Terminó el trimestre y hubo para todos. A los bajistas les queda el premio de ver al Dow perder un 13,3%, en el que ha sido el peor primer trimestre desde 1939, luego de la mayor seguidilla de bajas trimestrales a partir de mediados de 1970. Para los alcistas una mejora de 7,73% durante marzo, quebrando una racha de seis meses consecutivos de mermas al anotarse la mayor suba mensual desde octubre de 2002. La pregunta es: ¿ahora qué? La respuesta: no lo sabemos (en todo caso seguimos con aquello de que la moneda marcando el futuro tiene igual chance de caer de uno como de otro lado). La última rueda, por ejemplo, cubierta por el manto que impone el clásico "window dressing" de fin de trimestre (IBM que lideró las subas ganando el 15% trepó ayer un 2,5%, e Intel, que le seguía en segundo lugar, avanzó un 2,1%), nos mostró al Dow trepando un 2,7%, una hora antes del cierre, para terminar acotando la mejora al 1,16% en 7.608,92 puntos. Si alguien puede sacar alguna proyección de esto no somos nosotros. Si alguno puede sacar alguna conclusión del precio del petróleo que arrancó retrocediendo el 7% y terminó el día ganando u$s 1,25 tampoco somos nosotros. El problema es que hay dinero con el cual impulsar un rally. De hecho, el efectivo depositado en los bancos ronda u$s 950.000 millones, cuando hasta la caída de Lehman apenas llegaba a u$s 300.000 millones. Pero de ahí a que los inversores medianos y chicos se decidan a invertirlo en la Bolsa es otra cuestión. ¿Consejos? Uno solo: prudencia.
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