Cuando en 2007/8, buscando estimular la economía, los bancos centrales (en especial la Fed) comenzaron a inundar el sistema financiero de dinero, tuvieron muchísimo menos éxito que el esperado (la tasa de desocupación norteamericana, del 7,6%, está hoy en un nivel que según las proyecciones debería de haber abandonado hace tres años -y sin los planes, hace 18 meses-). En parte porque no entendieron a sus ciudadanos (los consumidores), y en parte porque no entendieron al sector financiero, la Fed/administración Obama debió implementar otros tres/cuatro planes adicionales de estímulo, el último vigente por tiempo indeterminado. Dejando de lado la cuestión puramente económica de los estímulos (y su crítica), lo que vivimos es que en lugar de ir hacia el sector privado (que por el quiebre de confianza no demandó el dinero como se esperaba), los fondos quedaron mayoritariamente presos dentro del sistema financiero. La sobreabundancia masiva de fondos y la posibilidad de financiarlos a tasas negativas en términos reales -una "yunta peligrosa- dieron como resultado una inyección sin precedente de dinero en casi todos los activos de riesgo (mientras fuese positiva, cualquier renta era ganadora), reduciendo las correlaciones al quebrar las relaciones riesgo/ganancia "normales". Así, para abril de 2011 las Bolsas europeas, las emergentes, las asiáticas, las latinas, las del este europeo, los BRICS, etc. duplicaban o triplicaban los mínimos de febrero de 2009 superando en mucho el 86 por ciento recuperado por Wall Street (los mercados fronterizos, la excepción). Desde entonces, estos mercados han retrocedido entre el 10% y el 30% y Wall Street subió otro 15%. Seguimos mañana. Ayer, el Dow trepó un 0,33 por ciento, a 14.613,48 puntos.
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