12 de febrero 2013 - 00:00

El mercado sanciona consensos

Los principales índices norteamericanos debaten el inicio de una corrección en el caso del SP500 cerca de la resistencia de 1.523 puntos, máximos de diciembre del año 2007 previo al colapso de 2008; es una marca muy importante, en el caso del Dow Jones la zona de 14.190 representa sus máximos históricos del año 2007, por lo tanto el mercado puede tomar aire para intentar la superación de ambos. Los niveles claves de 13.850 y los 1.494 parecen ser los niveles que confirmarán que el ajuste está en fuerza, mientras un último movimiento eufórico a ambas resistencias no debe descartarse. Los mercados europeos, de los que nos ocuparemos en futuros artículos, podrían haber colocado picos intermedios importantes y ya haber empezado su ajuste; la caída en España e Italia se ha visto impulsiva en cinco movimientos, como trataremos en futuros artículos.

En este artículo y aprovechando los feriados de carnaval tomaremos una parte del libro «El poder de los mercados»; este libro, nos complace informar, ha sido seleccionado en versión resumida para estar en los kindle de Amazon o tablets como un e-book, una muy buena noticia que nos llena de orgullo y los que hacemos Ruarte´s Reports queremos compartirla con ustedes. Y qué mejor que ofrecer una parte que ha captado mucha atención en los lectores: «El mercado sanciona consensos»; espero estimado lector que pueda disfrutarlo.

Este concepto es muy importante para entender los mercados financieros. Si los agentes financieros coinciden en forma generalizada y son positivos acerca de la evolución de un activo financiero, sea una acción, un índice bursátil o un commodity como el oro o el petróleo, lo más probable es que nos encontremos cerca de un techo. A la inversa,

si de manera casi unánime los agentes financieros se muestran negativos acerca de la evolución de un activo, nos hallamos cerca de su piso. Cuando explicábamos cómo se mueve el mercado de la depresión a la euforia y viceversa, decíamos que en los techos el 95% de los participantes tiene una opinión muy positiva del mercado en cuestión, mientras que en los pisos el 95% de los participantes guarda una opinión muy negativa.


Ahora bien, el mercado sanciona estos consensos. Cuando casi todos los participantes están en alza, el mercado alcanza su máximo valor y desde allí comienza a descender, porque ya no quedan jugadores que le agreguen combustible al alza de los precios. A la inversa, cuando el 95% está en baja, todos se encuentran vendidos en corto plazo.

Comentaré dos historias reales, que conozco entre muchas otras, sobre cómo el mercado sanciona consensos. Una se refiere a un techo muy importante de la Bolsa argentina, y la otra se relaciona con un piso de la Bolsa peruana.

Hacia 1991, un importante inversor reunió a un grupo de especialistas de mercados, economistas, analistas técnicos y analistas fundamentales. Se conformó una mesa de diez asesores (todos muy renombrados), entre los cuales tuve la suerte de estar. El inversor deseaba tomar todos los recaudos para ingresar a invertir en la Bolsa argentina, y su criterio era que el grupo de diez asesores debía coincidir respecto de las oportunidades de compra. El mercado empezó a subir con fuerza y dos asesores recomendaban la compra, mientras que los otros ocho recomendaban cautela. El inversor se mantenía en su silla de directorio con su teléfono verde al lado, lo miraba y decía: Debo contenerme y ser disciplinado. Días después, el mercado argentino continuaba con su euforia; la suba ya era importante, y el consenso había subido a seis analistas que veían el mercado en forma positiva. El inversor se despegaba de su silla; se acercaba el momento esperado, pero aún no podía ejecutar: debía haber un 100 por ciento de acuerdo. Acariciaba su teléfono verde porque el momento parecía aproximarse. La suba continuó hasta que el número de asesores convencidos llegó a ocho.

La ansiedad era muy alta, el mercado argentino no paraba de subir y el inversor tenía mucho dinero para invertir, pero debía mantenerse fiel a su principio: todos los asesores deberían estar de acuerdo en comprar.

Ese día finalmente llegó: los diez asesores en el directorio coincidieron. El inversor pidió varios teléfonos, el verde, el rojo, el naranja... Llamaba a un lado para comprar acciones argentinas, entre éstas, Celulosa; llamaba a otro para comprar bonos; llamaba a otro más para comprar deuda soberana. En diez minutos, había invertido todo su capital.

Luego se sentó a esperar que llegaran las confirmaciones de sus precios, a armar su planilla y anotar día a día la evolución de su cartera, que había permanecido en cash casi dos meses, aguardando el momento del consenso. Día a día anotaba el cierre de cada uno de los muchos activos que había comprado. Tres meses después, su cartera se había desplomado el 30 por ciento: había comprado muchos de sus activos en el techo. El mercado se había ocupado de convencer de a poco a todos los asesores, y cuando el último se hallaba persuadido, el mercado ya estaba listo para ajustar y caer. El inversor terminó perdiendo mucho más que el 30 por ciento. Los memoriosos bursátiles entenderán lo que significó comprar Celulosa y otros activos argentinos en el segundo semestre de 1991.

La otra experiencia ocurrió en Lima. El principal banco peruano me había contratado para dar una conferencia a sus clientes. Como se trataba del banco más importante, la convocatoria tuvo un gran éxito: cerca de 250 personas se habían reunido en la sala de su auditorio principal. Los organizadores, muy contentos, me comentaban que allí figuraban los inversores más importantes del mercado local. La Bolsa peruana venía experimentando una caída de meses y llevaba registrada una baja, desde su máximo, del 62 por ciento. Hice una encuesta en medio de la conferencia y dirigiéndome a la audiencia pregunté quién creía que la Bolsa subiría. Tibiamente, en la sala, dos o tres personas levantaron la mano con culpa. Cuando pregunté quién veía el mercado o la Bolsa con tendencia en baja, el consenso fue casi unánime: la mayoría levantó la mano.

El mercado peruano tiene compañías vinculadas a los metales, y estos productos experimentaban un desempeño muy malo desde hacía más de una década. La Bolsa peruana (su índice IGBVL) no paraba de hacer mínimos. En dicho momento, viendo el gráfico con la lectura del analista Elliott y teniendo en cuenta el humor de los mercados (con alto consenso negativo), pronostiqué que el piso de la Bolsa era inminente y que se acercaba una gran tendencia alcista.

A partir de los días siguientes, la Bolsa peruana inició un movimiento en alza que duró más de un año: terminó más que duplicando su valor. La anécdota cuenta que todos los asistentes salieron a comprar...



Para que el mercado suba (y fuerte), los participantes deben estar fuera del mercado o vendidos.

En la Bolsa, debemos pensar distinto.



Es célebre la historia del padre zapatero que envía a sus dos hijos a vender zapatos al Africa. Una vez allí, ambos hermanos manifiestan visiones diferentes. Uno de ellos dice: Padre, nadie aquí usa zapatos, me regreso porque aquí no venderé ni uno. El otro expresa: Padre, aquí me quedo. Cuando la población empiece a utilizar zapatos, venderé sin parar. De la misma forma, en los pisos puede uno quedarse con la sensación de que no hay mucho por hacer, o bien darse cuenta de la enorme oportunidad que allí existe.

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