12 de mayo 2016 - 00:00

El Senado suspendía anoche a Dilma y Temer se preparaba para reemplazarla

Dilma Rousseff mira desde una ventana del Planalto las manifestaciones, acompañada por su jefe de Gabinete, Jacques Wagner (izquierda). La espera de su suspensión contó con el entusiasmo de sus detractores (arriba a la derecha) y la indignación de sus partidarios (abajo a la derecha).
Dilma Rousseff mira desde una ventana del Planalto las manifestaciones, acompañada por su jefe de Gabinete, Jacques Wagner (izquierda). La espera de su suspensión contó con el entusiasmo de sus detractores (arriba a la derecha) y la indignación de sus partidarios (abajo a la derecha).
 Brasilia - El Gobierno de Dilma Rousseff concluía de forma abrupta al cierre de esta edición, cuando el Senado se aprestaba a avalar el inicio del juicio político en su contra y la suspensión de su cargo durante seis meses, período que será reemplazada por su vice, Michel Temer.

De los 81 senadores que integran el cuerpo, 69 se habían inscripto para hablar antes de que se realizara la votación, pautada para esta madrugada. Tal como sucedió el 17 de abril, cuando el plenario de la Cámara de Diputados aprobó el enjuiciamiento de la presidenta, la tendencia era ampliamente favorable al "impeachment".

Se necesitaba una mayoría simple (41 respaldos sobre 81), para que el juicio sea abierto, algo que se daba por descontado, pero el temor del oficialismo era que sean más de 54 senadores los que voten a favor del proceso. Esta cifra es la que se requiere en la votación final del juicio político, previsiblemente en septiembre, para destituir a la presidenta de manera definitiva.

Dos encendidos discursos favorables a la caída de Rousseff provinieron de senadores que integraron en su momento el gobernante Partido de los Trabajadores (PT). El senador Cristovam Buarque, quien actualmente integra el Partido Popular Socialista, rechazó críticas de que se "cambió de lado" al votar contra el Gobierno. Lo mismo ocurrió con Marta Suplicy, una de las fundadoras del PT, exalcaldesa de San Pablo y hoy correligionaria de Temer en el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB). "Estoy convencida del delito de responsabilidad cometido por la presidenta de la República. La gravísima situación brasileña pide acciones pensadas, pero también rápidas", afirmó en referencia al motivo del impeachment, el maquillaje de las cuentas públicas.

Mientras se producía el acalorado debate, Rousseff retiraba libros y otros objetos personales de su despacho en la Presidencia, donde el clima era "de velorio", dijo a la prensa una fuente del Planalto que pidió no ser identificada. Los diarios locales adelantaron que la mandataria se retirará del Palacio del Planalto acompañada por sus ministros y su mentor, Lula da Silva, tras lo cual se emitirá un discurso grabado. Se espera que cerca de las 15 Temer vaya a la sede de Gobierno.

Durante el juicio político, la mandataria permanecerá en la residencia oficial, el Palacio da Alvorada, posiblemente recibiendo la mitad de su salario.

En tanto, la Plaza de los Tres Poderes, el corazón del Gobierno brasileño, había sido cerrada al público, pero eso no evitó que se produjeran desmanes y enfrentamientos entre bandos opuestos, ante los que intervino la Policía.

En Río de Janeiro las columnas de militantes del PT y quienes respaldaban el juicio político se estaban acercando amenazantemente y fuentes consultadas por Ámbito Financiero, comentaron que el clima era de "máxima tensión".

Rousseff fue reelecta en octubre de 2014 por cuatro años, pero su entonces elevada popularidad, impulsada por programas sociales que sacaron a millones de la pobreza, se hundió rápidamente hasta el 10% en medio de una recesión económica que se anticipa como la peor en décadas.

También la golpeó el megafraude descubierto hace dos años en la estatal Petrobras, que tiene en la mira a decenas de políticos del PT y a aliados, así como a poderosos empresarios. La mandataria no es blanco de ninguna investigación o acusación, pero muchos la acusan de haber sido tolerante con las corruptelas.

Si Rousseff es finalmente destituida al cabo de un juicio que puede durar hasta seis meses, Temer quedará al frente del país hasta 2018, cuando culmina el actual mandato. El vicepresidente cuenta con el apoyo de los mercados, pero su popularidad es ínfima: sólo un 2% de los brasileños votaría hoy por él en elecciones presidenciales.

Además, un grupo de diputados de formaciones de izquierda en Brasil encabezado por el PT anunció una obstrucción sistemática a cualquier proyecto de ley que sea propuesto al Congreso por el sustituto. "Lo que (Temer) propone para el país es una agenda neoliberal, conservadora, que retirará derechos, pero los diputados del PT estaremos al frente de la lucha para impedir cualquier retroceso", dijo el vocero del PT en la Cámara Baja, Afonso Florence.

La llegada de Temer pondrá fin a poco más de 13 años de gobiernos del PT, que comenzaron en 2003 con la investidura de Lula da Silva, reelegido en 2006, y prosiguieron con Rousseff (2010 y 2014). El PT, que llegó a ser considerado como el mayor partido de izquierda en América Latina, es la formación que más años gobernó Brasil desde que el país recuperó la democracia, en 1985.

Ámbito Financiero y Agencias EFE, AFP, Reuters, ANSA y DPA