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El oficialismo ganó la pelea por el centro político
José Serra, exalcalde de San Pablo, exgobernador del estado homónimo, excandidato presidencial y uno de los históricos del PSDB es la gran víctima política de las elecciones municipales brasileñas de ayer.
Pero también estas municipales fueron el mejor recuento de glóbulos rojos de la oposición, donde el principal desahuciado es el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) de Fernando Henrique Cardoso, y especialmente su referente histórico José Serra, que tuvo en San Pablo el ring más reñido con el oficialista Fernando Haddad, exministro de Educación de Lula y de Dilma Rousseff.
Asimismo, más allá de la victoria en terreno paulista y «tucano» (así le dicen al PSDB), el lastre del «mensalao» impidió que el desempeño del partido gobernante a nivel del país fuera más importante.
En ese sentido, hay que destacar que en la primera vuelta, el partido más ganador fue el centrista PMDB (al que pertenece el vicepresidente Michel Temer), vencedor en 1.018 ciudades, seguido por los «tucanos» con 693, y dejando para el tercer lugar al PT, con 625.
Oxígeno
La victoria del PT en San Pablo fue posible gracias al oxígeno de amplios recursos de campaña y, por sobre todo, a la presencia de Lula, que ayudó a remontar la intención de voto de Haddad.
Pero también ayudaron factores ligados al propio Serra. Por un lado, su rechazo entre el electorado: en la presidencial de 2010 terminó con el 45% de imagen negativa, en enero de 2012 la bajó a un 33%, pero el fragor de la campaña y sus ataques al adversario oficialista lo colocaron otra vez en un 46% en septiembre (antes de la primera vuelta) para dejarlo en un irremontable 52% en esta última semana.
Moderación
Este diario pudo saber que si bien el escándalo del «mensalao» le servía en bandeja a la oposición un flanco para exponer la corrupción del PT y salpicar a Haddad, los consejeros de campaña de Serra recomendaron «moderar y dosificar» esas chicanas. Es que con cada latigazo a su adversario, Serra no crecía en intención de voto sino en rechazos.
El analista y periodista Elio Gaspari explicó la caída en imagen (y en intención de voto) de Serra desde otro ángulo, más ideológico y de más larga data. «Serra siempre asoció su imagen a temas libertarios», o liberales, dijo. El electorado siempre lo vio como el exlíder universitario que apoyado por el comunismo tuvo que exiliarse en Chile, y que luego fue perseguido por Pinochet, agregó.
Pero, según Gaspari, con la continuidad que Lula les dio a las políticas económicas nacidas con el Plan Real (instalado por el PSDB y el presidente Cardoso), la diferenciación y la distancia entre los rivales PT y PSDB se acortaron. Y así, desde la presidencial que perdió contra Dilma Rousseff, Serra quedó colocado en un lugar incómodo, «en el que sus campañas y sus neoaliados aparecen mayoritariamente ligados a otras pautas», en referencia al rechazo visceral que el candidato «tucano» planteó sobre el aborto, la sobrevalorización de acuerdos con grupos evangélicos y el rechazo al «kit-gay», como se llamó al programa educativo de concientización sobre género y homosexualidad.
En otras palabras: con el corrimiento del PT hacia el centro, el PSDB y Serra quedaron petrificados en un lugar ideológico demasiado conservador, sin capacidad de reacción para disputar el centro del electorado, que en Brasil representa un tercio de los votantes.
Al mismo tiempo, aun con su victoria en San Pablo, el PT también tendrá que corregir: el «mensalao» ha salpicado a toda su cúpula. Podría seguir el ejemplo de Dilma y su operación «Fajina» (limpieza), por la que removió a siete ministros sospechados de corrupción. Pero, dicen, para que se pueda expulsar del partido a los condenados por el «mensalao», el PT debería reformar el estatuto partidario. Y nadie apuesta mucho por esa reforma.


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