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El presidente llega a los 50 desangelado y con muchas deudas
Activistas del Tea Party, sector ultraconservador afín al Partido Republicano, se manifestaron los últimos días frente al Capitolio antes de la votación de los recortes.
Y es que el mandatario demócrata, que mañana llegará al medio siglo, se ha visto abocado a lidiar con uno de los panoramas políticos más divididos de la historia del país, que llevaron a Estados Unidos incluso al borde de un nuevo abismo económico antes de lograr un acuerdo de última hora para aumentar el límite de la deuda en medio de fuertes disputas partidistas.
Lejos quedan las imágenes de un sonriente y confiado Obama recién llegado a la Casa Blanca con el aura de una nueva oleada de frescor y juventud sólo superada por cuatro predecesores suyos en la historia, Bill Clinton y su eterna comparación, John F. Kennedy, incluidos.
El propio mandatario cultivó activamente su imagen «cool». Así, le regaló un iPod a la reina de Inglaterra en su primer encuentro y resolvió una crisis político-racial en su primer verano en la Casa Blanca al invitar a los implicados a unas cervezas en los jardines presidenciales.
También contribuyeron a su imagen informal su pasión por las nuevas tecnologías, con una Casa Blanca casi adicta a Twitter, y hasta sus aficiones deportivas, donde el baloncesto sigue siendo un favorito de Obama frente a otras aficiones más «presidenciales», como el golf.
Pero en éste, su tercer cumpleaños en la mansión presidencial, el lema de campaña «Yes we can» (sí podemos), que se convirtió en todo un mantra de las promesas de una nueva era política en Estados Unidos y el mundo resuena con menos fuerza que nunca.
Obama llega a su medio siglo de edad con un país que casi cae en la suspensión de pagos no por su incapacidad para hacerles frente, sino por encontrarse prácticamente secuestrado por el ultraconservador movimiento Tea Party.
Con todo, las alusiones del propio presidente a su inminente medio siglo -y su cansancio- han arreciado en los últimos tiempos, sobre todo sus comentarios respecto de su cabello cada vez más canoso, muestra física de las fatigas de los dos últimos años y medio.
Obama habló de sus canas hasta con el entonces aún presidente electo de Perú, Ollanta Humala.
«Hemos coincidido en que la mejor etapa de un presidente es la campaña electoral, porque de ahí vienen los problemas», relató Humala sobre su encuentro con Obama en Washington a comienzos de julio.
«Ahora me he explicado por qué (Obama) tiene tantas canas, él entró sin canas en el Gobierno y ya está canoso el presidente, y me ha augurado la misma suerte a mí», bromeó Humala.
Y es que hasta su propio cumpleaños o, más bien, su lugar de nacimiento, se ha convertido en una batalla para este presidente que hizo historia al convertirse en el primer afroamericano al frente de Estados Unidos.
La cuestión sobre si Obama nació o no en territorio estadounidense fue una duda alentada por la oposición más radical desde el comienzo de su presidencia. Algo nada baladí ya que ponía en entredicho su mandato, puesto que por ley nadie que no haya nacido en Estados Unidos puede asumir la Presidencia.
El magnate de los negocios Donald Trump revivió las dudas en abril, cuando jugueteó con una candidatura presidencial republicana e hizo de la duda sobre el nacimiento de Obama su principal arma.
Hasta tal punto que, finalmente, la Casa Blanca se vio obligada a colgar en su web el certificado de nacimiento del mandatario -de Hawái-, poniendo fin, al menos por el momento, a estas teorías conspiracionistas.
Unos días después, Obama daba uno de sus mayores golpes políticos cuando anunció la muerte del líder de Al Qaeda, Osama bin Laden, en un operativo secreto estadounidense culminado a apenas unos meses del décimo aniversario de los atentados del 11-S, la mayor catástrofe terrorista en la historia de este país.
Agencia DPA


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