“El sexo, en realidad, es un agujero negro”

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La historia intrigante, procaz, fantástica, del despertar sexual de un grupo de adolescentes de un colegio católico conquistó a un jurado presidido por Juan Marsé e integrado por Almudena Grandes, Juan Gabriel Vásquez, Fernando Aramburu y Beatriz de Moura, que otorgó a la argentina Betina González el VIII Premio Tusquets de Novela por "Las poseídas", libro que acaba de distribuir en nuestro país esa editorial.

Betina González es doctora en literatura latinoamericana por la Universidad de Pittsburg, EE.UU., y actualmente es profesora de Semiótica de los Géneros en la UBA. Sus tres libros anteriores, "Arte menor", "Juegos de playa" y "La conspiración de la forma", también lograron prestigiosos premios. Dialogamos con ella sobre su novela, que tal vez le hubiera gustado a Luis Buñuel.

Periodista: ¿Cómo aparece en usted la idea de "Las Poseídas"?


Betina González: Hace rato tenía la idea de escribir una novela de iniciación que hablara del mundo de las chicas, pero no encontraba el tono. Me convencí de que estaba en el buen camino cuando leí la novela de Fleur Jaeggy "Los hermosos años del castigo" que, aunque está en español, yo leí en inglés. Jaeggy es una escritora suiza que vive en Milán y escribe en italiano. Su novela no tiene mucho que ver con "Las Poseídas", excepto que sucede también en un internado católico. La atmósfera de su libro me hizo pensar que no había algo así en la literatura latinoamericana. Lo hay sí del mundo de los varones, está en los cuentos de Rodolfo Walsh, en "La ciudad y los perros" de Vargas Llosa, entre otras. Pero no hay muchas que retraten ese mundo. La lectura de Fleur Jaeggy me dio el empujón para pensar que yo podía hacer algo un poco distinto. Fue así como me lancé a la escritura.

P.: ¿Usted estudió en un lugar como el que describe?

B.G.:
Hice la primaria y la secundaria en un colegio católico. Era, por tanto, un mundo que conocía. Igual tuve que repasar ese mundo. Hay intertextos con la Biblia, textos cristianos, San Agustín, Santa Teresa, textos militares. Hay investigación, no es un mero apelar a la memoria.

P.: El tono con que recuerda lo ocurrido López, su narradora, es el de la experiencia, el recuerdo de lo vivido.

B.G.: "Las poseídas"
es una novela muy intimista. Y como buena novela de iniciación es confesional. Además, la confesión forma parte de la simbología católica. Y ese mundo yo lo conozco. Se dice que hay que escribir sobre lo que uno sabe. No estoy tan de acuerdo con eso. Está bueno escribir también sobre lo que uno no conoce, si no no se daría lugar a la invención y a la investigación.

P.: Capítulo a capítulo la historia lleva de lo realista, a lo erótico, lo fantástico, lo policial...

B.G.:
Fue absolutamente deliberado. Si se compara "Las poseídas" con mis libros anteriores, hay cambios. Uno es el trabajo con los géneros. Alejarme de un realismo muy local, me llevó a una escritura depurada, despojada, y a un trabajo con los géneros. Me pareció que para narrar el mundo de chicas adolescentes el realismo no alcanzaba. Es más, lo que hace el realismo es reproducir los estereotipos, clichés, las miradas masculinas. Los géneros colaboraban a desmontar esos estereotipos y mostrarlos con ironía. Lo sobrenatural, el gótico histórico, sentí que era una buena matriz narrativa para contar como se siente una chica de 16 años. Algunas chicas a esa edad se sienten poseídas. Poseídas por sus propias emociones, por cómo las ven los demás. Hay distintos niveles de la idea de la posesión. Hice literal la frase de Pavese "ser joven es no poseerse a sí mismo". Fue la forma de narrar el mundo femenino adolescente haciendo justicia a su complejidad

P.: Su primer paso para salir del realismo es entrar en lo erótico con una mirada un poco irónica.

B.G.:
Queria desmontar la idea romántica del sexo adolescente, la pornografía que se liga a esa etapa, los estereotipos de la hipersexualización de las chicas de escuela católica. El sexo es un agujero negro en realidad. El erotismo está pero para mostrar los oscuro y lo animal del ser humano. La narradora no quiere pasar por las instancias convencionales de la cultura para llegar al sexo, quiere tener la experiencia directa. Una experiencia cualquiera, porque es algo que hay que hacer, y es como un nuevo conocimiento. La mirada irónica sirve para el trabajo de desmontar los tópicos al respecto.

P.: ¿Cómo hizo para que apareciera un fantasma, para llevar a un caso policial, manteniendo una intriga constante?

B.G.:
Uno no controla todo lo que pone en marcha cuando comienza a narrar. Tomo elementos del gótico, pero no es una novela gótica. Tomo elementos del policial, pero no es un policial. La frase de Pavese "ser joven es no poseerse a sí mismo" me llevó a contar la experiencia de una chica que se siente poseída por los espíritus, y eso me lleva al gótico inevitablemente. A la novelas de las hermanas Brontë. A motivos como la locura, el encierro, muy ricos en la atmósfera en un colegio de monjas, una vez que eché a rodar la idea de gente que se siente poseída. "Las poseídas" fue un libro bastante arrebatado. La idea de la posesión también se jugaba para mi. Sentí que la novela me quemaba en las manos. Y yo quería transmitir eso al lector. Que la quisiera leer, seguir, terminar. Que tuviera ese sentimiento de rabia, de rebeldía sin dirección que se vive intensa y dramáticamente en la adolescencia.

P.: Los elementos que usted maneja entran en la tradición, de nuestra literatura, los fantástico y el policial, que está tan de moda.

B.G.:
Es posible, pero no son elementos de la literatura argentina más actual. La narrativa fantástica podemos verla en Leopoldo Lugones, y aún antes, y obviamente después con sus más grandes exponentes. En cuanto al policial, dudo que vaya a escribir uno. En "Las poseídas" no uso la fórmula tradicional del policial, partiendo de alguien que investiga,. Entrecruzo elementos de la novela de terror, de la de suspenso, pero el objetivo es trabajar la figura de la adolescente en toda su complejidad, no en mera superficie.

P.: Profesionalmente se dedica a la literatura latinoamericana.

B.G.:
El doctorado en la Universidad de Pittsburgh fue sobre Literatura Latinoamericana, específicamente del siglo XIX. Volví a la Argentina hace un año, después de nueve años en Estados Unidos. Allá tuve muchas becas, y mucho tiempo para escribir. También cierta distancia. La primera formación que tuve allá fue la Magistratura en Escritura. Al ser un programa bilingüe convivía en las clases con alumnos latinoamericanos y estadounidenses, lo que hacía que no sólo había dos lenguas sino dos tradiciones de lecturas. Fue bueno estar con estadounidenses que tienen una idea distinta de la poética de la novela, de la poética del cuento. Fue muy valioso. Ellos no tienen la idea latinoamericana de cómo se escribe un cuento. Y cuando piensan en nuestra literatura, piensan en el realismo mágico. Y eso tiene que ver con la política de traducción, con lo que hacen que se lea. Y con políticas de educación, y con la segmentación de los mercados. Ahí uno entiende ciertas etiquetas, cómo funciona el mundo literario, cómo hay una academia estadounidense que toma nuestra región como una unidad cultural, cuando no es así. Y sí América Latina es el realismo mágico debemos pensar cómo hacer para trabajar con eso o contra eso.

P.: ¿Qué está haciendo ahora?

B.G.:
Enseño en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, en la carrera de Ciencias de la Comunicación. Hay una razón para que esté ahí, es la única carrera de la UBA en la que los estudiantes tienen materias de escritura. Enseño allí Semiótica de los Géneros, y tengo un Taller de Escritura.

P.: Vive ganando premios libro a libro.

B.G.:
Es un camino posible para quien tiene un apellido como el mío. Desde chica tenía cierta percepción pesimista de que si no tenía contactos con el mundo editorial, cómo moverme, nunca iba a lograr publicar. Eso me protegió de cierta pulsión exitista o de la pose del escritor. Eso no me interesaba. Los premios son una opción para quienes no tienen contactos en el mundo editorial o no saben cómo moverse en ese mundo.

P.: ¿Que está escribiendo ahora?

B.G.: "Las poseídas" i
nterrumpió la novela que estoy escribiendo desde 2009. Es distinta a las otra. No ocurre en la Argentina, sucede en una ciudad innominada, pero se sabe que es en Estados Unidos. Una ciudad en decadencia, pequeña, donde las iglesias están en venta, las mansiones venidas abajo y ocupadas por pobres. Y allí ocurren cosas que tienen que ver con lo fantástico. Hay más ciervos que humanos, son un plaga; ésa es la excusa de la novela.

Entrevista de Máximo Soto  

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