14 de diciembre 2009 - 00:00

El ex presidente que recicló su figura

Eduardo Frei atravesó muchos momentos difíciles en su gestión como presidente (1994 y 2000), lo que contribuyó para que se convirtiera en el ex mandatario menos popular de la Concertación. El 17 de enero tendrá su chance de revancha.
Eduardo Frei atravesó muchos momentos difíciles en su gestión como presidente (1994 y 2000), lo que contribuyó para que se convirtiera en el ex mandatario menos popular de la Concertación. El 17 de enero tendrá su chance de revancha.
Santiago (enviado especial) - Las encuestas y los resultados electorales venían marcando hace tiempo un declive en la identidad del electorado con la marca Concertación. Se necesitaba «recrear la mística» y mostrar nuevos liderazgos. Le tocó asumir el desafío, tras un proceso de elecciones internas algo sombrío, a Eduardo Frei Ruiz-Tagle, quien ejerció el segundo mandato presidencial de la democracia, entre 1994 y 2000.

No parecía fácil, máxime con el lanzamiento de un disidente de la coalición gobernante con altísimo impacto mediático como Marco Enríquez-Ominami. Entre uno y otro no sólo hay tres décadas de diferencia (36 años tiene el socialista independiente, 67 el democratacristiano). Si el joven es un histriónico documentalista, vanguardista, irreverente, inorgánico e hijo de un guerrillero, el ex presidente es un ingeniero hidráulico reservado, sistémico y heredero del linaje Frei Montalva, «prócer» democratacristiano que hoy goza de una estatua detrás de la casa de gobierno.

«Algunos dicen que soy fome (aburrido). No sé si para ser presidente hay que ser farandulero». Lo dijo Frei durante la campaña, con reminiscencias trasandinas poco halagüeñas.

El postulante de la Concertación oficialista, que lideran socialistas y democratacristianos, es el menos popular de los cuatro jefes de Estado de ese signo que ocuparon La Moneda desde 1990 (Aylwin, Frei, Lagos y Bachelet). Ninguno de ellos fue electo con mayor porcentaje (58%), pero ninguno dejó el Gobierno con una popularidad tan baja (en torno al 35%). Hacia el fin de su gestión, a Eduardo Frei le tocó lidiar con la crisis asiática, primer quiebre desde 1990 en el crecimiento sostenido del país, y terminó afectado por haber indultado a un poderoso narcotraficante. También fue, a su modo, el rostro privatizador de los 90 en Chile. Al fin y al cabo, compartió la atmósfera con Carlos Menem, de cuya amistad no renegó ni en las horas más bajas del ex presidente argentino. Frei se hizo cargo de una tarea nada prestigiante de cara al exterior. Resistió con alto perfil el intento de enjuiciamiento en España de Augusto Pinochet, quien había ejercido como jefe del Ejército (cargo autoimpuesto) hasta pocos meses antes de ser arrestado en Londres.

La relación de Frei con el pinochetismo tuvo todo un recorrido. Enríquez-Ominami se ocupó de machacar en la campaña que cuando a él lo exiliaron con cinco meses de vida, Frei hizo en setiembre de 1973 un pago doble a empleados de su empresa en festejo del golpe, y la esposa del democratacristiano, Martita Larraechea, donó sus joyas al régimen.

Mito o realidad, la historia posterior redime a Frei, quien, al fin y al cabo, habría seguido una ruta similar a la de su partido. Acaba de confirmar la Justicia que su padre, Eduardo Frei Montalva, ex presidente de Chile (1964-1970), fue envenenado por el pinochetismo tras una intervención quirúrgica por una hernia en 1981 (murió en 1982). El ex presidente era por entonces el disidente de mayor envergadura de la dictadura y había sido un activo opositor al fraudulento plebiscito de la Constitución pinochetista con el que el general intentó legitimarse.

«Verdad y justicia», «Nunca van a cerrar las heridas de los familiares de desaparecidos», insistió el candidato durante este proceso electoral. Escaso carisma, coalición dividida, desventaja mediática y desgaste de gobierno. Con este cóctel y encuestas adversas, la campaña dio paso al Frei más humilde jamás conocido. Se apoyó en Michelle Bachelet y puso en juego un discurso antiprivatista y defensor del Estado, para evitar que se ampliara la fuga a Enríquez-Ominami y el carismático allendista Jorge Arrate.

Al fin y al cabo, fue Frei Montalva el que implementó la reforma agraria en los 60 y su partido, la Democracia Cristiana, tiene un costado con una tradición histórica que, en algo, si cabe, podría llegar a reconocerse en algún tinte peronista.

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