El volumen no acompañó

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En consonancia con el buen humor bursátil del resto del globo (el Promedio Dow subió 1,87%), el S&P Merval trepó ayer 2,23% a 88.287,43 puntos lo que haría de este, de no mediar una caída hacia fin del mes (diciembre ya gana 11,3%, la suba histórica media promedio es 15,6%), el mejor año para la inversión bursátil por lo menos desde 2017 y el segundo mejor desde 2009 (en pesos y dólares), más posiblemente como rebote al derrumbe 2018-20 que como una verdadera suba. El operado en acciones se redujo a $1.459 millones, el menor en lo que va del mes (y 28% arriba del diario 2021), distribuido entre 44 alzas, 4 sociedades sin cambio y 15 en baja. Con el dólar libre retrocediendo 0,75% a $199 y la tasa de riesgo país 2% a 1.745 puntos básicos, los principales ADR, con 19 alzas, frente a 1 baja y un sin cambio, sumaron en promedio 2,98%, en tanto en Cedear, se tranzaron $3.993 millones (69% arriba del diario). Pasando a lo que nos viene ocupando, lo que explica para Weber la preeminencia europea sobre el resto del mundo, es que si bien casi todas las condiciones básicas para la aparición del capitalismo se habían dado en China e India (largos períodos de paz, control de los ríos, crecimiento poblacional, libertad para adquirir tierras, escoger ocupación o mudarse), la religión había frenado su aparición. Para él, el confucianismo y el protestantismo son formas de pensamiento racional mutuamente excluyentes, ambas intentando prescribir una forma de vida basada en un dogma religioso, alentando la mesura y el autocontrol como medios para alcanzar una meta final, sin oponerse a la acumulación de riquezas. Pero mientras para el confucionismo la meta es alcanzar una “posición de status cultural”, para los protestantes es crear personas que sirvan como “herramientas de Dios”. Así, aunque la búsqueda activa y explicita de la riqueza no está vedada para los seguidores de Confucio, es algo de “mal gusto”. Los protestantes en cambio -para Weber-, son gente de creencias intensas, entusiasmados con el actuar, trabajando activamente para acumular riquezas. Serían estas diferencias de mentalidad y actitudes sociales (enmarcadas dentro de las respectivas religiones dominantes), lo que hicieron que el capitalismo se desarrollara solo en Occidente y lo que haría de la nor-europea la única sociedad enteramente racional (“Introducción del Autor”, “La ética protestante….”). Con sus variantes, para la sociología y la filosofía occidental, esta ha sido la visión predominante desde el siglo XX.

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