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El mercado “bull” en su propio Vía Crucis
Como no hay mal que por bien no venga, el traspié laboral altera el calendario previsto por la Fed. Si la expansión económica titubea, la Fed no lo dudará: así no están dadas las condiciones para ensayar la primera suba de tasas desde 2006. Las expectativas de un retoque inicial en junio -que el propio banco central buscó alentar- bajaron el viernes al 14% (recordar que en diciembre eran superiores al 50%). La reunión de septiembre vuelve a ser el momento favorito para abandonar las tasas cero. Pero ya no se descarta que al postergar la fanfarria a la espera de tiempos mejores la primera suba de tasas se estrene recién el año próximo. Y conste que nadie desconoce la ansiedad de Yellen & Cía por poner manos a la obra antes que finalice 2015. Quien mire la curva de rendimientos de los bonos del Tesoro -y su caída en todos los plazos podrá apreciar la convicción de que, haga lo que haga la FED en el mercado monetario, no hay grúa capaz de levantar al resto de la constelación de tasas de interés en un firmamento surcado por el dólar fuerte, la desinflación y los altibajos imprevistos de la actividad económica. Menos aún si el acuerdo con Irán abre los grifos a una lluvia de petróleo adicional con los inventarios en pleno rebalse.
En otro momento apartar a la FED bastaría para relanzar el frenesí del mercado bull. No es el caso actual. Wall Street no está libre de exuberancia, las acciones no son baratas, pero, así y todo, el cálculo racional pesa más que la ambición y el desborde emocional. La valuación es una obsesión persistente. Y la rentabilidad empresaria también entró en el serrucho de una zona de baches. Se sabe que en el primer semestre, las utilidades crecerán menos deprisa que el año pasado. Pero, ¿cuánto durará la sequía, cuánto se extenderá más allá del sector de energía y cuán profunda? No se desconoce que el mercado alcista no es joven, data de marzo de 2009, triplicó ya las cotizaciones de inicio, y ostenta múltiplos generosos. Un accidente de la macroeconomía no necesariamente es el fin del ciclo como mínimo, hay que sortear un bache de actividad por año pero puede obligar a rebajar precios (y quizás también múltiplos) con su cuota de volatilidad y angustia. Quizás en otro momento el inversor pudiera darse tiempo para redondear las ideas. Hoy no hay margen: el miércoles Alcoa arranca con la temporada de balances. Y en las próximas semanas, empresa tras empresa deberá rendir examen. A las que fallen les aguarda una guillotina afilada. Siendo así, Wall Street bien puede poner sus barbas en remojo, de antemano. La suerte de los primeros balances y la orientación que transmitan sobre las condiciones de negocios en el futuro próximo - será crucial. ¿Ya escuchamos todo lo malo? Las compañías nos han advertido de sinsabores como nunca. Los precios no lo ignoran. El interrogante es otro: ¿qué se guardaron bajo la manga? Como se dijo, la ilusión del empleo vibrante se echó a perder. Será vital para evitar los barquinazos - que puedan mostrar alguna otra carta. Aunque más no sea el viejo expediente de exagerar la nota antes de dar el examen, y luego aprobarlo sólo por superar las expectativas previamente devaluadas.


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