10 de febrero 2009 - 00:00

El rostro televisivo de un duro

Jerusalén - Pese a contar ya con siete hijos y encontrarse embarazada de un octavo, Anastasia Michaeli mantiene el arrebatador atractivo que la ha convertido en uno de los rostros más populares de la televisión israelí. El mismo que la hizo reina de la belleza en su ciudad natal, San Petersburgo, Rusia.
Lo mismo ocurre con Orly Levy. Como su compañera de partido, Levy no ha perdido el encanto que la llevó a las pasarelas de moda. La hija del ex ministro del Likud David Levy comparte la aureola de seducción y la fama de Michaeli, ya que ella también se desempeña como presentadora de la pequeña pantalla.
Es más, las dos se especializaron durante una época en el mismo tipo de programa de amenidades enfocado al hedonismo. Anastasia conduce todavía hoy la emisión «Placeres de la vida» y Levy hizo lo propio con «El camino de la belleza».
Sofisticadas, jóvenes, con una sólida formación cultural -Levy es licenciada en Derecho y Anastasia en Comunicación e Ingeniería Eléctrica-, el dúo de mujeres se transformó en uno de los apoyos más singulares del ultraderechista Avigdor Lieberman, cuyo partido (Israel Nuestra Casa) es ya el principal fenómeno de las elecciones israelíes y podría determinar quién será el próximo jefe de Gobierno.
«Me gustaba mucho el trabajo de modelo y la tele, pero creo que en el Parlamento podré impulsar la lucha social. Hay mucha gente marginada que vive bajo la línea de la pobreza», explicó Orly después de participar en una conferencia en Natania.
Como escribía el pasado diciembre el diario Haaretz, la inclusión de Levy y Michaeli en los diez primeros puestos de la lista de Israel Nuestra Casa -lo que les asegura un puesto en el Parlamento- pretende «difuminar» la «línea extremista» y otorgar «una imagen más atractiva» de una agrupación cuyo líder se ganó una controvertida notoriedad.
Militancia
Ex custodio de discoteca nacido hace 50 años en lo que ahora es Moldavia, Lieberman personifica un profundo radicalismo que lo llevó en sus inicios políticos en Israel a ser militante del partido Kach, incluido en la lista de grupos terroristas de EE.UU., la Unión Europea y hasta del propio Estado judío, según declaró el ex secretario general de esa formación, Yossi Dayan.
Sin embargo, el mensaje extremista -«fascista», según el Partido Laborista- de Lieberman parece haber calado en la sociedad israelí, que todos los analistas coinciden experimentó un profundo giro hacia la ultraderecha. Su partido pasó de los cuatro escaños que obtuvo en 1999 a los 19 que le otorgan ahora las encuestas.
Quizás uno de los ejemplos de dicha tendencia sea la propia Michaeli que se pasó a las filas de Lieberman procedente del partido más moderado que lidera Tzipi Livni. Michaeli, de 33 años, causó un cierto revuelo en 2007 cuando participaba como jueza del equipo que debía elegir al representante israelí para Eurovisión y manifestó su oposición a los artistas que tuvieran «aspecto árabe».
Casada con un ex campeón de boxeo con el que se trasladó a vivir a Israel -donde se convirtió al judaísmo-, Michaeli tampoco dudó en defender públicamente la necesidad de que una mujer se amolde a los requerimientos sexuales de su marido.
«Un hombre sigue siendo un hombre, en términos sexuales, incluso en el judaísmo. Un hombre puede irse a otra ciudad, acostarse con una mujer y volver después con su esposa. Las mujeres no tienen tal privilegio. Deben ser madres y limpias», señaló la también ex modelo.
Pero las opiniones de personajes como Michaeli o el propio Lieberman cada día concuerdan más con las que se pueden escuchar en cualquier bar de Tel Aviv. «Lieberman sólo dice en alto lo que pensamos muchos israelíes. Los árabes son un peligro para Israel y tenemos que liberarnos de ellos», explicó Yori Eglash, un joven de 29 años.
Para el poeta Yitzhak Laor, el fulgurante ascenso político de Lieberman tan sólo forma parte «de la lógica racista que se está apoderando de nuestras vidas».
Una tesis que rechaza de plano Orly Levy. Ella achaca la transformación social que se produjo en la población israelí al «fracaso estrepitoso» de la izquierda. «Ofreció los Acuerdos de Oslo y a cambio recibimos atentados terroristas en cafeterías y colectivos. Ofrecimos paz en Camp David y nos respondieron con una Intifada. Y nos retiramos de Gaza en una terrible decisión de mi Gobierno, y hemos recibido misiles en el sur de Israel. La gente no es tonta y vota en contra de la política que incentiva el terrorismo», agrega.

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