El intelectual ortodoxo que debió lidiar con una era de escándalos

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Ciudad del Vaticano - El papa Benedicto XVI fue elogiado por conservadores por intentar reafirmar el tradicionalismo de la identidad católica, pero los liberales lo acusaron de querer revertir reformas al interior de la Iglesia y de perjudicar los diálogos con comunidades musulmanas, judías y cristianas.

Benedicto XVI disfrutó de una relativa buena salud durante la mayor parte de su vida, pero la primera señal de deterioro se produjo en octubre de 2011, cuando comenzó a utilizar una plataforma con ruedas para moverse en el pasillo principal de la Basílica de San Pedro.

En un libro publicado en 2010 dijo que no dudaría en convertirse en el primer pontífice en renunciar por voluntad propia en más de 700 años si sentía que ya no era capaz «física, psicológica y espiritualmente» de gobernar a la Iglesia Católica.

Antes de ser elegido papa, el excardenal Joseph Ratzinger era conocido como el «rottweiler de Dios» por sus severas posturas sobre asuntos teológicos.

Pese a la enorme popularidad de su carismático predecesor -a quien colocó en la vía rápida hacia la santidad y al que beatificó en 2011- sus asesores dijeron que Benedicto XVI estaba resuelto a no cambiar su estilo para imitar a Juan Pablo II.

Los abusos sexuales por parte de sacerdotes a niños afectaron profundamente buena parte de su pontificado. Ordenó una investigación oficial sobre casos en Irlanda que llevó a la renuncia de varios obispos. Sin embargo, las relaciones del Vaticano con Irlanda se enfriaron notablemente durante el papado de Benedicto XVI, hasta el punto en que Dublin cerró su embajada en la Santa Sede en 2011.

El escándalo a partir de una fuente mucho más cercana se produjo en 2012, cuando el mayordomo papal fue hallado culpable por filtrar documentos que denunciaban actos de corrupción en los asuntos del Vaticano.

Como el primer papa alemán en unos 1.000 años, Benedicto XVI confrontó el propio pasado de su país cuando visitó el campo de concentración nazi de Auschwitz.

Describiéndose como «un hijo de Alemania», oró y se preguntó por qué Dios estuvo silencioso ante la muerte en el campo de 1,5 millón de personas, en su mayoría judíos, durante la Segunda Guerra Mundial. Ratzinger había sido parte de las Juventudes Hitlerianas durante la Segunda Guerra Mundial, cuando la participación era obligatoria. Nunca integró un partido nazi y su familia se opuso al régimen de Adolf Hitler.

Pero su viaje a Alemania también desató una de las mayores crisis de su pontificado. En un discurso en una universidad, citó a un emperador bizantino del siglo XIV al decir que el islamismo sólo trajo maldad al mundo y que había sido propagado a punta de espadas. Tras protestas que incluyeron ataques a iglesias en Oriente Medio y la muerte de una monja en Somalia, el Papa dijo más tarde que lamentaba el malentendido causado por su discurso.

El Papa realizó un exitoso viaje a Estados Unidos en 2008. Se disculpó por los escándalos de abusos sexuales, prometió que removería a los sacerdotes pederastas y trató de ofrecer consuelo a las víctimas.

Pero 2009 fue un año desafortunado para el Pontífice. El mundo judío, además de muchos católicos, se indignó cuando Benedicto XVI levantó la excomunión a cuatro obispos tradicionalistas lefebvrianos, incluyendo a un religioso, Richard Willamson, que negaba abiertamente la existencia del Holocausto y vivía en la Argentina.

El Papa provocó irritación internacional nuevamente en marzo de 2009, cuando dijo a periodistas en un avión rumbo a África que el uso de preservativos en la lucha contra el sida sólo había logrado empeorar la epidemia.

En el Vaticano prefirió designar a personas de su confianza y algunos de sus nombramientos iniciales fueron controvertidos.

Escogió al cardenal Tarcisio Bertone, que trabajó junto a él por años en la oficina de doctrinas del Vaticano, para que fuera su secretario de Estado, pese a que el funcionario no contaba con experiencia diplomática.

«Nos estamos moviendo hacia una dictadura del relativismo, que no reconoce nada como definitivo y que tiene entre sus mayores valores al ego y los deseos propios», dijo durante un servicio en el funeral de Juan Pablo II, que según muchos creen convenció a varios cardenales para que votaran por el papa alemán en el cónclave que seguiría a su muerte.

Las relaciones de Benedicto XVI con la comunidad judía tuvieron sus altibajos. Los rabinos se ofendieron con su decisión de permitir la amplia utilización de misas y misales en latín a la vieja usanza, lo que incluía una oración que pedía por la conversión de los judíos.

La comunidad judía se sintió insultada otra vez en 2009, cuando el Pontífice reinició el proceso para poner a Pío XII, acusado por algunos judíos de ignorar deliberadamente el Holocausto, en el camino a la santidad luego de una pausa de dos años.

Sin embargo, en 2011 fue elogiado por exonerar a los judíos de las acusaciones de ser responsables por la muerte de Cristo, repudiando el concepto de la culpa colectiva judía que afectó las relaciones entre ambas religiones durante siglos.

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