14 de abril 2016 - 00:00

El Gobierno deja jugar a Cristina y alienta la intervención del PJ

Micro escolar con goteras. Julio De Vido se ubicó en uno de los asientos secos junto al formoseño Luis Basterra, vicepresidente del bloque de diputados del Frente para la Victoria. Expreso Congreso-Comodoro Py.
Micro escolar con goteras. Julio De Vido se ubicó en uno de los asientos secos junto al formoseño Luis Basterra, vicepresidente del bloque de diputados del Frente para la Victoria. Expreso Congreso-Comodoro Py.
El nacional no carece de operadores judiciales. La reaparición de Cristina de Kirchner en Comodoro Py no fue una torpeza de la Casa Rosada. El Presidente sale a polarizar con la expresidente reeditando un clásico de los últimos 12 años: kirchnerismo vs. macrismo. El oficialismo, de acuerdo con los cálculos de la Casa Rosada, busca cocinar a la expresidente a fuego lento en la interna del peronismo a partir de sus causas judiciales de cara a las elecciones de 2017. Y alienta el escenario de la intervención judicial del Partido Justicialista: aspira a un Peronismo Federal de los gobernadores unificado y sin sello electoral.

Ayer, con carácter casi fundacional, la declaración indagatoria de la expresidente en Comodoro Py emancipó al kirchnerismo del PJ. La definición de la lista de unidad José Luis Gioja-Daniel Scioli ya había dejado fuera de los puestos de conducción al cristinismo de cara a las internas del 22 de mayo.

Más allá del margen de error, y de la acertada o equívoca estrategia que plantea, el Gobierno de Macri aspira a lograr dispersar al peronismo. El PJ intervenido y sin conducción, el kirchnerismo disperso con Cristina de Kirchner desfilando en los tribunales federales de Comodoro Py, y Sergio Massa como el dirigente peronista con mejor imagen pública nacional detrás de Macri y de María Eugenia Vidal. Una estrategia que, para evitar la reencarnación en un solo cuerpo del peronismo en los próximos 16 meses -antes de las legislativas 2017- necesita un escenario económico y social también distinto. Las jugadas de ajedrez de la Casa Rosada sobre el peronismo, el kirchnerismo y el massismo carecen de horizonte si el Gobierno no disipa el escenario de una inflación anual cercana al 40 por ciento, despidos en el sector público y privado, además de suba generalizada de tarifas.

El cálculo del macrismo es que, de intervenirse el PJ por orden de la jueza María Romilda Servini de Cubría, el peronismo ortodoxo, encarnado en los gobernadores e intendentes urgidos de fondos para gestionar sus distritos, orientarán su GPS político hacia la Tesorería de Presidencia. Cristina de Kirchner retiene una porción de la militancia que no se identifica estrictamente con el peronismo. Y los gobernadores Juan Manuel Urtubey, Sergio Casas, Sergio Uñac, Juan Schiaretti, Mario Das Neves, Juan Manzur, Domingo Peppo o Gustavo Bordet, que hoy se mostrará junto a Rogelio Frigerio distribuyendo ayuda a los inundados, difícilmente encuentren incentivos metálicos para migrar, en las elecciones 2017, a las filas de Cristina de Kirchner. Ayer en Salta, Urtubey volvió a mostrarse con Macri y elogió la gestión Cambiemos.

La expresidente viene de un trato riguroso en cuanto a distribución de fondos con los gobernadores. Las provincias tienen sus cuentas en rojo, tanto que el déficit fiscal llevó a 26 senadores nacionales, liderados por Miguel Pichetto y los mandatarios provinciales, a votar a favor de la ley de pago a los holdouts junto al macrismo en la Cámara alta.

Hoy la expresidente no controla la caja y los gobernadores dependen de los giros de la Casa Rosada. La falta de presupuesto del kirchnerismo quedó reflejada ayer en la movilización del bloque de diputados nacionales que preside Héctor Recalde. Debieron trasladarse del Congreso a Comodoro Py en un micro escolar, de los naranjas, con goteras. Uno de los orificios en el techo del colectivo estaba ubicado arriba del asiento de María Teresa García, quien debió sufrir la filtración.

La dispersión del peronismo quedó ayer expuesta: Pichetto, tal cual anticipó este diario, no asistió al acto de Cristina de Kirchner ni envió senadores. Sólo estuvo el sector que responde a La Cámpora. Recalde, en cambio, movilizó a 73 de los 80 diputados nacionales del Frente para la Victoria. Tampoco hubo gobernadores o intendentes, salvo excepciones como Verónica Magario (La Matanza), la más cristinista del conurbano que, además, funcionó como agencia de trabajo para el frustrado gabinete virtual que preparaba Daniel Scioli para ser presidente.

Cristina de Kirchner convocó a formar un Frente Ciudadano: "No le pregunten a nadie si es peronista, radical o en qué partido está. En el Frente Ciudadano cada uno tiene que ser un dirigente en sí mismo. Hay que preguntarles a todos si a partir del 10 de diciembre están mejor o peor que antes". ¿Una eventual intervención del PJ puede expulsar a los gobernadores e intendentes que comienzan a emanciparse de Cristina nuevamente hacia el kirchnerismo? En los cálculos del Gobierno eso no ocurriría.

En el kirchnerismo retumban conclusiones obvias: "Macri le regaló el escenario a Cristina". "Este Gobierno no tiene operadores judiciales, no entiende nada de política y no pudo frenar a Bonadío". Con esa línea de razonamiento, sostenida desde la campaña electoral de 2010, Macri ganó la Presidencia de la Nación, destronó al peronismo de la provincia de Buenos Aires, retuvo la Capital Federal y armó una miniliga de cinco gobernadores propios.

Tal vez Daniel Angelici le haya enviado emisarios a Claudio Bonadío para reprogramar la declaración indagatoria de la expresidente en la causa por la venta de dólares a futuro. Elisa Carrió impugnó esa gestión y denunció manejos duduosos del presidente de Boca Jrs. en el fuero federal.

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