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EL GENTÍO CULTO
Se precia de ser la feria del libro más concurrida del mundo. El número mítico del millón de visitantes corona año a año la Feria de La Rural, que en su edición 2013 cierra el lunes. El cronista de Viernes experto en libros caminó el predio de Palermo para tratar de dilucidar si la Argentina se trata de un país de bibliófilos o de otra cosa.

El utópico más de un millón de visitantes de la feria alimenta de modo irrefrenable cierta fanfarronería argentina de que orgullosamente se inventa un país culto, casi de bibliófilos. O, por lo menos, que existe un magno universo de porteños ávidamente lectores, de gente que lee algo más que mensajes de texto. Pero ningún expositor fantasea que en la Feria se va a tener que enfrentar con un millón de potenciales clientes. Sabe que la Feria del Libro es para muchos un mero paseo. Y para otros, después de tantos años, un hábito, una rutina, un rito anual.Y un rito para algunos peregrinos, para quienes andar por la Feria es un asombrado peregrinar por un universo infrecuente. El libro tiene, en su ambigüedad de unir lo material con lo espiritual, algo de fetiche, de objeto sagrado, al que aún algunos se acercan reverencialmente. A otros, para quienes la lectura tiene un sentido práctico, el libro es un objeto familiar, una herramienta, un juguete, la puerta a un recreo. La Feria los enfrenta al desconcierto de una vastedad inabarcable. El ensayista mexicano Gabriel Zaid escribió hace cuarenta años que cada minuto se publica un libro en algún lugar del planeta, eso hace medio millón de libros al año, y esa cantidad no ha cesado de multiplicarse desde entonces, a eso se han sumado las otras formas de lectura que ha abierto la tecnología digital. Finalmente, para los visitantes avezados, la Feria es una esperada aventura exploratoria anual. La Feria conquista una tipología amplia y variada, una fauna sorprendente, que abarca desde el paseante solitario hasta las jolgoriosas tribus que toman la Feria como un parque de diversiones, de las damas adictas a los actos culturales a los bostezantes que indudablemente han sido arrastrados y no saben qué están haciendo allí, desde las paseadoras insinuantes a los falsos libreros, del busca obsesivo al sospechoso de hacerse de lo indebido, del gourmet al conocedor, entre otras especies.
EL MAPA Y EL TERRITORIO
La Feria tiene una topografía particular. Un diseño que es una marca de sentido. Aparenta ser un laberinto sencillo donde se puede andar a voluntad. En realidad, el visitante es llevado de un modo predeterminado por esa curiosa ciudadela cultural. Está en él descubrir alternativas antes de salir de ese confortable dédalo. Pero vale recordar que siempre hay algo insospechablemente acotado.
Acá resulta inevitable tener que entrar por el medio de Papel Prensa, se tiene que pasar sí o sí entre los stands de Clarín y La Nación, parece una metáfora, ¿no?, comentaba irónicamente un editor argentino que se hizo conocido últimamente por un rústico cruce verbal con uno de esos diarios.
Las posibilidades de ingreso a la Feria, que está en el predio de Palermo de la Sociedad Rural, son cuatro. La entrada por Plaza Italia, es decir por avenida Santa Fe. La entrada por Sarmiento, frente al Zoológico. Y, por el mismo lugar, la entrada al estacionamiento. Por último, la avenida Cerviño, cerca de la Embajada de los Estados Unidos. Tres de esas entradas, es decir la mayoría, las más populares -la de Plaza Italia, la de Sarmiento y la del estacionamiento- desembocan en el Hall Central donde los diarios Clarín y La Nación presentan en oferta los saldos de sus publicaciones semanales. Es sólo por ese Hall Central que se puede ingresar al pabellón Verde, que es donde están las grandes editoriales, las más buscadas, las que tienen los libros que son best sellers. Pero observemos la topografía, dado que el espacio determina concentraciones por niveles jerárquicos, comerciales, económicos (los expositores saben bien de esto). Se sostiene que los organizadores de la Fundación El Libro buscarían a partir del año próximo concentrar aún más marcadamente los distintos sectores.
Al ingresar por la entrada más popular, la de Plaza Italia, sobre Santa Fe, se da con el pabellón Ocre, donde están los stands de las provincias y de algunas instituciones como el Consejo Económico y Social de la Ciudad de Buenos Aires, la Asociación de Trabajadores del Estado, la Asociación Budista, Alcohólicos Anónimos, o el Club Huracán. Alguna gente se suele detener allí (la mayoría pasa de largo) porque hay espectáculos de música y danzas folclóricas, proyectan documentales, exponen artesanías o muestran cómo se las realiza, y además entregan folletos y bolsas para llevarlos. Una buena cantidad de gente va a la Feria en busca de papeles, pero no de libros. Se llevan folletos o catálogos por ganas de llevarse algo. Esta entrada a la Feria poco tiene que ver con la industria o el negocio editorial. A las exhibiciones allí concentradas se las considera como formas de apoyo a la exposición, un modo de evidenciar interés por la cultura, voluntad de estar presente, de informar o de hacer propaganda. La salida del pabellón Ocre lleva por un tubo, por un corredor techado, al Hall Central de distribución que da al famoso pabellón Verde.
La entrada por Sarmiento y el estacionamiento subterráneo dan directamente al Hall Central y al Verde. Hay una vía alternativa, lateral, que permite ingresar por el pabellón Azul, que es uno de los límites de la Feria. Se avanza desde pequeñas editoriales casi artesanales, instituciones y productoras, a las editoriales prestigiosas aunque no tan grandes, que están en la frontera con el pabellón Verde dominado por los grandes sellos, las grandes casas editoriales internacionales. En ese recinto estelar es donde se suele encontrar a conocidos escritores autografiando sus obras.
La entrada por Cerviño, la más marginal, por donde ingresa muy poca gente, es el sector internacional y juvenil. Allí están los stands de Brasil, Ecuador, Estados Unidos, Chile, entre muchos otros. En la zona se ubica uno de los éxitos de la actual Feria, el Café Ámsterdam, donde esa ciudad homenajeada, que tiene una industria editorial que es una de las líderes del mundo, presentó a un conjunto de sus más afamados autores. En el juvenil sector Zona Futuro se reunieron un día los productores del boom de editoriales emergentes y under; otro, se hizo una fiesta con competencia de cosplay; otro, un festival de videojuegos que juntó a creadores y gamers.
En los fondos y bordes de la Feria están las salas de actos, que buscan colocarla fuera de lo específicamente comercial, de la mera exposición y venta de libros.
MÁS FICCIÓN, MENOS POLÍTICA
Esta Feria es más literaria que en años anteriores. La gente viene más en busca de novelas, de ficción, que de ensayos o de política, comenta la editora de un gran grupo internacional, que algunos consideran el número uno a nivel mundial. En ese sentido fue contrastante ver la larga fila de gente que busca la firma del estadounidense John Katzenbach, autor de thrillers como El psicoanalista, justo enfrente donde Pablo Sirvén, autor del libro sobre Víctor Hugo Morales, y Luis Majul, del trabajo sobre Lanata, a falta de pedido de autógrafos charlaban entre ellos. Contrariamente a los éxitos de libros sobre política e historia que aparecen en las listas de los más vendidos, acaso por saturación mediática, no es lo que interesa en la Feria. El expositor de una librería de saldos editoriales comentaba que acaso lo que está sucediendo llevó a la salida de Pablo Avelluto, que logró éxito con libros políticos anti-K y revisionistas, de la conducción editorial de Random House-Sudamericana; algo que no le sucede a Ignacio Iraola, que tiene el mismo cargo en Planeta, porque es más ecuánime en las publicaciones. El tema es controvertido y polémico, pero pareciera que en un año político, la gente (por lo menos en la Feria) se hubiera volcado a la ficción.
JUEGO DE NIÑOS, AYUDA A PADRES
Si bien la Feria tiene una sucursal dedicada a los chicos, la Feria Infantil y Juvenil, que se realiza durante las vacaciones de invierno en el predio de la Ciudad de Buenos Aires que está junto a la Facultad de Derecho, teniendo en cuenta que los niños no suelen aguantar mucho tiempo las caminatas y el encierro, que incomodan a los padres, tutor o encargado, los feriantes han dispuesto una zona para ellos en el pabellón Amarillo, que denominaron Patio Infantil, nombre que remite al respiro de los maestros cuando indican: vayan al patio (y a la alegría infantil de escapar de la siempre tediosa instrucción). En realidad, habría que cambiarle el nombre porque aleja a cualquier teenager. Ninguna chica o chico permitiría sin griterío que lo instalen junto a esos despreciables humanos de menos edad, qué tanto.
En el Patio Infantil fueron organizadas actividades, talleres, cuentacuentos, espectáculos en los que la creatividad es el medio para incentivar el contacto temprano con el libro y la lectura. Lo mejor es que el Patio cuenta, incluso este fin de semana, con actividades de los tres a los catorce años, lo que permite enchufar a los pequeños seres humanos para que se entretengan y se tranquilicen en un ambiente cálido y distendido, mientras sus papás se van de compras, que es el sentido final de toda feria. En el Patio, los chicos tienen desde momentos científicos como De magnetismo, por Melquíades, o Guerreros invisibles: una aventura microscópica, por Noveduc (quienes quieran saber algo más de ciencia, ya se trate de chicos o grandes, tienen que dirigirse a Zona Explora, en el mismo pabellón, donde hay charlas, ciclos, experimentos, talleres, y muestras). En el recinto de niños también se ofrecen talleres de dibujo y pintura, juegos artísticos, de adivinanzas y trabalenguas, representaciones de títeres. Hay horarios con cuentacuentos que saben enganchar a los chicos, y otros que no dejan escapar a los padres porque son una actividad inclusiva donde ellos participan. Attentipiatti, por Juan Sasiaín; Las palabras en 3D, por Malumba Teatro, Jugando con cuentos, por la compañía teatral El Juglar, y El viaje a través de los libros para escapar del aburrimiento, por Rara Avis, si bien se plantea de siete a catorce años, los actores suelen sostener que dado que son muchos los padres que se cuelgan a ver cuándo empieza el espectáculo, han decidido colocar el cartel de para todas las edades. Aquellos que desearon hacer crecer la sensibilidad artística en sus chicos, tuvieron la suerte de que, dado que la ciudad de Ámsterdam es invitada de honor de la Feria, se dispuso un conjunto de actividades, juegos, documentales de obras y espectáculos teatrales enmarcados en la idea de ir Conociendo a Van Gogh. Es de suponer que cuidadosamente se lo hace conocer sólo un poco, no tanto como para perturbar el almita de los pequeños con el torturado y dramático final del gran pintor holandés.
PARA TEENS
Los chicos y chicas de 10 años para arriba se van a sentir molestos, y seguramente indignados, si los padres los plantan junto a chicos más chicos, sobre todo si devoraron la saga de Harry Potter o Crepúsculo. A ellos les puede corresponder la Zona Futuro, en el pabellón Amarillo, que se promociona como un radar de nuevas tendencias literarias.
Allí, el 1 de mayo, para confirmar que la lectura provoca adicción y fanáticos en pubertad y adolescencia, cuando se creía con agónica superioridad que los jóvenes ya no leen, se realizó un Fan Festival, con una competencia de cosplay, donde chicas y chicos fueron disfrazados de sus personajes literarios admirados. Se vieron imitadores Harry Potter y sus amigos, de personajes de las sagas El señor de los anillos, Games of Thrones, Crepúsculo, y de los japoneses comics manga. El 5 de mayo, a su vez, se realizó un festival de videojuegos donde se encontraron creadores con gamers.
También se vio a un grupo neopunk que salió en busca de otros de su tribu preguntando con sonora bronca: en esta cosa de la Feria, ¿dónde está el rock and roll?


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