- ámbito
- Edición Impresa
El Partido Colorado se ilusiona con una gradual resurrección
El apoyo colorado a la fórmula nacionalista encabezada por Luis Lacalle empareja los tantos de cara al balotaje uruguayo del 29 de noviembre. Comienza una nueva campaña, que se intuye más dura que la que culminó en la votación del domingo.
Para Ignacio Zuasnábar, director de Equipos Mori, la encuestadora que más cerca estuvo de acertar el resultado (apenas «erró» en 6 centésimas el porcentaje de José Mujica), el quiebre de un partido que sólo perdió tres elecciones (1958, 1962 y 1989) a manos de los blancos, antes de la llegada del Frente Amplio, se dio durante la última presidencia que obtuvo, de Jorge Batlle (2000-2005).
«Fue el mandatario que cerró su ciclo con la peor aprobación popular que yo recuerde, marcando el 10%. Él tuvo que asumir el costo de la crisis económica, porque acá no hubo rotación de presidentes como en la Argentina. Es más, durante el segundo semestre de 2002 tuvo un apoyo ciudadano del 4%. Si esto lo comparamos con el mandato de (Tabaré) Vázquez, que está cerrando con el 65%, las diferencias son notorias», sostiene Zuasnábar.
Con el fracaso político de esa presidencia, y con Julio María Sanguinetti dedicado a dar discursos por el mundo, al tradicional partido se le fueron acabando los liderazgos, algo que favoreció al PN. Los blancos, que habían obtenido en las elecciones de 1999 un magro 22%, treparon al 34% en 2004 y se convirtieron en la segunda fuerza después, claro, del FA.
Uno de los datos más llamativos que da cuenta de la desesperación de las cúpulas coloradas ante la fuga de votos fue la creación del Movimiento Plancha en 2007 por parte del fallecido dirigente José Valdez y avalado por el ex senador Wilson Sanabria. Esta rama del partido con nombre despectivo («plancha» en Uruguay significa «villero») buscaba captar el voto de los más pobres, tarea para nada sencilla si se tiene en cuenta que hoy se trata del partido que se ubica más a la derecha del espectro político uruguayo.
En los actos del movimiento participaban grupos de cumbia villera y barras bravas de los principales equipos de fútbol, que protagonizaban fiestas generosas en choripanes y cerveza.
La llegada de Pedro Bordaberry, hijo del ex dictador Juan María Bordaberry, irónicamente logra atrapar hoy a cierto grupo de votantes de centro que no se sentían atraídos por las propuestas frenteamplistas o nacionalistas. Hubo así, con una votación del 16,9%, un repunte con respecto a las elecciones de 2004, cuando el candidato presidencial colorado y ex ministro del Interior Guillermo Stirling arañó el 10% de las preferencias.
«Lo positivo para los colorados en estas elecciones no sólo es el aumento de su capital de votos, sino que lograron procesar la renovación con un líder político que tiene buena imagen también entre los blancos, algo que ningún dirigente anterior tenía. Además, de cara a 2014, no es probable que -gane o pierda ahora- Lacalle se repostule, y Jorge Larrañaga (su vice) es la segunda vez que pierde las elecciones. Las perdió contra Tabaré en 2004 y ahora en las internas del partido, por lo que podría haber un cambio de roles y un resurgimiento de los colorados como fuerza principal de la centroderecha», sostuvo el consultor.
La transferencia de votos de Bordaberry a Lacalle parece un hecho, al menos a grandes rasgos. La preocupación pasa, según Zuasnábar, por un grupo minoritario, del estrato económico superior y de 70 años en adelante, que podría votar en blanco o nulo, y favorecer indirectamente a Mujica, a quien un puñado de sufragios extras depositarán en la presidencia. «El clivaje indentitario es muy fuerte en ese sector y tiene resabios de cuando monopolizaban el Gobierno», agrega.
Así, la tarea pendiente tanto para Lacalle como para Mujica es apropiarse en el balotaje del 29 de noviembre de los sectores moderados y medios. Para Zuasnábar, será fundamental que el «Pepe» sepa rodearse de técnicos y gente reconocidamente bien capacitada, de modo de mandar un mensaje al sector empresarial y de reducir el rechazo a su imagen.
Mujica ya lo comenzó a hacer, tanto al explicar que la economía seguirá en manos de su vicepresidente, el moderado Danilo Astori, como con su visita a uno de los líderes regionales, el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, ocasión en la que incluso lució un traje.
«Esto es muy necesario porque donde peor mide Mujica es ante la pregunta de si tiene capacidades para ser un buen presidente. Sólo el 45% dice que sí y el resto se divide en diferentes opciones, pero todas negativas. Va a tener que superar eso de cara al 29 de noviembre», concluyó el analista.


Dejá tu comentario