3 de diciembre 2009 - 00:00

El éxito del golpe de Estado, mal síntoma para América Latina

Un partidario del mandatario depuesto Manuel Zelaya, frente a polícias que bloqueaban ayer el acceso al Congreso.
Un partidario del mandatario depuesto Manuel Zelaya, frente a polícias que bloqueaban ayer el acceso al Congreso.
Tegucigalpa - Algunos en la región creyeron que se trataba de una película de la década de 1970, cuando el 28 de junio un grupo de militares sacó al presidente hondureño Manuel Zelaya de su casa en la madrugada a punta de pistola y lo expulsó del país.

Aunque parecía que un golpe de Estado no podía prosperar más que unos días en pleno siglo XXI -sobre todo luego de que se cortara ayuda internacional al empobrecido país- cinco meses después el Gobierno de facto logró reconocimiento de los comicios pese a haber desoído reclamos de restituir a Zelaya.

El golpe de Estado en Honduras «revela que las democracias están muy frágiles y esto alentaría otros intentos, otras intenciones de sectores que pueden ver posible la remoción de un presidente si las circunstancias lo permiten», dijo el analista y ex diplomático de Guatemala Manuel Villacorta.

Zelaya, un hacendado maderero del tradicional Partido Liberal, despertó una irritación generalizada hasta en su propio partido cuando a mitad de su mandato giró a la izquierda y se alió al presidente de Venezuela, Hugo Chávez, para después proponer un referendo que abriera camino a la reelección.

Pero a pesar de que el presidente guatemalteco Álvaro Colom encabeza un debilitado Gobierno, Evo Morales tiene bastiones de resistencia conservadora en Bolivia y el sandinista Daniel Ortega en Nicaragua impulsa la reelección que irrita a la oposición, los especialistas no creen que haya riesgos inmediatos de nuevos brotes de inestabilidad en la región.

El golpe en Honduras trajo recuerdos de tiempos oscuros en Latinoamérica.

«No es simplemente un problema de la ruptura de la democracia, que es grave. También hay una lucha de poderes que se está dando en América Latina entre dos o tres proyectos que son contradictorios», afirmó Gonzalo Chávez, profesor de la Universidad Católica Boliviana, por teléfono desde La Paz.

Para el especialista, además de que muchas democracias de la región son muy jóvenes, el locuaz presidente venezolano se convirtió en un factor de polarización en la región, donde la izquierda ganó terreno en los últimos años.

Venezuela, Brasil, LA Argentina, Bolivia y Ecuador encabezan el grupo de países que considera ilegítimas las elecciones, mientras que Estados Unidos y otros cuatro países latinoamericanos les han dado su bendición.

A estos últimos Gobiernos, Zelaya les lanzó una advertencia el martes. «No se pongan la soga al cuello reconociendo el espurio y fraudulento proceso electoral de Honduras. Un día podrían levantar 40 cargos contra ustedes», advirtió en una entrevista con la local radio Globo.

A pesar del precedente que sentó el golpe para el mediano y el largo plazo, en lo inmediato no preocupa a los analistas. «No veo por ahora posibilidad de golpes militares o cosas por el estilo (en Latinoamérica). En Guatemala hay peligro de muchas cosas pero no de fraude electoral ni de dictaduras. Y en Nicaragua las fuerzas armadas son proclives al sandinismo», dijo Gustavo Porras, académico del Netherlands Institute for Multiparty Democracy.

Por su parte, Chávez descartó que el Gobierno de Evo Morales, alineado con Venezuela, esté en riesgo pese a la fuerte presión de sectores de derecha contra lo que el mandatario llama su «revolución» indigenista y socialista. Morales probablemente será reelegido el domingo por mayoría absoluta.

Mientras Zelaya se refugia en la Embajada de Brasil desde que volvió clandestinamente a su país, el ganador de las elecciones dijo que el derrocado mandatario es parte del pasado. Pero el vencedor Porfirio Lobo deberá restablecer el orden democrático, como reclamaron incluso los países que avalaron los resultados de la elección.

Agencia Reuters