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“El estilo de Brasil deja ser más libre”
Beto Caletti: «Yo me siento un músico haciendo mi propia música, no ‘la música de Brasil’, aunque los rótulos a veces sean inevitables».
Caletti se prepara para presentar su nuevo álbum, «Bye Bye Brasil» con varios conciertos: Café Vinilo el 11 de junio, Ciudad vieja de La Plata el 12, el teatro de la Cova de Martínez el 8 de julio y Notirious los viernes 15 y 22 de julio.
Periodista: ¿Hay cuestiones familiares o personales que lo hayan llevado a establecer una relación tan íntima con esa música?
Betto Caletti: No, para nada. Me fue atrayendo esa libertad, esa búsqueda de «mestizaje». Desde lo brasileño puedo jugar con el jazz, con lo clásico; y con el tiempo eso se me fue haciendo algo natural. Lo cierto es que, pasados ya unos veintipico de años de trabajo, y con posterioridad a un camino trazado por Agustín Pereyra Lucena en tiempos del boom de la bossa nova, es uno de los más importantes referentes argentinos de la música de Brasil en nuestro país. Pero más allá de circunstancias que me han ido llevando hacia ese mundo sonoro, ante todo yo me siento un músico. Y si no estuviera cantando, quizá hubiera sido músico de jazz.
P.: Una buena parte de lo que usted interpreta es de su propia creación. ¿Compone porque el cantante necesita repertorio o el intérprete se «arreglaría» de igual modo sin sus composiciones?
B.C.: Ante todo, yo me siento un compositor. En algún momento, elegí este modo brasileño de escribir canciones y mi voz y mi guitarra fueron un instrumento para hacerlas sonar. Me interesa mucho lo que dicen las palabras -nunca digo cualquier cosa, aunque sea en portugués y no todos entiendan exactamente cada palabra-, pero la música está para mí siempre en un primer plano. De todos modos, ahora estoy empezando a sentir la necesidad de que se entienda todo lo que digo. En mi último CD, «Bye Bye Brasil» -como el nombre de una canción de Roberto Menescal y Chico Buarque que está incluida- puse una canción mía en castellano, la primera que incluyo después de siete discos.
P.: ¿Podemos encontrar además una sugerencia a futuro en el nombre de su nuevo álbum?
B.C.: Eso no lo sé. Sí sé que no me gusta detenerme y que me gusta ir incorporando cosas, cambiando, para poder expandirme hacia otros repertorios.
P.: ¿Cómo explicaría «Bye Bye Brasil»?
B.C: Es un disco con un sonido brasileño más o menos clásico, probablemente menos pop que otros que hice antes, en el que la guitarra -mía doblada o con otros guitarristas invitados- tiene un peso muy importante, con un repertorio básicamente mío además de una canción de Tom Jobim, otra de Cartola y «Bye Bye...», que tiene a Roberto Menescal como invitado de lujo en su composición, y que contó también con la participación de amigos músicos de diferentes lugares, como Agustín Pereyra Lucena, Dense Pinaud, Marcelo Torres, Osvaldo Belmonte, Marcos Archetti y Diego Alejandro.
P.: ¿Cómo reciben su trabajo en Brasil?
B.C.: Si me guío por lo que han dicho Iván Lins o el mismo Menescal, diría que maravillosamente. Muchos perciben que hay respeto en lo que hago y les gusta. Otros, como siempre pasa, se sienten ofendidos en su nacionalismo y no lo disfrutan del mismo modo. Igualmente, insisto, yo me siento un músico haciendo mi música, no «la música de Brasil». De modo que me tienen sin cuidado esos asuntos. Como músico, me interesa mantener un estilo, tanto como compositor cuanto como intérprete, y que sea a partir de la música brasileña es sólo una circunstancia. Yo sé que en eso de los rótulos, el de lo brasileño es el que me cabe más cercanamente, pero eso no me priva de hacer un candombe o una chacarera; de hecho también me siento estéticamente muy cerca de mucha música del Uruguay. De igual modo, si toco un choro seguro que tiene que ver con mis tiempos de guitarrista clásico y con la música de Villa-Lobos, y no estará ausente en mis arreglos mi gusto por la música impresionista de Debussy o Ravel.
P.: En cualquier caso, la canción como formato parece ser su línea más permanente.
B.C.: Por supuesto. Me gustan las canciones de muchos repertorios y, con seguridad, muchas de las que más admiro son las de Jobim, justamente porque incorporó elementos de otras músicas. Disfruto de las canciones que suenan frescas, que tienen algo renovador, que no son forzadas. Entonces, no importa de dónde vienen ni a qué repertorio pertenecen. Por eso me gusta Horacio Molina cantando tangos, o admiro la perfección de las canciones de Leo Maslíah. Sin que por eso deje de escuchar a Bach, a los impresionistas o a un pianista genial como McCoy Tyner.
Entrevista de Ricardo Salton


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