El surrealismo fotográfico campea en esta notable exposición del primer fotógrafo madrileño al que el museo Reina Sofía le consagró una retrospectiva.
Madoz. La imaginería visual de un René Magritte, por caso, revive en las fotografías monocromáticas de la muestra.
Sesenta y seis fotografías emblemáticas en blanco y negro de Chema Madoz, seleccionadas por Gastón Deleau, director de FoLa (Fototeca Latinoamericana) se exhiben en el espacio dedicado a esta disciplina en su sede de Godoy Cruz 2626. Madoz, nacido en Madrid en 1958, fue el primer fotógrafo de España que tuvo su retrospectiva en el Reina Sofía; ha sido galardonado, entre otros, con el PhotoEspaña, el Higasikawa de Japón, y hay obra de este artista en el acervo de nuestro Museo Nacional de Bellas Artes.
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Una cuchara proyecta por debajo la sombra de un tenedor. Un taco de billar con una mirilla impresiona como una escopeta. Jaulas que encierran nubes. Madoz enhebra gotas de agua con hilo de coser. Tazas, rejillas, un riel de algún juguete se convierte en malla de un reloj, un peón de ajedrez es la pata del tablero, una copa de vino es un pubis femenino, esta y la raya de un pantalón de alguien que calza mocasines en paralelo con el vértice de una pared provocando un efecto espacial, son las dos fotos en las que aparece un ser humano. Un hielo envuelto a manera de regalo que se derrite. Una escalera de madera sobre una de cemento. Las vetas de la madera convertidas en la llama de un fósforo. Y así se podría seguir describiendo los objetos que Madoz atesora o encuentra fortuitamente, y a los que convierte en poesía visual.
Imágenes sugestivas que atrapan la percepción, imposible no asociarlo al surrealismo, a Dadá; objetos familiares que están a nuestro alcance. Hipnotizan, queremos saber de qué se trata, cómo consigue transformarlos en bellísimos objetos con los que seguramente dialoga durante el proceso de retratarlos. Fotos analógicas, nítidas, contraste de grises, blancos y negros.
Detrás de estas composiciones que tienen una gran dosis de ironía, no sólo está el ojo del fotógrafo sino, como señala el crítico de arte español Fernando Castro Florez en la presentación de la muestra, "un agudo pensamiento, explosiones de la imaginación, visiones repentinas que, sin embargo, ocupan un espacio privilegiado de la memoria". Muestra fascinante, plena de juegos visuales, paradojas, artificios. Nada más acertado que el título: "Ocurrencias y regalos (para la vista)" que merece más de una visita (lunes a domingos de 12 a 20. Miércoles cerrado).
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