Llegamos a la última rueda del año habiendo negociado ayer menos de 507 millones de acciones en el venerable New York Stock Exchange. Para tener una idea de qué significa esto, basta decir que es considerablemente menos de la mitad de lo que se negoció diariamente a lo largo de todo 2010, lo que a su vez estuvo debajo del promedio de 2009. Para peor, este escenario en que los inversores parecen estar desvaneciéndose del mercado no sólo afecta a los Estados Unidos, sino que se repite del sur al norte y del este al oeste de todo el planeta. Claro que si exceptuamos a los grandes perdedores de 2010 (la Bolsa Griega con -47% en dólares, España -26%, Irlanda -20%, Italia -18% -no por nada surgió el acrónimo PIIGS-, Botswana -27% y Bahrein -23%) fue fácil desestimar este problema detrás de las subas de precios, especialmente cuando analizamos qué mercados lideraron el ranking (Sri Lanka 74%, la Argentina 68%, Estonia 53%, Tailandia 51%, Perú 50%, Ucrania 49%, Bangladesh 43%, Kuwait 41%, Chile y Colombia 40% -salvo Tailandia y los últimos tres latinos, que son mercados emergentes, el resto son fronterizos: los más riesgosos del planeta-). El 0,14% que retrocedió ayer el Promedio Industrial al cerrar en 11.569,71 puntos puede ser visto, entonces, no como un verdadero retroceso, sino como un ajuste a lo que ha venido siendo una seguidilla de nuevos máximos bianuales consecutivos a lo largo de casi todo el mes. No sabemos qué nos deparará el futuro, pero si a pesar de todas las voces hablando a lo largo del año sobre una guerra de monedas, la debilidad de la economía norteamericana o las implicancias de la megaemisión de la Fed, vemos que la tasa a 10 años trepó del 2,24% al 3,37%, mientras el dólar avanzó más del 2% frente a las principales monedas y el oro fue la estrella en el mercado de commodities, es claro que el horizonte no luce de lo mejor. ¡Muy feliz año nuevo para todos! (y a ser prudentes).
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