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El Gobierno suelta a Moreno: sale a frenar subas en carne
Nestor Kirchner, Cristina de Kirchner y Guillermo Moreno
Moreno y Kirchner efectuaron en la tarde del viernes un breve «brain storming» (una suerte de intercambio de ideas) sobre cómo avanzar en la cuestión, y se resolvió que, dados los pocos días de paro (cuatro, comenzando a contar desde hoy), se puede realizar un control férreo y directo en el mercado de Liniers y en los frigoríficos. Estos operadores son viejos amigos de Moreno. Periódicamente el funcionario lanza con los dos sectores, diferentes y siempre fallidos acuerdos de precios, que sirven en realidad para que los encuestadores del INDEC intervenido encuentren que no hay aumentos de precios en los cortes. Fue en estos donde Moreno comenzó el mismo viernes sus operativos personales, utilizando la verba que lo hizo famoso desde que llegó a la Secretaría: «No aumenten los precios porque los fundo». Esta fue una de las frases que les dedicó a los principales operadores de Liniers y a los frigoríficos que suelen ser los más representativos del mercado, al menos en Capital y el conurbano. Prometió estar hoy presente, enviar delegados personales, a Liniers y en los establecimientos frigoríficos más fuertes y anticipó acciones directas para quienes no cumplan las indicaciones.
Moreno llamó también a algunos intendentes del conurbano, en general cercanos y con buena relación con los matarifes y faenadores, para que estén alertas ante movimientos de precios. Se comunicó, además, con los principales responsables de los supermercados para que la oferta esté al día en las góndolas y que los precios estén en equilibrio.
El secretario dejó en claro a sus interlocutores, que está dispuesto a todo con tal que no aumenten los precios. Para esto, ya aclaró, tiene en carpeta la decisión más extrema que puede tomar directamente: prohibir las exportaciones de los cortes de más valor agregado. Sabe Moreno que estos productos (fundamentalmente el lomo, bife angosto, cuadril, bife ancho y tapa de cuadril) no influyen casi en nada en la lista de precios interna, pero que representan la mayor ganancia del sector. Obviamente, si no se realizaran operaciones de venta al exterior, representaría una estocada clave y terminal para los empresarios de la carne, ya golpeados por la crisis externa y la caída de la demanda. No sería además una medida indolora para el Gobierno. No sólo perdería ingresos fiscales por más de u$s 100 millones semanales, sino que representaría un golpe duro (uno más) para la imagen de la Argentina en los mercados internacionales a los cuales va destinado el producto, como Rusia, la Unión Europea, Estados Unidos y, recientemente, América Latina y el Norte de Africa. Curiosamente, hace 10 días el propio gobierno citó en la Cancillería a más de 100 embajadores para que aprendan a vender los productos donde el país es competitivo en el exterior, especialmente la carne. Si alguno de los embajadores tomó nota y logró abrir su mercado, ahora podría verse en la disyuntiva de explicar que la operación no podrá hacerse, por orden de Moreno.
Si los productores aun así continúan aumentando los precios, Moreno tiene luz verde para pedir al resto de los organismos, apoyo para inspeccionar la situación impositiva y previsional de sus establecimientos.
Para Kirchner y Moreno la apuesta al control de los precios de la carne no es menor. Tanto el ex presidente como el secretario de Comercio Interior ven en este mercado el termómetro básico de las clases medias y populares. Ambos consideran que sosteniendo la oferta y los precios de la carne, al menos de los cortes populares, la sensación es que la crisis con el campo y el paro anunciado por la mesa de Enlace por siete días (contando desde el viernes), no llegará a la mesa del conurbano, el sector a conquistar a pleno por Kirchner antes del 28 de junio.


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