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El sueño del cine a veces engendra males
Louis-Do de Lencquesaing interpreta a un productor de cine arte en «El padre de mis hijos», de Mia Hansen-Love.
Dos sentidos tiene el título de esta obra de Mia Hansen-Love. Uno, inmediato, alude al personaje protagónico. Otro, casi en secreto, alude al personaje que la inspira. Se trata del productor Humbert Balsan, hombre de familia aristocrática que protegió decenas de artistas o pretendidos artistas, hasta que, agobiado por las deudas, en vez de agachar la cabeza y pedir el respaldo financiero de los suyos, se pegó un tiro. Balsan produjo el primer film de Hansen-Love, «Tout est pardonné», historia de una reconciliación, e iba a producir el segundo. A esos hijos se refiere la autora.
Pero, aunque el personaje de la película también sea un productor de cine arte, no se trata de un film biográfico. El actor Louis-Do de Lencquesaing ha tomado el oficio, la profesión de fe, el aire señorial del fallecido, pero eso es todo. Por lo que el propio actor contó cuando presentó esta película en el reciente Festival de Pinamar, hasta ahí llegan las coincidencias. En todo caso, su parte ayuda a entender bastante la importancia y el carácter de los productores, y el agobio que suelen producir los falsos artistas con sus ínfulas y sus antojos. Hay algunos casos fácilmente reconocibles aquí y en todas partes.
Pero lo que más toca al público general es la segunda mitad de la película, la que imagina la directora y que puede aplicarse en la mayoría de las circunstancias, cuando la mujer es quien debe hacerse cargo de lo que se pueda. No toda la gente es workadicta, ni tampoco está obligada a seguir enteramente las decisiones del ser querido. Se siguen algunas, por respeto, por lealtad, para completar una obra. Y después cada uno va haciendo su camino, o quizás hace el mismo pero de otro modo y con otros tiempos. Además, están las criaturas.
No aparece en el afiche, pero en la película tiene peso la hija adolescente (dicho sea de paso, su intérprete es la propia hija del actor protagonista, lo que da cierto peso incómodo a las escenas de duelo). Y cada criatura tiene derecho a seguir su rumbo, por más que el padre siga presente de algún modo.
En resumen, un asunto bien expuesto, que invita a reflexionar, buenas actuaciones, estilo sin ostentaciones, con dos partes de ritmo diferente, igual que la vida. Pueden hacerse otras objeciones, pero la película deja en el alma un remanente que vale la pena.
P.S.


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