23 de abril 2013 - 00:00

El tercer hombre en la trama iraní seguirá en Viena

Rafael Grossi, diplomático argentino, deja puesto clave en Agencia Internacional de Energía Atómica  con sede  en Viena, y asume embajada en Austria. Seguirá interviniendo en tratado con Irán por AMIA y en los asuntos nucleares.
Rafael Grossi, diplomático argentino, deja puesto clave en Agencia Internacional de Energía Atómica con sede en Viena, y asume embajada en Austria. Seguirá interviniendo en tratado con Irán por AMIA y en los asuntos nucleares.
El diplomático argentino Rafael Grossi, considerado por el Gobierno como uno de los principales expertos en los temas de energía atómica e Irán, renunció al cargo que tenía en la Agencia Internacional de Energía Atómica con sede en Viena, Austria, para hacerse cargo de la embajada en ese país, que le concedió la semana anterior el plácet. Grossi pertenece a la carrera diplomática con el rango de embajador, pero estaba de licencia desde hace algunos años para ejercer la dirección adjunta de la AIEA, función para la que había sido propuesto por la Argentina. Desde ese cargo Grossi tuvo una activa participación en las negociaciones de esa agencia y de países de Occidente para que Irán abriese las puertas a inspectores para que examinasen el desarrollo del polémico plan para construir armas nucleares en ese país.

Grossi no se desentenderá de esas cuestiones porque, apenas asuma la embajada en Viena, el Gobierno lo designará representante argentino ante la AIEA, y llevará adelante la posición del país frente al tema nuclear en general y de Irán en particular.

En la agenda externa del Gobierno, el tema nuclear tiene una importancia primordial porque la Argentina es uno de los pocos países que ha alcanzado un alto desarrollo en la materia y porque los gobiernos peronistas, desde 1989, se han alineado detrás de los Estados Unidos en la defensa de desarrollos pacíficos, a favor de la no-proliferación de armas basadas en esa tecnología y con críticas a los países que han querido apartarse de esa línea.

Eso ha sido destacado por los Estados Unidos al invitar a la Argentina a participar de la Cumbre Nuclear Global en Washington. Ese viaje, destacado por Cristina de Kirchner como uno de los más importantes de su gestión, incluyó zalemas y sombrerazos con Barack Obama. En esa oportunidad, el Gobierno designó como "sherpa" de la reunión a la diplomática Elsa Kelly, otra experta en temas nucleares y que además ha sido diputada nacional por la UCR de la Capital Federal.

Grossi pertenece a la generación dorada de diplomáticos que el Gobierno quiere promover a altas funciones. Pertenece a la camada 19ª de egresados del Instituto del Servicio Exterior, a la que pertenecen el futuro embajador en Angola, Julio Lascano, y el director del ISERN, Juan Valle Raleigh, quien acompañará hoy junto con Timerman a Cristina de Kirchner en el acto de entrega de los diplomas a los egresados en diciembre pasado. Su mujer es funcionaria en la embajada de Viena que él ejercerá.

Su designación es parte de un proceso de renovación de la diplomacia con la promoción de profesionales jóvenes que están siendo nombrados en cargos de embajadores. No es seguro que anuncie hoy la Presidente la firma del decreto que elimina el tope de 25 para los cargos de embajadores políticos que había impuesto la administración Menem. Sería una señal negativa para esa generación dorada que parece más identificada con el peronismo que la de los dinosaurios de la diplomacia que han estado más cerca del radicalismo.

Las agencias internacionales que informaron ayer de la renuncia de Grossi manifestaron sorpresa, aunque debían haber reparado en el plácet otorgado por Austria para su vuelta al escalafón de la casa como representante ante ese país. Vincularon, además, el gesto con el fracaso de las negociaciones de la AIEA ante Irán para permitir el ingreso de inspectores de las instalaciones nucleares que, ese país insiste, tienen propósito pacífico.

La salida, sin embargo, está relacionada con la rutina de cambios en la cúpula de la AIEA. El actual director de ese organismo, el japonés Yukiya Amano, fue reelecto el mes pasado para un segundo mandato de cuatro años, que comenzará en diciembre próximo. También deja su cargo el inspector jefe de la AIEA que condujo junto a Grossi las misiones a Irán, el belga Herman Nackaerts, a quien reemplazará el finlandés Tero Varjoranta.

Este minué de designaciones no cambiará el rol que le tiene confiado el Gobierno a Grossi, quien ha actuado con discreción en tareas encargadas por Buenos Aires en esa tierra novelesca y de espías que es Viena, en donde animó Graham Greene una de las historias tópicas de ese género, "El tercer hombre".

Grossi
es efectivamente el tercer hombre en la trama del tratado firmado con Irán para hacer avanzar las investigaciones sobre ciudadanos de ese país; los otros son Héctor Timerman y el canciller iraní Ali Akbar Salehi, quien de paso también es un experto en asuntos nucleares. Para ese acuerdo Grossi ha cumplido funciones sigilosas de apoyo a las reuniones de Timerman y Akbar en Nueva York y en Zurich, previas a la firma de ese acuerdo. También actuó en un tramo del procedimiento para asegurar que la Interpol dispusiese y mantuviese las alertas rojas para la eventual detención de los iraníes acusados de actuar en el abominable atentado a la AMIA. Esas gestiones las realizó en Marruecos, en el curso de una cumbre de la Interpol en ese país.

Grossi tendrá más trabajo en el seguimiento de esos dos temas en lo que dicen es experto (Irán y nucleares), que en la atención de la legación ante Austria, un destino más bien manso y que suma la atención de otras oficinas internacionales con sede en Viena. Pasa de ser un burócrata de la AIEA a accionar como representante de la Argentina ante el organismo después de ser un ariete de Occidente en reclamo de más transparencia al Gobierno de Mahmud Ahmadineyad, en el momento más delicado del acuerdo con la Argentina. El presidente de Irán, que firma ese acuerdo, deja la presidencia después de las elecciones de junio próximo, en donde están anotados como candidatos algunos de los acusados por participar en el atentado. El Gobierno presume que, con un nuevo presidente, el avance del acuerdo, que todavía no ha sido aprobado por el Congreso de Irán, será más difícil. Por eso le pone prisa y hasta plazo fijo a la espera de una respuesta de Teherán. Ya festejó Buenos Aires las expresiones del juez que tiene a su cargo la causa, Rodolfo Canicoba Corral, quien dijo que ese acuerdo beneficia mucho a la causa porque le permitirá tomar declaraciones indagatorias según la ley argentina, ya que la legislación iraní no prevé esos procedimientos. El Gobierno ha pagado un costo político alto por firmar el tratado con Irán. Le costó la buena relación con las entidades que representan a la comunidad judeo-argentina y lo separó más de la oposición en un punto -el atentado AMIA- en el cual no tenían diferencias. El Gobierno ha sostenido que su propósito es esclarecer la verdad sobre el atentado que honre a las víctimas de la atrocidad de 1994 y que debe hacerse con el debido proceso, fuera en Irán -una quimera-, en Buenos Aires -otro imposible porque la ley argentina no permite los juicios en ausencia- o en un tercer país, como propuso ante la Asamblea de la ONU y al Gobierno de Irán. Ha negado que haya detrás un interés comercial a nivel país y también ha acusado a quienes insisten en que ya está probada la culpabilidad de los iraníes y no quieren que haya un juicio.

Pese a este paquete de argumentos, el Gobierno igual ha quedado aislado en el frente doméstico, pero celebra que la firma del tratado ha sido consentida por los Estados Unidos. Creen que es una manera de apoyarlo. Si Washington negocia con Irán, dicen hacia afuera, no puede negársenos la venia para hacerlo nosotros.

El Gobierno actúa, sin embargo, como si ya le hubiera puesto una fecha final a la espera de que el tratado prospere. "Tenemos una fecha en la cabeza, pero no la vamos a revelar", admiten funcionarios familiarizados con este caso. Esa fecha, seguramente, es septiembre, cuando Cristina de Kirchner diga su discurso ante la Asamblea General de la ONU. La Casa Rosada no ha confirmado aún ese viaje tópico de los Kirchner a Nueva York para aprovecharse de la visibilidad internacional de ese escenario. Durante varios años los Kirchner reclamaron que Irán colaborase desde el atrio de la ONU; también anunciaron allí que se estudiaba el juicio en un tercer país y que se estaba en busca de algún acuerdo. Si Irán no aprueba el tratado para esa fecha, o si con el tratado no permite que avancen las investigaciones, el Gobierno usará el argumento de que están hartos de la espera, que le dieron a ese país todas las oportunidades, pero que los iraníes actuaron de mala fe -escenario que ha admitido el propio Timerman cuando defendió el acuerdo en el Congreso- y que sus críticos tenían razón. Será en las vísperas de las elecciones del 27 de octubre, una oportunidad para buscar la reconciliación con quienes hasta ahora los han criticado, y qué mejor escenario que la Asamblea de la ONU.

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