22 de febrero 2018 - 22:48

El programa económico, para que tenga éxito, requiere cambios profundos

El programa económico, para que tenga éxito, requiere cambios profundos
El éxito del programa económico de la administración Macri no está de manera alguna asegurado y sería conveniente que lo estuviese, para evitar que la economía destroce, una vez más, lo que se está construyendo desde la política. Para ello es necesario: 1) asegurar el financiamiento del período de transición hacia el equilibrio fiscal; 2) consolidar un crecimiento de al menos 3% anual, y 3) bajar la tasa de inflación a niveles compatibles con los estándares internacionales.

Estos tres factores requieren esfuerzos adicionales y cambios en la política monetaria, ya que en las condiciones actuales no están asegurados ni el financiamiento, ni el crecimiento y tampoco la reducción drástica de la inflación, es decir, el éxito no está asegurado, lo que abre otra vez la posibilidad de un nuevo movimiento pendular que nos lleve, como siempre, a ninguna parte.

El Gobierno no tiene un plan B, pero tampoco cuenta con los reaseguros necesarios para el éxito del plan A.

En primer lugar, resulta ineludible que en todo momento se perciba que no habrá dificultades en el acceso a los fondos necesarios para financiar los déficits transitorios. Se podría, por ejemplo, buscar que siempre estén cubiertas las necesidades de financiamiento para al menos los próximos dos o tres años. Es decir, contar con un fondo de reserva, un acuerdo con organismos internacionales o algún instrumento de crédito alternativo que implique cerrar definitivamente las dudas que puedan afectar de manera adversa las expectativas. Como la necesidad de financiamiento del cuarto año es inferior a la del primero, la del quinto inferior a la del segundo y así sucesivamente, esta reserva irá disminuyendo, indicando una convergencia plena hacia el equilibrio fiscal.

En segundo lugar, el crecimiento requiere de una estructura con menores cargas impositivas sobre el trabajo y el capital. Dada la situación de alto déficit fiscal, es claro que no se pueden reducir los impuestos actuales, pero sí se pueden reducir en el futuro para los que inviertan o contraten trabajo en el presente. Esta reducción debe ser "asegurada" contra cambios políticos como lo son las inversiones que tienen derecho a llevar sus reclamos a un tribunal internacional. El criterio de la reducción futura debe ser mayor cuanto más largo sea el período de maduración de la inversión y mayor la inversión presente. La implementación de esta propuesta es un tema aparte, pero se pueden diseñar instrumentos que impliquen el fiel cumplimiento de la reducción impositiva futura. Este esquema impedirá, al menos parcialmente, que resultados fiscales mejores a los esperados se dediquen a incrementar el gasto público. Si el crecimiento no es de al menos 3% anual, las posibilidades de éxito se reducen significativamente.

Una vez que el financiamiento esté garantizado para un período plurianual permanente y el crecimiento pueda apuntalarse a través de la reducción de impuestos futuros, es posible atacar de pleno y decididamente la tasa de inflación.

En un contexto como el descripto se pueden redefinir las expectativas y anunciar una política monetaria con inflación muy baja. Esto se puede hacer -aunque a algunos les suenen las alarmas-, utilizando al tipo de cambio como eje de la política monetaria. Se ha insistido desde el Gobierno con las bondades del tipo de cambio flotante, las que verdaderamente son importantes cuando no hay un déficit fiscal enorme financiado con deuda externa, y no se utiliza la tasa de interés como instrumento de política monetaria, lo que significa intervenir indirectamente en el mercado cambiario. La flotación funciona con equilibrio fiscal y tasa de interés también flotante, es decir, sin intervención del Estado en ninguno de esos mercados. El uso de la tasa de interés como instrumento ha generado volatilidad en el tipo de cambio y lamentablemente esto se ha confundido con flotación. El sector público necesita permanentemente cambiar dólares por pesos, ¿no sería conveniente que esto se haga a un precio menos volátil? Cuando se parte de una tasa de inflación mensual equivalente a la inflación anual de las economías "normales", la tasa de interés sólo influye en el único precio flexible en el corto plazo: el tipo de cambio. Por eso tenemos apreciaciones innecesarias. La reversión de esa política de tasas produce depreciaciones innecesarias. Cuanto más abierta sea la economía al mercado de capitales, mayores serán estas fluctuaciones, porque es menos factible fijar una tasa de interés doméstica diferente de la tasa de interés internacional (más la prima de riesgo correspondiente). También discutimos cuánto de una depreciación del peso se traslada a los precios. La respuesta es simplemente el 100%, dado un plazo suficiente.

Sobre la base de estas consideraciones resultaría más apropiado utilizar el tipo de cambio como instrumento de política monetaria. Dadas las experiencias anteriores con tipo de cambio fijo, de las que hemos aprendido muchísimo, es conveniente que esta vez la política cambiaria tenga ciertas reglas. La tasa de cambio se mantendrá inamovible siempre que no existan elementos, internos o externos, que generen presiones deflacionarias o inflacionarias (afectando notoriamente la demanda agregada).Es decir que el tipo de cambio se modificará, por ejemplo, cuando se reduzcan los precios de nuestras exportaciones, cuando se enfrente una recesión mundial o cuando suba la tasa de interés internacional. Este es un instrumento capaz de consolidar un abrupto cambio en las expectativas de inflación. Se podría anunciar una nueva política cambiaria a partir de enero de 2019, fijando el tipo de cambio, pero sujeto a la regla mencionada anteriormente: sólo se modificará cuando existan elementos que tiendan a generar presiones deflacionarias o inflacionarias.

¿Tiene sentido instrumentar alguna de estas sugerencias aisladamente? Si bien cualquiera de ellas implica una mejora, ninguna aisladamente garantiza el éxito del programa. El funcionamiento conjunto de estos tres factores (cobertura plurianual del financiamiento, reducción de impuestos futuros y cambio abrupto de las expectativas de inflación) podrá generar un nuevo ciclo económico donde éstos se retroalimenten sentando las bases de un cambio permanente.

(*) Presidente de Evaluadora

Latinoamericana SA

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