La cuenta de twitter del ministro de Transporte Guillermo Dietrich (@Guillodietrich) acusa aproximadamente 24.500 tweets, desde su creación. La red social -por lejos, una de las preferidas por los políticos y funcionarios en actividad- tiene una opción de búsqueda avanzada. Pueden allí rastrearse algunos términos, por rango de fechas, de una cuenta en particular. El ministro es socialmente muy activo. Él personalmente, o quien le administre la cuenta, promedia los 8,8 mensajes por día.
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Ni una sola mención a tres palabras clave buscadas en su cuenta: hidrovía, fluvial y marítimo. Dietrich tiene un perfil comunicacional alto. Últimamente, está dando varias entrevistas. En una de las últimas, publicadas en este diario la semana pasada, se repitió el mismo patrón: ningún tipo de declaración respecto del transporte por agua.
Sería una conclusión apresurada decir que el ministro no tiene en agenda al transporte fluvial y marítimo con sólo analizar el contenido de sus mensajes. Pero es un dato objetivo que el transporte por agua -que está bajo su cartera tanto como el aéreo, el terrestre y el ferroviario- no figura en sus comunicaciones.
Si hay una necesidad de refrendar la gestión comunicando -a través de la herramienta que ya consagró la administración más autocrática de las últimas décadas en el país- es por lo menos llamativo la total ausencia de referencias a la política marítima y fluvial del país por parte de su máxima autoridad. ¿Qué otra conclusión puede obtenerse de este silencio u omisión en la materia? ¿Que no hay gestión para mostrar allí? ¿Qué no hay avances significativos que merezcan apostarlos al rédito político? ¿Que no hay obras de envergadura? ¿Que no hay impacto directo de la gestión que allí se hace en los consumidores, productores, industriales? ¿No hay fotos? ¿No tienen desde el área nada para acercarle de valor comunicacional?
Reconocen varios políticos que, desde la irrupción de las redes sociales, encontraron allí el medio menos susceptible al filtro y edición de sus mensajes. Pueden hablarle a través de las redes directamente a la gente. Sin la intermediación periodística. Sin que la agenda editorial decida por ellos qué mensaje llega, cómo y cuándo. Librados de ese yugo comunicacional, también quedan más expuestos.
Es correcto que el ministro y su equipo actualicen a diario el avance de las reactivadas obras viales, la descarga de vagones para refuncionalizar ramales y todo lo vinculado al transporte de pasajeros. Pero el transporte por agua sigue siendo, medido en tonelada/kilómetro recorrido, el más barato de todos. El menos contaminante de todos. El más eficiente en largas distancias y grandes volúmenes. Sólo el ministro y su equipo saben qué tabú pesa sobre el agua. Y por qué de eso no se habla.
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