El fútbol argentino tocó fondo. Con directivos que, impulsados por el Gobierno, dinamitaron las estructuras de la AFA pretendiendo ser paladines de una transparencia y buscando ampararse en una justicia que, ellos mismos, en algún momento la dejaron de lado y la bastardearon. En esta época, en donde todo debe cambiar, en donde todo debe ser procesado caiga quien caiga, o se destruya lo que se haya construido a lo largo de una rica y vasta historia, al fútbol argentino lo fueron cercando con los espurios intereses capitalistas de los clubes grandes. Y dinamitaron la AFA. Poco a poco lo fueron logrando, pero tratando de no avanzar más allá de donde podían, para no dañar los intereses de Boca, en la Copa Libertadores, y de River, en la Recopa Sudamericana. Desde lo más alto del poder y direccionado por el presidente de Boca, Daniel Angelici -considerado por la diputada Elisa Carrió como el operador de Mauricio Macri con los jueces de la Nación- la misma Justicia fue la primera en tirar la red sobre los dirigentes del fútbol argentino nombrando a los veedores Alicia López, Alberto Piotti y Horacio Della Rocca para que elaboren un informe sobre el manejo de fondos que el Estado Nacional aportó para el programa Fútbol para Todos (FpT). Incluso ayer, la jueza María Romilda Servini extendió en cuatro meses el plazo de acción de los veedores. Al mismo tiempo, los clubes grandes se unieron y presionan por la creación de una Superliga que implicaría sacarle el poder del fútbol de Primera División y del Nacional B a la AFA, dejándole a su mando la Selección argentina, la organización de la Copa Argentina, la Primera B, C, D y el fútbol del interior, el femenino, de playa y futsal. En definitiva imponen una AFA paralela, con la potestad de manejar el dinero que ingrese por la comercialización de los derechos de televisación. Esto implicaría que la AFA se quedaría con poco poder deportivo -salvo la Selección- y, especialmente, económico. Hasta trascendió que los pregoneros de la Superliga ya habrían alquilado dos pisos de un edificio torre ubicado en Recoleta (cerca del Malba) por el cual ya pagaron 500.000 pesos y en donde funcionaría la sede.
La FIFA mandó dos enviados, el suizo Primo Corvaro y la paraguaya Monserrat Jiménez, para que elevara un informe y procedan a la creación de una Comisión Normalizadora. Si bien el Gobierno y los clubes grandes pudieron evitar que se lleve a cabo las elecciones en la AFA el pasado 30 de junio, perdieron la batalla de imponer un representante del Gobierno y de la Justicia en la mencionada Comisión ante la amenaza de intervención de la FIFA, quien había desplazado a Luis Segura del sillón de Julio Grondona y nombrado en forma interina al secretario ejecutivo Damián Dupiellet.
El enojo de la jueza Servini fue tan grande con la FIFA que recibió a Segura en su despacho y, a pesar que lo había procesado días atrás, junto a los extesoreros hasta el 2014, Rafael Savino, Carlos Portel, Miguel Silva, Eduardo Spinosa y Rubén Raposo, le pidió que se quedara como presidente de la institución por unos días más.
Toda esta situación hizo eclosión en el selecionado que estaba compitiendo en la Copa América del Centenario. Casi desamparada de directivos -salvo "Chiqui" Tapia- el plantel ni siquiera pudo contar con un equipo de juveniles argentinos como sparring y se tuvo que conformar para los ensayos futbolísticos con enfrentar a unas bellas futbolistas estadounidenses.
Como apenas Argentina pudo conseguir otro subcampeonato -como si eso fuera poco- para cercar más a los directivos de clubes chicos, y a Claudio Tapia y Hugo Moyano, que supuestamente se imponen en una elección en AFA, estos mismos directivos que quieren terminar con la antigua corrupción de la AFA, con Angelici, de Boca, y D'Onofrio, de River, como abanderados, le negaron los jugadores a Martino para el plantel para los Juegos Olímpicos. Hasta el mismo gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti, pidió la renuncia de Martino; y el secretario de Deportes, Carlos Mac Allister, que desde que asumió apenas dio un par de entrevistas, salió a criticar a la AFA por el desinterés respecto a los JJOO. Lo restante es historia conocida. Martino renunció y el fútbol argentino vivió otra jornada que se emparentó con el bochorno y la vergüenza.
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