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El otro estallido de violencia en Venezuela: se disparan los casos de linchamiento
La cifra es casi el 75% de la de todo 2016. La frustración de la sociedad, el auge del delito y la ineficacia policial, judicial y gubernamental subyacen al fenómeno, que se suma a la crisis política y económica.
Barbarie. Un supuesto ladrón fue prendido fuego el mes pasado durante una marcha opositora en Caracas.
"En los linchamientos, los ciudadanos drenan la rabia, el descontento frente a un Estado que no garantiza sus derechos. Creen que están haciendo justicia y llegan a asesinar", dijo el coordinador del OVCS, Marco Ponce.
Detrás está la impunidad. Según el criminólogo Fermín Mármol, en Venezuela sólo 6 de cada 100 delitos reciben castigo. Un déficit alarmante en uno de los países más violentos, con una tasa de homicidios de 70,1 por cada 100.000 habitantes en 2016 -nueve veces el promedio mundial-, de acuerdo con la Fiscalía.
"La gente no siente que el Estado la defienda, así que opta por defenderse, transforma el miedo en ira", señaló Freddy Crespo, profesor de Criminología en la Universidad de los Andes.
Los linchamientos son cada vez más crueles. En abril, un hombre fue prendido en llamas en Valencia (norte). En mayo, un supuesto ladrón fue sacado de su casa por una turba que le cortó tres dedos de una mano y lo asesinó, según el monitoreo del OVCS.
Otro hombre, sorprendido cuando supuestamente asaltaba una casa en Barrancas del Orinoco (este), fue asesinado en enero y colgado de un árbol con un letrero que decía "no queremos más robos".
"El objetivo es asesinarlo antes de que llegue la Policía", comenta Ponce. Quemarlo además tiene una carga simbólica: su desaparición.
En el ardor mueren inocentes. En marzo, la Justicia condenó a seis años y ocho meses de cárcel a un hombre por complicidad en el asesinato de Roberto Fuentes, linchado y quemado cuando auxiliaba a la víctima de un robo y fue acusado de ser el ladrón.
Reflejo de descomposición social, para los expertos los linchamientos también tienen como ingrediente la grave crisis económica que vive el país desde 2014.
"Los otros problemas pesan mucho", afirma Crespo, quien observa que en el país se conjugan nefastamente la "frustración social" y la "falta de confianza en las instituciones".
La justicia por mano propia tiene una alta aprobación social, añade el catedrático, quien ve una actitud pasiva de las autoridades para evitarlo.
Dámaso Velázquez participó en una golpiza, según dijo movido por el "odio" hacia un asaltante, y no se arrepiente.
"No me dio lástima porque lo vi ejecutando el robo, y lo que le pase, está bien. El Gobierno lo pone preso y lo vuelve a soltar", justificó.
El fenómeno tomó tintes políticos, luego de que un joven fuera apuñalado y quemado durante una protesta opositora el 20 de mayo en Caracas.
El presidente Nicolás Maduro dijo que Orlando Figuera, de 22 años y fallecido el 4 de junio, fue víctima de un "crimen de odio" luego de que entre la multitud lo acusaran de ladrón o de ser un infiltrado chavista. Maduro presentó incluso un video del ataque.
Durante las protestas contra el Gobierno iniciadas en abril y que han dejado 70 muertos, manifestantes asestaron duras palizas a presuntos carteristas.
Sin embargo, el apoyo a estas prácticas también genera rechazo ciudadano. "Tampoco es justo que si tú robas, yo venga y te mate o te queme o te desbarate, o me convierta en alguien más bárbaro de lo que tú eres", reflexionó María Hernández, vecina de un sector en el que ha habido varios de esos casos.
| Agencia AFP |


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