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El macho del Kremlin, tocado
La pérdida del caudal de respaldos se traducirá en el fin del control parlamentario, justo cuando Putin, de 59 años, aspire a volver al Kremlin en los comicios de marzo próximo.
Con una caída de casi 20 puntos en los sufragios, las elecciones legislativas de ayer serán recordadas como el posible inicio de una nueva temporada después de «la caída de los dioses».
El exagente de la KGB Vladimir Putin era «el hombre fuerte» del país pero desde ayer es un zar menos fuerte y deberá hacer las cuentas con una población que está cambiando: su tercera carrera al Kremlin parte con una cuesta hacia arriba. Su consenso aún es amplio pero está velozmente disminuyendo, como lo demuestran los votos de hoy.
Según recientes sondeos, su popularidad aún es envidiada por algunos líderes occidentales aunque descendió a su mínimo histórico: el 61%, cerca de 20 puntos menos de cuando concluyó en 2008 su segundo mandato de presidente.
Ayudado por los enormes recursos energéticos, Putin logró levantar a la Rusia destruida de los últimos años de Boris Yeltsin. Además puso en su lugar a los oligarcas, creando una vertical de poder, pacificando a Chechenia con una guerra sangrienta y un controvertido lugarteniente como Ramzan Kadyrov, apuntando sobre un capitalismo de Estado y sobre una democracia manejada desde lo alto, con control de medios y la represión de las protestas.
En estas décadas, flirteando con el culto de la personalidad, Putin construyó también su imagen de macho deportivo, haciéndose inmortalizar mientras piloteaba un caza bombardero, manejando automóvil y moto, sobre un caballo sin montura y anestesiando osos, tigres y ballenas.
Después de cuatro años como premier, Putin decidió regresar al Kremlin, cargo que dejó a su confiado «prestanombre» Dmitri Medvédev para no violar la prohibición de dos presidencias consecutivas. Los dos anunciaron en septiembre la intención de intercambiar los cargos.
Los temores, en Rusia y el exterior, son aquellos de un Putin que podría quedarse en el poder hasta 2024, un cuarto de siglo, con un escenario de estancamiento brezhneviano. «Es suficiente hacer dos o tres pasos en falso para que todo se derrumbe tan rápido que no nos daríamos cuenta, todo está colgando de un hilo para nosotros», advirtió recientemente.
Agencia ANSA


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