13 de abril 2015 - 00:00

El inquietante arte de Nora Correas

Las visiones terribles y metafóricas de Nora Correas, según puede apreciarse en sus actuales exposiciones en el Museo de Arte del Tigre.
Las visiones terribles y metafóricas de Nora Correas, según puede apreciarse en sus actuales exposiciones en el Museo de Arte del Tigre.
Tras 10 años sin exponer, Nora Correas lo hace en el MAT (Museo Arte Tigre) con "Los Chupasangres" (esqueleto y 29 dibujos) y "En el jardín no hay flores" (120 dibujos e instalación de tubos de vidrio), una reflexión ecologista sobre el mundo.

Reflexión es una constante en su quehacer desde su época de artista del tapiz cuyas dos ramas se dividían en tapices planos con figuras y colores luminosos y la otra donde "intento internarme en ciertas profundidades, dejando la no siempre amable superficie, para tratar de bucear en los que nos da miedo por lo desconocido".

Una verdadera revolucionaria en la disciplina textil en la que experimentó con materiales no tradicionales y que entre otros premios importantes recibió el Konex de Platino. Entre sus exposiciones se recuerda "Con los ojos abiertos" (1996) en la Sala Cronopios del Centro Cultural Recoleta, en la que entonces nos preguntábamos cómo no se la elegía para representarnos en el exterior, dado el corpus de una obra tan trascendente.

Presentó entonces estructuras monumentales que se asociaban con corazas, armaduras, templos donde se alojaban formas inquietantes, como un ejército de 3000 hormigas en resina y alambre trepando por su interior.

Inquietantes fueron sus instalaciones ya que esta artista al incursionar en otras experiencias que también tenían carácter, amenazador, sacaban del canon convencional.

Esa representación en el exterior, tuvo finalmente lugar en 1999 invitada por el Departamento de Asuntos Culturales de la Alcaldía de París cuando su nombre figuró entre artistas de la talla de Kcho, Tony Cragg, Barry Flanagan, Jeff Koons, Claes Oldenburg, George Segal, Jaume Plensa e Ilya Kabakov que a lo largo de los Campos Elíseos exhibieron sus obras reflejo de la globalización en la creación contemporánea que cubría el período 1970/1990. Por supuesto, Nora Correas posee una larga trayectoria nacional e internacional y ha participado de numerosas exposiciones colectivas e individuales.

"No saben /perdonadlos /no saben lo que han hecho /lo que hacen /por qué matan /por qué hieren las piedras/masacran los paisajes. No saben/ no lo saben/ no saben por qué mueren/se nutren/se han nutrido/ de hediondas imposturas/ de cancerosas miasmas/ sombras / de vocablos sin pulpa/sin carozo/sin jugo/ de negras risas de humo/ de canciones en pasta/ de pasionales sombras con voces de ventrílocuos....".

Estos versos del extraordinario poema de Oliverio Girondo (1891-1967), de una punzante actualidad, preside la primera sala donde Correas presenta una serie de insectos junto a los de armas letales. Una visión terrible y metafórica en la que también yace un esqueleto del que alguna vez usó el poder y que Correas retrata con ironía.

En la sala contigua, gran parte de los 121 dibujos de insectos de distintos tamaños se proyectan sobre el cuerpo de los espectadores en movimiento, gracias a un sistema interactivo creado por los expertos en tecnología Alejandro Schianchi y Marcos Agüero en el que el espectador tiene la sensación intranquilizadora de que los insectos recorren su cuerpo. Intranquilizadora, reflexiva, no complaciente, así es la obra de Nora Correas.

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