keynesianos», para describirlos en forma simple, ninguno recomienda que una economía que crece al 6%-8% con una inflación por encima del 20% aplique una política monetaria tan expansiva como ésta.

Por lo tanto, cuando éste u otro Gobierno decida bajar la inflación (y cuanto antes lo haga, mejor), no sólo tiene que tomar la decisión política. También habrá que dejar de lado teorías económicas equivocadas. Una condición necesaria para el éxito será tener un Banco Central que quiera y pueda implementar una política monetaria muchísimo más moderada que la actual. Y esto incluirá, nos guste o no, tasas de interés por encima de la inflación.

4 ¿El modelo K ya se agotó o aún tiene resto?

Aunque se usa la expresión todo el tiempo, creo que no existe un «modelo». Si nos referimos a la «macro», lo que hay es un conjunto de medidas, no siempre coherentes entre sí, muchas de ellas adoptadas antes de las presidencias Kirchner: el default, la flotación del peso, la pesificación de la economía, las retenciones a las exportaciones agropecuarias, entre otras. Debido a los altos precios internacionales de nuestros commodities, se recuperó competitividad, volvió el crecimiento y se pasó de déficit a superávit fiscal. Aprovechando esto, Néstor Kirchner redujo el endeudamiento con el sector privado y acumuló reservas internacionales. De esto va quedando poco: la competitividad en dólares, el superávit fiscal, el crecimiento de las reservas internacionales, la inflación de un dígito, van quedando como un recuerdo. No hay un modelo agotado porque nunca hubo un modelo, pero sí hay una necesidad creciente de adoptar nuevas medidas. Sería bueno empezar ya mismo, cuando todavía no hay una crisis en el horizonte. Pero, francamente, no veo gente en el Gobierno trabajando en esto.

Si examinamos la «micro» del supuesto modelo, veo muchas medidas que fueron, y siguen siendo, muy malas. Mucho de lo que se ha hecho en el sector energético y en el agropecuario, los controles arbitrarios de precios y al comercio exterior, el proteccionismo burdo, la manipulación de estadísticas económicas y la intimidación de consultores privados, las intervenciones y la falta de llamados a concurso en entes reguladores y de control, son parte de un conjunto enorme de medidas imposibles de defender técnicamente. Aunque el fracaso de muchas de ellas está a la vista y todas contribuyen a empobrecer el clima de negocios, no veo intención alguna del Gobierno de revisarlas. Más bien, algunas parecen estar aumentando. Por ejemplo, las restricciones a las importaciones y el ridículo requerimiento de que algunos importadores balanceen su comercio exterior exportando por el monto que importan.

Todo esto es una lástima, porque creo que el país enfrenta grandes oportunidades y estaría en buenas condiciones de aprovecharlas.

5 ¿Es mejor que siga Cristina y haga las correcciones necesarias o que las haga otro Gobierno?

Aunque por muchos otros motivos desearía un cambio de guardia, desde un punto de vista estrictamente económico, lo importante es que las medidas se tomen, no quién lo haga. Claro que se podría argumentar que es más difícil hacer cambios para quien ha estado ocho años en el poder que para alguien nuevo. En este sentido, es preocupante no ver dentro del oficialismo un gran interés por revisar sus políticas ni por escuchar opiniones distintas. Néstor Kirchner dijo en su momento que él sería su propio ministro de Economía y, de hecho, lo fue, tanto de su Gobierno como del de su esposa. Desde su fallecimiento se percibe una falta de coordinación en esa área y eso es preocupante. Pero también podría argumentarse que algunos candidatos de la oposición no tienen experiencia en cargos ejecutivos ni parecen tener una visión muy distinta de la economía de la del oficialismo. Como sea, tanto Cristina de Kirchner, si resultase reelecta, o quien la suceda, debería hacer cambios en la política económica significativos, pero no necesariamente espectaculares, para que la economía llegue bien a 2015.

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