5 de enero 2010 - 00:00

El presidente hace suya la guerra al terror de Bush

Como en otros países árabes, en Yemen se practica un verdadero culto a la personalidad de su presidente, Alí Abdulá Saleh. La condición de éste de aliado de EE.UU. es el único motivo por el que la Casa Blanca no da un perfil más alto a su intervención militar de hecho.
Como en otros países árabes, en Yemen se practica un verdadero culto a la personalidad de su presidente, Alí Abdulá Saleh. La condición de éste de aliado de EE.UU. es el único motivo por el que la Casa Blanca no da un perfil más alto a su intervención militar de hecho.
Washington - La guerra antiterrorista ha alcanzado al presidente estadounidense: si Barack Obama pretendía en su primer año en el cargo pasar la página de la herencia de la política de George W. Bush, en estos momentos se encuentra prácticamente en su punto de partida.

Por primera vez, el presidente norteamericano debe reaccionar a un atentado terrorista -aunque fallido- contra su país. La «guerra contra el terrorismo» de su predecesor es ahora también su propia guerra.

Por primera vez, Obama la llamó por su nombre en su último mensaje radiofónico a los estadounidenses: la nación está «en guerra» contra una red ampliamente ramificada. «Llevemos a cabo los cambios necesarios. Debatamos sobre cómo podemos proteger de la mejor forma posible el país que amamos», pidió el presidente, planteando una cuestión: ¿cómo?

Los republicanos se vieron confirmados en sus ideas y se sintieron exultantes. El ex vicepresidente estadounidense Dick Cheney había criticado continuamente a Obama de no reconocer que existía «una guerra contra el terrorismo» y hacer de su país un lugar más inseguro al dar marcha atrás con medidas tomadas por el Gobierno de Bush por consideraciones de derechos humanos.

Sin control

La guerra de Irak ha llegado casi a su fin, sin reducir por ello el peligro terrorista. En Afganistán combaten más tropas estadounidenses que nunca y el conflicto se ha extendido fuera de sus fronteras, a Pakistán, sin que los estadounidenses hayan conseguido controlar a Al Qaeda.

En lugar de ello, el interés vuelve a concentrarse en Yemen y el círculo se cierra: en el país de origen de su padre, el jefe de Al Qaeda, Osama bin Laden, halló ya refugio en los años 90 y forjó sus planes de atentar contra Occidente. Muchos de sus combatientes vienen de ese país, donde Estados Unidos fue atacado en varias ocasiones. El 12 de octubre de 2000, 17 marinos murieron en un ataque al buque de guerra estadounidense USS Cole en el puerto de Adén y otras 16 personas perdieron la vida en un atentado contra la embajada estadounidense en setiembre de 2008.

En Yemen encontró también refugio el clérigo de origen estadounidense Anwar al Awlaki, quien supuestamente tuvo un intercambio de e-mails con el mayor estadounidense Nidal Malik Hasan, que en noviembre mató a 13 soldados en la base militar de Fort Hood, en Texas. También tenía un supuesto vínculo con el terrorista nigeriano Umar Faruk Abdulmutalab, autor del ataque frustrado de Navidad en Detroit.

Intervención

Para numerosos expertos está claro que si el nigeriano hubiera logrado atentar contra el avión estadounidense de pasajeros durante su aterrizaje en Detroit, Obama apenas habría podido evitar una intervención abierta en el inestable país árabe. Pero de forma similar a lo que ocurre en Pakistán, Washington no puede perder el favor del Gobierno local, que a su vez tiene que guardar la cara ante el mundo árabe. Ello supone que lo que se necesita es una intervención en silencio.

Según medios estadounidenses, el Ejército norteamericano desempeña un papel central desde hace tiempo en la lucha del Gobierno yemení contra los insurgentes: los recientes ataques contra supuestas posiciones de Al Qaeda en Yemen tuvieron lugar bajo la dirección de Estados Unidos, según se cree. Sin embargo, el Gobierno yemení apenas lo apoya.

Según la CNN, funcionarios yemeníes y estadounidenses están deliberando en estos momentos qué objetivos podrían ser apropiados para una represalia. Desde los ataques del 11 de setiembre de 2001, los más modernos barcos de exploración atraviesan el Golfo de Adén en el marco de la operación Libertad Duradera para interrumpir el tránsito de terroristas y el transporte de armas entre Yemen y la al menos igual de inestable Somalia.

Planes

En el Cuerno de África comenzó la guerra contra el terrorismo: después del derribo de su helicóptero Black Hawk y tras las aterradoras imágenes televisivas de los soldados estadounidenses muertos en las calles de Mogadiscio, los extremistas lograron en 1993 expulsar a los estadounidenses de Somalia. Y allí se incubaron los devastadores atentados contra las embajadas estadounidenses en Kenia y Tanzania en 1998.

Desde entonces hubo planes una y otra vez de incluir la región en la lucha antiterrorista, pero con la atención puesta en Irak y Afganistán apenas quedaba capacidad para ello. Ahora, el presidente Obama se encuentra ante este problema, así como con su promesa de cerrar el campo de prisioneros de Guantánamo en Cuba. Allí quedan probablemente aún numerosos presos procedentes de Yemen, seis de los cuales se prevé que regresen a su país en un futuro cercano. «Es irresponsable devolver a esos presos a Yemen», advirtió el senador conservador independiente Joe Lieberman. «Desde allí volverán a combatirnos».

Agencia DPA

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