El enfrentamiento en Ucrania, si pudiésemos obviar las tragedia humana, tiene algunas aristas que bordean la farsa. A las sanciones que están imponiendo los EE.UU., la Comunidad Europea (con la reticencia francesa) y ahora Japón, Rusia está respondiendo con sanciones cruzadas que podrían ir desde la prohibición de los vuelos "occidentales" hasta la suspensión de las importaciones de pollos congelados. Farsa porque quienes más pierden con estas medidas son los propios integrantes de los países sancionadores. Un ejemplo es la caída del 5% de las acciones Aeroflot, que dejaría de percibir u$s 300 millones al año por la suspensión del uso de rutas por las aerolíneas foráneas (esperemos que esto no sea un prolegómeno del cierre de la economía global, como vimos en 1930, 1914 y 1942). Esta es una de las tantas razones que explican que en una encuesta conocida ayer, sin importarles los números de la macroeconomía, el 75% de los norteamericanos creen que la generación de sus hijos no tendrá mejor vida que la que ellos tuvieron; el 71% que el país está en la senda equivocada (8 puntos más que en junio), un 70% que la culpa la tienen más los políticos que la economía; y el 60% que el país está en una senda declinante (el presidente Obama tiene una imagen negativa del 54% y positiva del 40%). Avanzando un 0,08% a 16.443,34 puntos (0,8% abajo en el año), la de ayer fue la quinta suba del Dow en las últimas quince ruedas. Esto no dice mucho, pero si tenemos en cuenta que en promedio las subas han rondado el 0,35% y las mermas el 0,59%, con un volumen casi un 11% mayor cuando tuvimos caídas de precios, se entiende que hay quienes pueden sospechar que entramos en un "bear market" o mercado bajista (como no nos cansamos de repetir, no tenemos la más mínima idea de qué sucederá). Más allá de las tensiones geopolíticas ayer se sumaron complicaciones en el frente corporativo (Time Warner-21st Century Fox; Sprint-TMobile, etc.) y algunos balances desilusionantes como el de Groupon, por lo que el resultado final casi podría suponerse como un triunfo. La tasa, tras tocar el mínimo de 2014 (el 2,44%) quedó en un 2,47% y el precio del oro repuntó un1,7%. No hay gran confianza.
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