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El programa económico, para que tenga éxito, requiere cambios profundos

En un contexto como el descripto se pueden redefinir las expectativas y anunciar una política monetaria con inflación muy baja. Esto se puede hacer -aunque a algunos les suenen las alarmas-, utilizando al tipo de cambio como eje de la política monetaria. Se ha insistido desde el Gobierno con las bondades del tipo de cambio flotante, las que verdaderamente son importantes cuando no hay un déficit fiscal enorme financiado con deuda externa, y no se utiliza la tasa de interés como instrumento de política monetaria, lo que significa intervenir indirectamente en el mercado cambiario. La flotación funciona con equilibrio fiscal y tasa de interés también flotante, es decir, sin intervención del Estado en ninguno de esos mercados. El uso de la tasa de interés como instrumento ha generado volatilidad en el tipo de cambio y lamentablemente esto se ha confundido con flotación. El sector público necesita permanentemente cambiar dólares por pesos, ¿no sería conveniente que esto se haga a un precio menos volátil? Cuando se parte de una tasa de inflación mensual equivalente a la inflación anual de las economías "normales", la tasa de interés sólo influye en el único precio flexible en el corto plazo: el tipo de cambio. Por eso tenemos apreciaciones innecesarias. La reversión de esa política de tasas produce depreciaciones innecesarias. Cuanto más abierta sea la economía al mercado de capitales, mayores serán estas fluctuaciones, porque es menos factible fijar una tasa de interés doméstica diferente de la tasa de interés internacional (más la prima de riesgo correspondiente). También discutimos cuánto de una depreciación del peso se traslada a los precios. La respuesta es simplemente el 100%, dado un plazo suficiente.
Sobre la base de estas consideraciones resultaría más apropiado utilizar el tipo de cambio como instrumento de política monetaria. Dadas las experiencias anteriores con tipo de cambio fijo, de las que hemos aprendido muchísimo, es conveniente que esta vez la política cambiaria tenga ciertas reglas. La tasa de cambio se mantendrá inamovible siempre que no existan elementos, internos o externos, que generen presiones deflacionarias o inflacionarias (afectando notoriamente la demanda agregada).Es decir que el tipo de cambio se modificará, por ejemplo, cuando se reduzcan los precios de nuestras exportaciones, cuando se enfrente una recesión mundial o cuando suba la tasa de interés internacional. Este es un instrumento capaz de consolidar un abrupto cambio en las expectativas de inflación. Se podría anunciar una nueva política cambiaria a partir de enero de 2019, fijando el tipo de cambio, pero sujeto a la regla mencionada anteriormente: sólo se modificará cuando existan elementos que tiendan a generar presiones deflacionarias o inflacionarias.
¿Tiene sentido instrumentar alguna de estas sugerencias aisladamente? Si bien cualquiera de ellas implica una mejora, ninguna aisladamente garantiza el éxito del programa. El funcionamiento conjunto de estos tres factores (cobertura plurianual del financiamiento, reducción de impuestos futuros y cambio abrupto de las expectativas de inflación) podrá generar un nuevo ciclo económico donde éstos se retroalimenten sentando las bases de un cambio permanente.
(*) Presidente de Evaluadora
Latinoamericana SA


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