5 de septiembre 2011 - 00:00

El sinsabor del encuentro

Esta nueva realidad del Nacional B hace del cervecero un candidato con quien compartir el sueño de volver a Primera. Entonces los viejos papeles se queman y el rival se convierte en difícil.

En los primeros 15 minutos el jugador que más había tocado la pelota era Chichizola. La presión del mediocampo quilmeño -algo más que rústico por momentos- obligaba permanentemente al toque atrás sin encontrar espacios. Para colmo de males, el pibe Abecasis se lesionó en la primera jugada y Ferrero tuvo que ser improvisado de lateral.

- ¡Basta de salir por la derecha...! (pobre Ferrero: tiene menos salida que un laberinto).

Sánchez y Aguirre terminaban cada jugada en el piso, porque Quilmes parecía los All Blacks cuando te comían los pies.

- ¡MovEte River!... ¡No llegamos nunca hermano...! ¡No sé ni qué color tiene el buzo del arquero...!

Las dimensiones del campo de juego no daban lugar para encontrar espacios y el raspe permanente del local no permitía a River asentarse y desarrollar un juego colectivo. Después de tres pases seguidos perdíamos la pelota o nos dejaban comiendo pasto con un concierto de planchas, empujones, etc.

- Lunati... ¿vas a venir a ver el partido? ¡¡¡Dale, vení, vení y cobráte algo...!!!

El marcador de punta cervecero tiraba centros en cada lateral y River insistía con el juego corto, que a la larga daría más frutos pero a la corta no servía.

A Nicolás Domingo le mordían la nuca y lo obligaban a tocar apurado, lo que llevaba a más imprecisión.

- ¡¡¡Dale Nico, pasásela a los de banda roja, nene...!!! ¡¡¡Con ese apellido este pibe cree que tiene que jugar mañana...!!!

Hasta la media hora de juego River no había llegado nunca al área rival, y Quilmes, a los ponchazos, se las arreglaba para generar cierto peligro y controlar el ritmo del partido.

La primera vez que Aguirre tuvo dos metros para pensar y no le dieron para que tenga, le puso una pelota al claro a Fernandinho y el Cavegol se la mandó a guardar con un tiro cruzado.

- ¡¡¡Goooooooolllllllllllll...!!! ¡¡¡Grande Fer...!!!

Esto es lo que tiene River, querido, individualidades que te abren el partido en el momento menos pensado. Al fin ligamos una.

Nos fuimos al descanso con un triunfo parcial inmerecido. Pero el fútbol es para cualquiera menos para los dormidos.

Ya estaba en la cancha el lobo Ledesma y River ganaba en oficio y buen trato de pelota. Así fue como los dos «tractorcitos» -Aguire y Sánchez- se empezaron a soltar y aparecían los espacios. El pibe Ocampos estaba medio «lagunero» pero con el juego que comenzaba a avistarse podía entrar más en sintonía.

- ¡¡¡Ocampos...!!! ¡¡¡MovéEte, pibe, que te va a mear un perro... !!!

Los últimos quince fueron de un ida y vuelta permanente. El mediocampo, que durante casi todo el desarrollo del partido había sido un escenario de batalla, de golpe se convirtió en un desierto. Y cuando nos estábamos pasando la lengua por los labios para sacarnos la espuma de la cerveza nos madrugaron en un centro... «y a otra cosa mariposa».

- ¡¡¡Nooooooooooooooo, nooooooooooo... !!! ¿Quién tiene que marcar a ese pibe? ¿Cómo lo dejan saltar solito? ¡¡¡No lo puedo creer, otra vez nos embocan de cabeza en la última como el año pasado en el Monumental...!!!! ¡¡¡Me persiguen los Caruso...!!!... ¡¡¡Dame la pastilla, gorda... !!!

¡¡¡No, no, media nada más. Mirá, mirá la repetición, está más solo que el hincha de Camerum...!!!

¡¡¡Pero la puta que lo parióoooooooooooo!!!!!!!!!!

Me voy caliente como una chiva.

Para destacar: al menos jugando mal no perdimos. Esto va a ser más difícil que un parto de quintillizos y recién van cuatro fechas.