"El Estado no debe ser el socio bobo en empresas de vivos"

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• Entrevista a Carlos Rodríguez (UCEMA).
• «Los Kirchner no generan pánico», dice.
• Critica a Cavallo y a Lavagna

Carlos Rodríguez, rector de la Universidad del CEMA, aseguró que «el Estado no debe ser, como ya fue, un socio bobo en empresas de vivos», en referencia a la designación de más directores en compañías donde participa la ANSES. Señaló además que no considera que haya un fuerte problema inflacionario porque no hay déficit y porque las paritarias están controladas. A 20 años de la creación de la convertibilidad, el exviceministro de Economía de Roque Fernández aseguró que no era posible terminar con ese sistema en 1997 (como repite Domingo Cavallo). Y que el exministro fundador del uno a uno nunca habló de cómo salir de la convertibilidad hasta que volvió al Gobierno en 2001.

Periodista: En la UCEMA calculan una canasta de gastos que es mucho más alta que la que difunde el INDEC. ¿Tuvieron cuestionamiento del Gobierno como algunas consultoras?

Carlos Rodríguez: No, en absoluto. Nuestra canasta (la de los precios para ejecutivos) fue hecha como una actividad de extensión del Centro de Economía aplicada de la UCEMA. Son actividades que la CONEAU nos exige como interacción con la comunidad. Ése fue el objetivo de nuestro estudio y también proveer

de una canasta con gastos de artículos y servicios que no incluye el IPC, tomados de barrios de alto poder adquisitivo. Nunca el objetivo fue entrar en una discusión de si el INDEC miente o intentar duplicar el IPC. De hecho, la universidad no obtiene los precios. Nosotros contratamos a FIEL, que a la vez subcontrata a los encuestadores. Es una economía de escala.

P.: ¿Las subas que muestra esa canasta están más cerca del INDEC o de las consultoras privadas?

C.R.: Muchas veces nos da mucho más bajo que otras consultoras privadas. Hay meses que nos da más alto, porque es cuando suben las cuotas de los colegios privados, el turismo, las prepagas o los servicios del hogar. Hace cinco o seis meses que está estable, aunque las expectativas de la gente son que todo explota. Nuestra canasta está en un 21% anual, cuando hace cinco meses estaba en un 23%. Esta información no la usamos políticamente, y mostramos las series. El problema de la inflación es otro. Sin déficit fiscal no hay hiperinflación que valga. Hay inflación en la Argentina por el fenómeno de las paritarias, el mismo tipo que tuvieron Uruguay y Chile, en los 50 y 60, la llamada espiral de inflación-precios. Y ninguno de esos países explotó. Se estabiliza en algún lugar, dependiendo de la paciencia política frente a los sindicatos.

P.: Si es por las paritarias, este año los reclamos son altos.

C.R.: Sí, pero se pide un 24% de aumento, no un 300%. Algunos sindicatos llegan a pedir un 40%, pero consiguen un 32% a pagar en cuotas, a un año y medio. Así que, en realidad, el aumento es del 24%. Yo no veo ninguna presión mientras no haya déficit fiscal o pánico en cuanto al dólar, cosa que no debería pasar cuando tenemos los mejores términos de intercambio de la historia, superávit en la balanza comercial, estamos pagando la deuda. Y esto no es un elogio del Gobierno, sino una descripción de la realidad. Los Kirchner ya fueron reelectos y no hubo crisis. A mucha gente puede no gustarles, pero no generan pánico económico. Sí hay un riesgo institucional que tiene un costo social de mucho más largo plazo.

P.: Si no hay un problema inflacionario, ¿por qué la manipulación del índice oficial?

C.R.: El problema del IPC lo originó Roberto Lavagna, que reestructuró buena parte de la deuda externa con títulos indexados al IPC en un momento en el que estaba cantado que el tipo de cambio iba a apreciarse. Es un error de criterio que con un tipo de cambio alto, al cual sólo le queda caer (es decir que los precios argentinos suban más que el dólar), se reestructure la deuda atada a los precios. Así se genera todo tipo de incentivos (para describirlo de alguna forma) para que el IPC suba poco. Después de que los sindicatos pidan un 40%, no importa, mientras que el IPC sea del 10%.

P.: A pesar de eso, no hay juicios masivos de acreedores que consideren que el IPC está manipulado y que tendrían que cobrar más por los bonos.

C.R.: Lo que pasa es que todavía, con el 10% o el 12% en dólares que pagan los títulos argentinos indexados al IPC, se les está dando un interés muy importante. Por supuesto que yo no justifico falsificar un dato, pero realmente ningún acreedor internacional ha hecho un solo juicio. Por eso, el Gobierno argentino jamás va a reconocer que no hay un índice genuino, porque eso implicaría juicios. Las reacciones semiviolentas contra las consultoras que hacen estimadores del IPC muestran que hay un problema. No puede venir un Gobierno y decir que en los últimos cinco años se calculó mal el IPC y que los intereses no eran 10, sino 300. Ahí se darían juicios y puede haber una corrida cambiaria. Igual, no puedo pensar que sea castigable que alguien estime un índice. Puedo estar en desacuerdo con la metodología del Gobierno. Si no, ¿por qué no castigamos a los encuestadores políticos, que pueden confundir al público?

P.: ¿Cómo ve los nombramientos de más directores del Gobierno en las empresas donde participa la ANSES?

C.R.: La esencia del capitalismo es que los inversores en el mercado tienen que tener derecho a voto en el manejo de las empresas en las cuales invierten. Si el empresario quiere conseguir buena plata en el mercado de capitales y más barata, emite acciones con derecho a voto pleno. Si la acción la tiene la ANSES y le quiere poner un director, pues así son las reglas del juego. El problema es que se cambiaron las reglas en mitad del partido. En los 90, se puso un límite del 5% al derecho a voto y bajo esas condiciones se emitió un montón de acciones. Ahora, con un decreto de necesidad y urgencia, se eliminó ese límite. Pero las acciones ya habían sido emitidas. Si el límite no hubiera existido, a lo mejor esas acciones hubieran sido emitidas con límites diferentes. Eso es lo criticable. Pero el hecho de que el Estado, dueño de las acciones, participe en las decisiones es correcto. El Estado no debe ser, como ya fue, un socio bobo en empresas de vivos que le toman la plata y no le dan los dividendos. Tiene la obligación de controlar que los directivos de la empresa donde se invirtieron fondos previsionales no estén vaciando los dividendos.

P.: ¿Cree que la elección de los directores fue correcta?

C.R.: Bueno, ahí está el tema. Toda esa operación de contralor de los fondos previsionales de los argentinos no tiene que estar politizada. Debería haber un organismo profesional apolítico que represente al Estado en los directorios de las empresas. No tendría que estar incluido por representantes del Congreso y del Poder Ejecutivo, porque eso es una forma de seguir dándoles puestos a políticos desocupados. Tienen que ser técnicos en un organismo autárquico.

P.: Acaban de cumplirse 20 años de la convertibilidad. Domingo Cavallo culpa al equipo que usted integró por no haber salido a tiempo del sistema. ¿Cómo lo explica?

C.R.: Eso me indigna. Él fue el creador de la convertibilidad en 1991 y su destructor en 2001. En el medio lo echaron. Cavallo dice que los períodos en los que él estuvo, la convertibilidad funcionó bien y cuando no estaba tendría que haberse terminado con ella. Dice que 1997 (cuando integré el equipo de Roque Fernández) era el momento óptimo para salir de la convertibilidad, porque estaban entrando capitales. Si hubiéramos flotado el peso, dice Cavallo, la moneda se hubiera apreciado. Yo me pregunto por qué no lo hizo él en 2001.

P.: Porque en ese momento estaban saliendo capitales en vez de entrar.

C.R.: Eso contestaría él. Pero la verdad es que en 1997 estaban entrando capitales justamente porque había tipo de cambio fijo. SI hubiéramos flotado, se habría armado un descalabro que la sociedad nos quemaba vivos. Si flotábamos la moneda, generábamos una crisis de confianza, le sacábamos el seguro de cambio, destruíamos la caja de conversión que existía y hay que acordarse de que teníamos un sistema bimonetario con créditos y débitos fijados en dólares, casi nada en pesos. Así, la plata se hubiera empezado a ir. En 1997, si había una queja en contra del modelo era que había atraso cambiario.

P.: ¿Cuando llegó Roque Fernández a sucederlo, Cavallo había dejado la idea de salir de la convertibilidad como lo explica ahora? C.R.: Jamás lo escuché. Recién en 2001 dijo que el objetivo final de la convertibilidad era la flotación libre. Y en el momento en que él dijo eso, se fue todo al diablo. Fue su culpa. Fue llamado al Gobierno para restablecer la confianza y avisa que su objetivo es flotar, y encima pide plata.

Entrevista de Florencia Lendoiro

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